26 de marzo de 2026

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Por Ricardo Sánchez Serra / Perú SAT-1: Un ojo en el cielo para el desarrollo nacional

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Ricardo Sánchez Serra

En el Perú solemos confundir la crítica política con el desprecio a los logros de Estado. El satélite Perú SAT-1, adquirido durante la gestión de un controvertido premier, ha sido blanco de ataques por rivalidades partidarias y odios personales. Sin embargo, este satélite no pertenece a un político: pertenece al Perú. Y su aporte al desarrollo nacional es incuestionable.

Antes de contar con el Perú SAT-1, las Fuerzas Armadas y diversas instituciones debían comprar imágenes satelitales a proveedores extranjeros. Cada fotografía podía costar entre 5.000 y 25.000 dólares, y en ocasiones distintas entidades adquirían las mismas imágenes, duplicando gastos. Con el Perú SAT-1, el país dejó de depender de terceros y ganó soberanía tecnológica: ahora producimos nuestras propias imágenes, con acceso inmediato y gratuito.

He tenido la oportunidad de conocer de cerca las bondades de este satélite al trabajar en la Agencia Espacial del Perú (CONIDA) en años pasados, siempre luchando contra la desinformación y defendiendo la verdad sobre su utilidad. Por ello puedo afirmar que el Perú SAT-1 es una herramienta estratégica que ha transformado silenciosamente la gestión del Estado.

Aplicaciones estratégicas

El satélite ha demostrado ser un instrumento transversal en el quehacer nacional: seguridad y defensa, con vigilancia de fronteras y monitoreo de actividades ilegales; gracias a sus imágenes se identificaron rutas clandestinas de ingreso al país y hasta se descubrió una célula terrorista de las FARC en la selva peruana; también permitió detectar el robo de petróleo en el oleoducto del norte, al registrar el calor de las cocinas donde se refinaba el combustible y alertar a la policía.

En la lucha contra la deforestación y la minería ilegal, sus registros han evidenciado la depredación de la Amazonía y las plantaciones ilícitas. En la gestión de desastres naturales, ha sido vital para anticipar inundaciones, huaicos, terremotos e incendios forestales; con software especializado se identificó la acumulación de agua en los cerros y se instalaron mallas para prevenir deslizamientos, además de prever desbordes de ríos y reducir daños. En agricultura y pesca, ha optimizado el uso del agua, controlado plagas y monitoreado la productividad pesquera. En educación y ciencia, ha formado especialistas peruanos en tecnología espacial, abriendo camino a nuevas generaciones.

El Perú SAT-1 no solo es un símbolo de soberanía tecnológica, sino también el reflejo del esfuerzo silencioso de la Agencia Espacial del Perú – CONIDA, cuya dirección responsable y técnicos altamente calificados han sabido administrar con eficiencia cada recurso, prolongando la vida útil del satélite más allá de lo previsto. Los científicos de la institución aprovecharon al máximo todos los atributos del satélite, aplicándolos en seguridad, defensa, gestión ambiental, agricultura, pesca, educación y ciencia, demostrando que la tecnología espacial puede ser transversal y decisiva para el desarrollo nacional. Gracias a esa labor, el país ha contado con un ojo en el cielo que ha servido de manera integral para proteger la soberanía, impulsar la investigación y afirmar la dignidad tecnológica del Perú frente a la desinformación y el prejuicio.

Hoy el reto es mayor: no podemos esperar al último momento para reemplazarlo. El Perú necesita con urgencia un Perú SAT-2, con capacidades de radar, y un satélite de telecomunicaciones que interconecte todo el territorio nacional, fortaleciendo la educación, la seguridad y la investigación científica. Criticar este programa por rivalidades políticas o por desconocimiento es un error que debilita al Estado.

La valentía está en continuar el camino, consolidar un programa espacial sostenible y reconocer que un país que mira al cielo con soberanía tecnológica es un país que se proyecta con dignidad hacia el futuro. La historia recordará a quienes tuvieron el coraje de apostar por la ciencia y la tecnología, y a quienes supieron defender la verdad frente a la desinformación.

(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”

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