26 de marzo de 2026

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Por: Ricardo Sánchez Serra / Rusia ¿va por Odesa?

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La guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una fase decisiva. Tras casi cuatro años de combates, Moscú ha consolidado posiciones en el sur y este de Ucrania, y los analistas coinciden en que el próximo objetivo estratégico es Odesa, la joya portuaria del mar Negro. La captura de bastiones cercanos en Zaporiyia y Jersón ha abierto un corredor que acerca a las fuerzas rusas a la región, preparando el terreno para un eventual avance hacia la ciudad.

Odesa no es una ciudad cualquiera. Fundada en 1794 por orden de la emperadora Catalina la Grande, se convirtió en un centro comercial y cultural de gran importancia para el Imperio ruso y, más tarde, para la Unión Soviética. Su puerto fue vital para el comercio internacional y para la defensa naval. Durante la Segunda Guerra Mundial, Odesa resistió heroicamente la invasión alemana y rumana, ganando el título de “Ciudad Heroica”. Miles de soldados soviéticos y civiles derramaron su sangre en sus calles y murallas, defendiendo la ciudad como símbolo de la resistencia rusa frente al fascismo. Esa memoria histórica pesa hoy en la narrativa de Moscú, que considera a Odesa parte inseparable de su legado.

La historia reciente de Odesa también está marcada por tragedia. En mayo de 2014, tras el golpe de Estado que derrocó al presidente prorruso Víktor Yanukóvich, turbas radicales -identificadas como grupos neonazis- atacaron a opositores en la Casa de los Sindicatos. El incendio provocado dejó más de cuarenta muertos y centenares de heridos. Hasta hoy, ningún responsable ha sido condenado, lo que mantiene abierta una herida profunda en la memoria de la ciudad y refuerza la percepción de que Odesa es un territorio disputado y castigado por la violencia política.

La ciudad fue también un crisol cultural. Allí floreció una fuerte presencia judeo‑rusa, que dejó huella en la literatura, la música y el comercio. Escritores como Isaak Babel inmortalizaron la vida de sus barrios en relatos que se convirtieron en clásicos, y cineastas soviéticos llevaron a la pantalla episodios de su historia, reforzando la imagen de Odesa como “la perla del mar Negro”. Su identidad cosmopolita, marcada por rusos, judíos y griegos, la convirtió en un símbolo de convivencia y en un bastión estratégico para el Imperio ruso.

Desde el inicio de la guerra en 2022, Rusia ha evitado ataques devastadores contra Odesa. Algunos analistas interpretan esta cautela como señal de respeto histórico y cálculo político: Moscú sabe que Odesa es una ciudad con fuerte presencia rusoparlante y tradición compartida. Sin embargo, la paciencia podría agotarse. La toma de bastiones cercanos ha colocado a Rusia en posición de decidir si avanza o no sobre la ciudad.

La importancia de Odesa es múltiple. En primer lugar, es el principal puerto de Ucrania y su salida al mar Negro. Si Rusia logra capturarla, Ucrania quedaría prácticamente aislada del comercio marítimo, perdiendo su capacidad de exportar grano y energía a gran escala. En segundo lugar, Odesa es un punto logístico clave para la llegada de armas y suministros occidentales. Controlarla significaría cortar esa línea vital de apoyo. En tercer lugar, su valor simbólico es enorme: para Rusia, recuperar Odesa sería reafirmar su influencia histórica; para Ucrania, perderla sería un golpe devastador para su economía y su moral.

Se ha difundido la versión de que Volodímir Zelenski habría ofrecido Odesa a los británicos -en conversaciones discretas con Keir Starmer- como base de operaciones para neutralizar Sebastopol, el puerto militar ruso en Crimea. Aunque esa “entrega” se mantiene en voz baja, refleja la percepción de Moscú de que Odesa se ha convertido en un punto de apoyo logístico para la OTAN y un riesgo directo para su seguridad en el mar Negro.

El dilema es claro: si Rusia no toma Odesa hoy, podría enfrentar problemas futuros. La ciudad seguiría siendo un canal de abastecimiento para Ucrania y sus aliados, prolongando la guerra y debilitando la posición rusa en el mar Negro. En cambio, un avance exitoso consolidaría el arco estratégico desde Crimea hasta Transnistria, cerrando el acceso marítimo de Ucrania y obligando a Zelenski a negociar o capitular. Como advirtió el presidente Donald Trump: “Zelenski debe negociar, porque de lo contrario no tendrá país con el cual negociar.”

Odesa es más que un puerto: es la llave que puede cerrar esta guerra. Como escribió el tratadista francés Raymond Aron: “Quien controla los puertos controla el destino de las naciones.” Además, Odesa es “la perla del mar Negro, donde la historia se mezcla con la sangre y la esperanza.” Rusia lo sabe. Ucrania también. El mundo observa, consciente de que el destino de Odesa podría definir el desenlace del conflicto.

 

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