13 de agosto de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ricardo Sánchez Serra / ¿Hacia dónde va el canciller Espá?

Ricardo Sánchez Serra

La política exterior de un país no se improvisa. Responde a una visión estratégica definida por el jefe del Estado y ejecutada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, institución llamada a defender los intereses nacionales mediante la diplomacia, el diálogo y el respeto al derecho internacional.

En el Perú, la conducción de la política exterior corresponde a la presidenta Keiko Fujimori. Sin embargo, su ejecución recae en el canciller Carlos Espá, quien ha asumido la responsabilidad de traducir en acciones concretas los lineamientos estratégicos del nuevo gobierno.

Durante la ceremonia por el 205.° aniversario del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Día del Diplomático, celebrada en el Palacio de Torre Tagle, Espá destacó que el prestigio de la diplomacia peruana es el resultado del trabajo serio, técnico y perseverante de generaciones de diplomáticos. Más que un discurso conmemorativo, sus palabras reflejaron una visión que apuesta por el fortalecimiento institucional y por una política exterior basada en el profesionalismo.

Uno de los primeros desafíos que debió afrontar fue el caso de la ex primera ministra Betsy Chávez. La concesión del salvoconducto para su traslado a México generó un intenso debate político. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico, la situación está claramente regulada por la Convención sobre Asilo Diplomático de Caracas de 1954.

El tratado establece que corresponde al Estado asilante calificar la naturaleza del asilo. En este caso, la decisión fue adoptada por México. El Perú, como Estado respetuoso del derecho internacional y de los tratados suscritos, estaba obligado a cumplir con sus disposiciones.

Ello no significa que el Estado peruano haya renunciado a defender sus intereses. Si considera que se han vulnerado los términos de la Convención, existen mecanismos jurídicos internacionales que podrían activarse, incluida la posibilidad de acudir a la Corte Internacional de Justicia.

Otro aspecto importante es la participación del Perú en el denominado Escudo de las Américas, iniciativa orientada a fortalecer la cooperación regional frente al crimen organizado transnacional, el narcotráfico, el tráfico ilícito de armas y otras amenazas que afectan la seguridad continental. La incorporación del país a este mecanismo refleja la necesidad de construir alianzas internacionales más sólidas frente a desafíos que ningún Estado puede enfrentar de manera aislada.

En el ámbito bilateral, uno de los temas que merece una atención especial es el fortalecimiento de las relaciones con Marruecos, una voluntad política que la propia presidenta Keiko Fujimori ha expresado públicamente. Corresponderá ahora a la Cancillería traducir esa decisión en una política exterior concreta y formalizar el pronunciamiento peruano en favor del plan de autonomía para las provincias del sur, de conformidad con el marco establecido por las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta decisión podría abrir una nueva etapa en los vínculos entre ambos países.

Durante demasiado tiempo, el Perú no ha otorgado a Marruecos la importancia geopolítica que merece. El reino magrebí se ha consolidado como una de las principales plataformas económicas y logísticas entre Europa, África y el mundo árabe. Además, posee una notable capacidad de influencia en los organismos internacionales gracias a sus estrechos vínculos con numerosos países africanos y árabes. Fortalecer esta relación no solo tendría un significado político, sino también económico, comercial y estratégico para el Perú.

La reapertura de la embajada peruana en Bakú constituye otra decisión que debería evaluarse con seriedad. Azerbaiyán ocupa una posición estratégica en el Cáucaso y representa un importante centro energético y comercial. Los recientes anuncios de inversiones azeríes en el Perú demuestran que existe un amplio margen para el fortalecimiento de la cooperación bilateral.

Las relaciones con Chile también deberían ocupar un lugar prioritario. Una eventual visita -la primera de su gestión- oficial de la presidenta Fujimori a Santiago constituiría un gesto de confianza política y un reconocimiento a la importancia estratégica de un país con el que el Perú mantiene una intensa relación económica, comercial y cultural.

La relación con Brasil merece igualmente una atención preferente. Compartimos una extensa frontera amazónica y numerosos intereses comunes. Las diferencias políticas que puedan existir entre otros gobiernos de la región no deberían afectar una relación bilateral que responde a intereses permanentes.

En cuanto a las grandes potencias, el Perú debe mantener una política exterior equilibrada, evitando involucrarse en disputas que no responden a los intereses nacionales. La diplomacia peruana siempre se ha caracterizado por su capacidad para construir puentes y mantener canales de diálogo con todos los actores internacionales.

Otro asunto particularmente delicado es el de los ciudadanos peruanos que participaron en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Más allá del componente humanitario, es necesario actuar con prudencia. Muchos de ellos viajaron voluntariamente, impulsados por circunstancias económicas y personales. La prioridad del Estado debe ser proteger a sus ciudadanos, pero también recordar que la participación en conflictos armados extranjeros implica responsabilidades individuales.

Sin embargo, algunos de los mayores desafíos del canciller se encuentran dentro de la propia institución.

Todos los años surgen cuestionamientos sobre los procesos de ascenso en el Servicio Diplomático. No se trata de escándalos vinculados con actos de corrupción, como ocurre en otras instituciones del Estado, sino de críticas relacionadas con el excesivo peso que se otorga a determinados criterios de evaluación, especialmente a la entrevista personal.

Sería conveniente revisar el sistema para garantizar que los ascensos respondan, fundamentalmente, al mérito profesional, al conocimiento, a la experiencia y a la capacidad intelectual. El modelo aplicado en instituciones como la Marina de Guerra podría ofrecer una referencia interesante. La entrevista personal debería representar un porcentaje reducido del puntaje total, quizás alrededor del 0,2, evitando que un criterio subjetivo termine siendo decisivo frente a otros factores objetivos.

La Academia Diplomática del Perú también merece una atención especial. La incorporación como docentes o conferencistas de personalidades como los excancilleres Francisco Tudela y Miguel Ángel Rodríguez Mackay, así como de especialistas de reconocido prestigio internacional, como Francesco Tucci o Sebastien Adins, contribuiría a fortalecer la formación de las futuras generaciones de diplomáticos y a consolidar el prestigio académico de la institución.

El propio vicecanciller, Eric Anderson, recordó recientemente que la política exterior tiene un profundo sentido humano. La afirmación resulta particularmente acertada. La diplomacia no se limita a las negociaciones internacionales o a la firma de acuerdos. También significa proteger a los peruanos en el exterior, promover oportunidades para nuestras empresas y proyectar la imagen del país en el mundo.

¿Hacia dónde va el canciller Espá?

La respuesta parece encontrarse en sus propias declaraciones: hacia una diplomacia profesional, técnica, moderna y respetuosa del derecho internacional.

Los próximos años serán decisivos. El Perú necesita una política exterior capaz de identificar oportunidades, fortalecer alianzas estratégicas y defender los intereses nacionales en un escenario internacional cada vez más complejo.

La Cancillería peruana posee la experiencia, el prestigio y el capital humano necesarios para lograrlo. Corresponderá ahora al canciller Carlos Espá convertir esa visión en una política de Estado que permita al Perú ocupar el lugar que le corresponde en el mundo. Continuaremos…

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