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    Por: Ronald André Zaldívar Romero / Reflexión

    Por: Ronald André Zaldívar Romero

    Como se sabe, Pedro Castillo es un político marxista-leninista; en otras palabras, es comunista. Él cree en la “voluntad del pueblo”. Ahora bien, toca definir ¿quién o qué es pueblo? y con ello La lucha de clases elaborada por Marx y Engels. Primero, digo esto porque —para Castillo—, yo no soy parte del pueblo, así como muchos de ustedes en las redes sociales tampoco lo son; o quizás, ningún limeño lo es. A mi parecer, el pueblo como tal no existe (por supuesto, hace un año yo también creía en la “voluntad del pueblo”) y es más una invención en el discurso populista. En cuanto a La lucha de clases, Marx y Engels recurren al sentimiento en el Manifiesto Comunista (1848) y lo definen así:

    Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.

    Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.

    Ahora bien, trataré de hacer el nexo de los conceptos “pueblo” y “lucha de clases”. La palabra “pueblo”, a la que hace referencia Castillo, es una herramienta que sirve para polarizar el país “por la voluntad del pueblo”. Y cada vez que hace mención de esta palabra, habla del pueblo marginado, olvidado y explotado por el burgués, o, en nuestra actualidad, el empresario. Siempre se refiere al obrero sufriente y no porque verdaderamente le importa su condición, sino que lo hace con el fin de agudizar el supuesto conflicto de lucha de clases que no existe. Lo que es aún peor es que también lo hace porque es el camino más facil para levantar pasiones y dejar de lado toda razón y lógica. Y con la ayuda de muchísimos usuarios de las redes sociales que, en su afán de “abrirle los ojos al electorado o pueblo peruano” sobre por qué no debemos votar por el socialismo, no han hecho más que incitar al odio y generar mayor resentimiento. No están ayudando a resolver esta complicada situación, solamente la empeoran. Retomando el sentido de la palabra, Castillo muy bien ha hecho en decir que “esta segunda vuelta es una pelea entre ricos y pobres”; entre el pueblo y el no pueblo; el obrero y el burgués. Él ya marcó la pauta y consiguió un punto a su favor. Aclarado esto, creo que es momento de darle otro enfoque a este análisis para comprender por qué debemos votar por la democracia, por una República, y dejar de lado aquellos argumentos que dicen “cómo es posible que alguien pueda votar por este señor” o que “vamos a terminar como Venezuela y no lo quieren ver”. No es que “no lo quieran ver” sino que hemos pisado el palito del socialismo, estamos contribuyendo a la división de la sociedad por el odio. Esos individuos que han votado marcando el lápiz ya no tienen nada que perder porque cada cinco años llega un nuevo candidato prometiendo todo y cumpliendo nada. De otra manera, podemos decir que, en efecto, el socialismo y su líder populista de turno, Castillo, al ofrecer la riqueza de uno al que no la tiene, le está quitando a este la dignidad de poder crear su propia riqueza. Castillo piensa así: “Como tú no puedes crear tu propia riqueza, yo debo dártela” o “Ven, yo te alimentaré, yo te protegeré, tú vivirás de mí, vivirás del Estado ya que no puedes lograr nada por ti mismo…”. Castillo quiere anular a las instituciones que protegen nuestra propiedad, nuestra vida y nuestra libertad, pero todo esto —según él— es “en nombre del pueblo”. Debemos enseñar que la educación, la salud y la nutrición sí son posibles en una República democrática. Pero la pelota ahora está en las manos de Keiko. Si quieren ayudar, eduquen y no menosprecien; yo, también, me he equivocado antes. Por último, les pido que no elijan entre Keiko y Castillo, sino entre la democracia y la dictadura.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

    Por: Ronald André Zaldívar Romero

    Como se sabe, Pedro Castillo es un político marxista-leninista; en otras palabras, es comunista. Él cree en la “voluntad del pueblo”. Ahora bien, toca definir ¿quién o qué es pueblo? y con ello La lucha de clases elaborada por Marx y Engels. Primero, digo esto porque —para Castillo—, yo no soy parte del pueblo, así como muchos de ustedes en las redes sociales tampoco lo son; o quizás, ningún limeño lo es. A mi parecer, el pueblo como tal no existe (por supuesto, hace un año yo también creía en la “voluntad del pueblo”) y es más una invención en el discurso populista. En cuanto a La lucha de clases, Marx y Engels recurren al sentimiento en el Manifiesto Comunista (1848) y lo definen así:

    Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.

    Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.

    Ahora bien, trataré de hacer el nexo de los conceptos “pueblo” y “lucha de clases”. La palabra “pueblo”, a la que hace referencia Castillo, es una herramienta que sirve para polarizar el país “por la voluntad del pueblo”. Y cada vez que hace mención de esta palabra, habla del pueblo marginado, olvidado y explotado por el burgués, o, en nuestra actualidad, el empresario. Siempre se refiere al obrero sufriente y no porque verdaderamente le importa su condición, sino que lo hace con el fin de agudizar el supuesto conflicto de lucha de clases que no existe. Lo que es aún peor es que también lo hace porque es el camino más facil para levantar pasiones y dejar de lado toda razón y lógica. Y con la ayuda de muchísimos usuarios de las redes sociales que, en su afán de “abrirle los ojos al electorado o pueblo peruano” sobre por qué no debemos votar por el socialismo, no han hecho más que incitar al odio y generar mayor resentimiento. No están ayudando a resolver esta complicada situación, solamente la empeoran. Retomando el sentido de la palabra, Castillo muy bien ha hecho en decir que “esta segunda vuelta es una pelea entre ricos y pobres”; entre el pueblo y el no pueblo; el obrero y el burgués. Él ya marcó la pauta y consiguió un punto a su favor. Aclarado esto, creo que es momento de darle otro enfoque a este análisis para comprender por qué debemos votar por la democracia, por una República, y dejar de lado aquellos argumentos que dicen “cómo es posible que alguien pueda votar por este señor” o que “vamos a terminar como Venezuela y no lo quieren ver”. No es que “no lo quieran ver” sino que hemos pisado el palito del socialismo, estamos contribuyendo a la división de la sociedad por el odio. Esos individuos que han votado marcando el lápiz ya no tienen nada que perder porque cada cinco años llega un nuevo candidato prometiendo todo y cumpliendo nada. De otra manera, podemos decir que, en efecto, el socialismo y su líder populista de turno, Castillo, al ofrecer la riqueza de uno al que no la tiene, le está quitando a este la dignidad de poder crear su propia riqueza. Castillo piensa así: “Como tú no puedes crear tu propia riqueza, yo debo dártela” o “Ven, yo te alimentaré, yo te protegeré, tú vivirás de mí, vivirás del Estado ya que no puedes lograr nada por ti mismo…”. Castillo quiere anular a las instituciones que protegen nuestra propiedad, nuestra vida y nuestra libertad, pero todo esto —según él— es “en nombre del pueblo”. Debemos enseñar que la educación, la salud y la nutrición sí son posibles en una República democrática. Pero la pelota ahora está en las manos de Keiko. Si quieren ayudar, eduquen y no menosprecien; yo, también, me he equivocado antes. Por último, les pido que no elijan entre Keiko y Castillo, sino entre la democracia y la dictadura.

    (*) La Dirección no se hace responsable por los artículos firmados.

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