La residencia espiritual del Ramadán se hizo presente en Lima en una velada que trascendió lo religioso para convertirse en un acto de encuentro humano. El Movimiento Hizmet convocó a representantes de distintas comunidades, intelectuales y amigos para compartir el Iftar, la cena que rompe el ayuno tras una jornada de reflexión y disciplina. No fue simplemente una comida: fue un símbolo de fe, gratitud y fraternidad.
El Ramadán nos recuerda que dominar los deseos es descubrir la libertad interior; que compartir el pan es descubrir la solidaridad; y que abrir la mesa a otros es descubrir que la humanidad es una sola familia. Esa enseñanza se hizo tangible en la diversidad de los asistentes: personas de distintas religiones y culturas reunidas en un mismo espacio.
La palabra Hizmet significa servicio. Servicio al prójimo, a la sociedad, a la humanidad. Lo notable es que no exige pertenencia a una religión específica: basta con tener un corazón dispuesto a servir. Sus tres pilares -educación, diálogo y ayuda humanitaria- son sencillos en apariencia, pero transformadores en esencia. Educar para vencer la ignorancia, dialogar para derribar prejuicios y ayudar para aliviar el sufrimiento humano.
Detrás de esta visión se encuentra la inspiración de Efendi Fetullah Gülen, maestro espiritual que partió hace poco más de un año, pero cuyo legado sigue vivo. Sus libros y el movimiento Hizmet son semillas de sabiduría que florecen en escuelas, universidades y proyectos humanitarios en todo el mundo. Gülen enseñaba que los grandes enemigos de la humanidad son la ignorancia, la pobreza y la división, y que la mejor herramienta para enfrentarlos es la educación.
Hizmet no es ideología ni poder: es vocación de vida. Es un Islam que dialoga, que sirve, que construye puentes entre culturas. En tiempos de intolerancia y xenofobia, este movimiento se erige como uno de los más pacíficos del mundo islámico, dedicado al conocimiento y al servicio.
El diálogo interreligioso es uno de sus pilares más importantes. La convicción de que las religiones no deben enfrentarse, sino encontrarse, escucharse y aprender unas de otras. Imaginar un mundo donde las religiones dialoguen más y se enfrenten menos es imaginar un mundo con menos guerras y más cooperación.
Las escuelas inspiradas en Hizmet han formado generaciones de jóvenes con valores y espíritu de servicio. Testimonios como el de una azerbaiyana, que reconoció haber sido formada en una escuela Hizmet, confirman que la educación no solo transmite conocimiento: forma personas.
Por ello, la invitación lanzada en Lima fue clara: traer esa experiencia educativa al Perú, construir escuelas y universidades que transmitan valores y oportunidades. Porque nuestro país necesita educación con espíritu de servicio, educación para la paz.
El encuentro también fue un espacio para reconocer a los miembros del movimiento que llegaron al Perú como refugiados, perseguidos y exiliados, pero que trajeron consigo luz en el corazón, disciplina y generosidad, decencia y docencia. Su ejemplo reafirma que servir al prójimo es una de las formas más elevadas de amar.
La historia enseña que la persecución puede intentar apagar una llama, pero nunca puede apagar una verdad. Como decía Gülen: “La opresión puede oscurecer el cielo, pero no puede apagar sus estrellas.” Esa noche, en Lima, esas estrellas brillaron en forma de solidaridad y esperanza.
El Iftar es más que un rito religioso: es un recordatorio de que la fe se convierte en esperanza, la esperanza en paz y la paz en futuro para la humanidad. Como enseñaba Gülen: “El verdadero creyente es como la lluvia: donde cae, da vida.”
El legado de Efendi Gülen sigue regando el mundo con esperanza. Y en Lima, al compartir el Iftar, se renovó el compromiso de servir a la humanidad, tender puentes entre culturas y sembrar luz donde haya oscuridad.




