23 de julio de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ricardo Sánchez Serra / Keiko Fujimori frente a una nueva oportunidad: elecciones decisivas en Perú

Ricardo Sánchez Serra

Este domingo, el Perú vivió una jornada electoral crucial con la segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori, por Fuerza Popular, candidata de centro-derecha, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, candidato de ultraizquierda. Aunque los sondeos previos mostraban un margen estrecho, las encuestas posicionaban a Fujimori como favorita, abriendo así una gran oportunidad para que ella asuma el mando del país.

La tarea inmediata es clara: cuidar los votos y garantizar elecciones limpias. Se ha observado que los personeros de Juntos por el Perú actuaron como si hubieran recibido la orden de malograr o marcar votos especialmente en Lima, donde el caudal de Keiko es mayor. Los casos repetidos en distintos puntos de la capital muestran un patrón que debe ser investigado y sancionado. La ONPE, el Jurado Nacional de Elecciones y la Fiscalía tienen la obligación de actuar con firmeza para evitar que estas prácticas empañen la voluntad popular.

Keiko Fujimori ha prometido un gobierno de orden, limpieza y estabilidad, comprometiéndose a respetar el mandato de cinco años. Su plan incluye:

  • Seguridad ciudadana con equipos especializados.
  • Apoyo a la micro y pequeña empresa, motor de la economía nacional.
  • Inversión en infraestructura y agricultura, para cerrar brechas entre costa, sierra y selva.
  • Educación de calidad, que permita a los peruanos comprender mejor las propuestas y no dejarse engañar por discursos populistas.

En este contexto, es necesario subrayar que Fuerza Popular es el único partido organizado y estructurado del país, con cuadros técnicos y experiencia política, mientras que Juntos por el Perú no es más que un conglomerado de izquierdas marcado por intereses, egoísmos y vanidades. Esa diferencia es clave: mientras Keiko ofrece institucionalidad y equipo, Sánchez improvisa y cambia su plan de gobierno entre la primera y la segunda vuelta, mostrando oscurantismo y falta de rumbo.

Sus propuestas evocan experiencias autoritarias en la región, como Venezuela, Nicaragua o Bolivia, donde la democracia fue debilitada por proyectos constituyentes que se colocaron por encima del Congreso. La historia enseña que los pueblos que confían en partidos sólidos avanzan; los que se entregan a improvisaciones retroceden.

Los peruanos debemos estar tranquilos con el accionar de Fujimori, pero también alertas: en caso de un eventual triunfo suyo, podrían surgir manifestaciones de sectores radicales, como ha ocurrido en Bolivia, buscando desestabilizar la democracia. La respuesta debe ser firme, con respeto a la ley y a las libertades, pero sin permitir que se socave la institucionalidad.

El mapa electoral muestra un Perú dividido entre norte y sur, costa y sierra. El nuevo gobierno deberá enfrentar esta realidad con justicia, inversión y educación, para que las poblaciones no se dejen engañar por discursos populistas. La inclusión y el desarrollo equilibrado son claves para cerrar brechas históricas.

Los candidatos y líderes que apoyaron a Keiko debieron ser explícitos y didácticos en sus mensajes. No bastó con insinuar o dar a entender: en un país con graves problemas de comprensión lectora, es necesario hablar con claridad, explicar con ejemplos y transmitir confianza. Solo así se hubiera logrado que el mensaje llegue a todos los electores.

Se espera que los observadores internacionales, en especial la misión de Estados Unidos, estén atentos para garantizar una elección limpia. En la primera vuelta, la actuación de la Unión Europea dejó mucho que desear, por lo que ahora la vigilancia debe ser más estricta y efectiva.

Keiko Fujimori llega a esta segunda vuelta con la experiencia de tres intentos previos. Como ocurrió con líderes como François Mitterrand en Francia, Andrés Manuel López Obrador en México y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, la perseverancia puede finalmente abrirle las puertas de la presidencia.

El Perú se encuentra en un momento decisivo. La ciudadanía ha hablado en las urnas y ahora corresponde defender cada voto con firmeza. Keiko Fujimori representa la posibilidad de un país que apuesta por la democracia, la estabilidad y el desarrollo.

Y en este instante histórico, es justo rendir homenaje a su padre, Alberto Fujimori, a quien el Perú debe estar agradecido por toda la vida. Los historiadores consignarán que fue él quien enrumbó la economía, derrotó al terrorismo, firmó la paz con Ecuador y reinsertó al Perú en el mundo, además de preocuparse por los más pobres construyendo pistas, veredas, hospitales y colegios. Su legado es indeleble y constituye la base sobre la cual hoy se levanta la esperanza de millones de peruanos.

Si la historia se repite, como con Mitterrand, AMLO o Lula, la cuarta será la vencida. Y ese día quedará grabado como el inicio de una nueva etapa: un Perú que, tras años de incertidumbre, eligió caminar hacia adelante con esperanza, gratitud y confianza en su futuro.

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