Por Ricardo Sánchez Serra
La política exterior y las decisiones de defensa nacional no son un juego. El Perú, como Estado soberano, tiene la obligación de honrar su palabra y cumplir los compromisos asumidos con otros países. La reciente actitud del presidente encargado José María Balcázar, al postergar la firma del contrato para la compra de los aviones de combate F-16 Block 70, constituye un acto de irresponsabilidad que daña gravemente la imagen del país en el exterior.
Una palabra incumplida
El embajador de Estados Unidos en Lima, Bernie Navarro, fue categórico: “Si negocian de mala fe con Estados Unidos y socavan los intereses estadounidenses, tenga la certeza de que como representante de la administración Trump utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger y promover la prosperidad y la seguridad de nuestro país y la región”. Una declaración contundente, que muchos interpretan como advertencia, y que refleja la gravedad de incumplir compromisos internacionales.
El Perú había aprobado 3.500 millones de dólares para la adquisición de 24 aviones de combate. Tras un proceso técnico y transparente, con participación de la Agencia de Compras de las Fuerzas Armadas y la Contraloría, se evaluaron tres postores: los F-16 Block 70 de Estados Unidos, los Gripen de Suecia y los Rafale de Francia. En la Fuerza Aérea -y las FFAA en general y la PNP- existían dos escuelas históricas: la rusa, con más de 80 helicópteros y otras aeronaves en servicio, y la francesa, con oficiales que preferían el Rafale como sucesor natural de los Mirage. Ahora también se ha integrado la coreana e italiana. Sin embargo, tras superar objeciones y evaluaciones, la mejor opinión técnica se inclinó por los F-16.
Balcázar ha intentado justificar su irresponsabilidad diciendo que, como presidente transitorio, corresponde al nuevo gobierno que inicia en julio tomar la decisión final. A primera vista podría parecer razonable, pero es un argumento falaz: la compra de los aviones no es política, sino técnica. Los estudios ya estaban concluidos, las evaluaciones superadas y la decisión tomada. El contrato debía firmarse sin más dilación. Un presidente encargado no puede patear hacia adelante una decisión técnica que compromete la seguridad nacional y la credibilidad internacional del Perú.
La elección de los F-16 respondía además a criterios de interoperabilidad regional: Chile, Argentina y próximamente Ecuador y Colombia operan F-16. La lógica es clara: que ningún país de la región se enfrente con esta clase de aviones entre sí, garantizando estabilidad y paz.
El costo de la irresponsabilidad
Las relaciones con Estados Unidos habían alcanzado un nivel histórico: el Perú fue declarado aliado principal no-OTAN, se proyectaba instalar una en el norte del país y se planificaba una nueva base naval en el Callao. Todo ello se ve ahora amenazado por la falta de seriedad del presidente encargado, cuya ideología izquierdista nubla su juicio y compromete el prestigio nacional.
No se puede faltar a la palabra frente a Estados Unidos ni frente a ningún país del mundo. La diplomacia exige responsabilidad, previsión y respeto. Lo que Balcázar ha hecho es un incumplimiento de palabra, y eso es gravísimo en las relaciones internacionales. El Perú no puede exponerse a que la ira del presidente Donald Trump recaiga sobre nuestra nación por culpa de un mandatario demostradamente inepto que ha puesto en riesgo la confianza bilateral.
“En política internacional, la confianza es más difícil de ganar que la victoria militar”, sostenía Charles de Gaulle. “La diplomacia es elegir con precisión las batallas que un país no puede darse el lujo de perder”, sustentaba el genial Henry Kissinger
Estas frases resumen la magnitud del error: el Perú no solo ha debilitado su credibilidad, sino que ha puesto en riesgo su seguridad y su prestigio.
El Perú no puede darse el lujo de aparecer como un socio poco confiable. La irresponsabilidad del presidente encargado no solo afecta la relación con Estados Unidos, sino que proyecta al mundo la imagen de un país que no honra sus compromisos. Esa percepción mina la credibilidad internacional y puede tener consecuencias económicas, políticas y estratégicas.
El presidente Balcázar ha actuado con ligereza en un tema que compromete la seguridad nacional y la política exterior del Perú. Su decisión de postergar la compra de los F-16 Block 70 es un error que daña la imagen del país y pone en riesgo relaciones estratégicas de largo plazo.
El Perú merece ser respetado y considerado un socio serio. Para ello, sus gobernantes deben comprender que la palabra de un Estado no se negocia ni se posterga. La irresponsabilidad de Balcázar pasará a la historia como un acto que debilitó la confianza internacional en el Perú y comprometió su prestigio en el concierto de las naciones. Que la ira del presidente Trump no recaiga sobre nuestra patria por culpa de un mandatario inepto que ha puesto en riesgo la credibilidad nacional. Todavía está a tiempo de rectificar su error, antes de que el daño sea irreversible.



