30 de mayo de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ross Barrantes / Crónica de una dictadura anunciada: todos los caminos llegan a Roma

ROSS BARRANTES

Hay algo obscenamente predecible en la política peruana. Una segunda vuelta entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori: es la reposición de una obra que ya conocemos de memoria. Cambian los actores secundarios, se repintan los carteles, pero el guion es el mismo. Y esta vez, Cambridge University Press acaba de entregarnos el programa del espectáculo —publicado en mayo de 2026, este mes—, confirmando lo que muchos preferimos no decir en voz alta: Perú no está en riesgo de volverse una dictadura. Ya está en tránsito hacia una. Pero para entender por qué ese tránsito es tan silencioso, tan poco dramático, tan desprovisto de la épica que el imaginario político asocia con el autoritarismo, necesitamos ir más atrás que Cambridge. Necesitamos ir hasta Aristóteles. En la Ética a Nicómaco, Aristóteles construye una filosofía política que no se basa en el miedo al tirano externo sino en la comprensión de cómo las comunidades se corrompen a sí mismas. Su argumento central es que la virtud cívica —la areté política— no es un rasgo individual sino una práctica colectiva. Una ciudad justa requiere ciudadanos justos, instituciones justas y gobernantes que no confundan el bien propio con el bien común. Cuando esa distinción colapsa, no colapsa de golpe: se degrada.

Aristóteles distinguía tres formas rectas de gobierno —monarquía, aristocracia y politeia— y sus degeneraciones correspondientes: tiranía, oligarquía y demagogia. Lo notable es que no las presentaba como opciones entre las cuales los pueblos eligen libremente, sino como trayectorias. La politeia —el gobierno de la ley orientado al bien común— puede convertirse en demagogia cuando los líderes empiezan a gobernar para su facción en lugar de para la ciudad. La aristocracia puede volverse oligarquía cuando los pocos gobiernan para enriquecerse. Y la monarquía puede caer en tiranía cuando el gobernante confunde su permanencia en el poder con la necesidad del Estado.

Perú, mirado con los ojos del estagirita, no está en ninguna de las formas rectas. Está en la zona intermedia de la degeneración: una oligarquía parlamentaria que simula politeia. Un Congreso que usa el lenguaje de la democracia —el voto, la ley, el procedimiento— para blindar la impunidad de sus miembros. Un sistema donde la phronesis —la sabiduría práctica orientada al bien común— ha sido reemplazada por la pleonexia: el apetito voraz de tener más. Aristóteles también era muy preciso sobre el rol del ciudadano en ese proceso. No son solo los malos gobernantes quienes corrompen la república: son los ciudadanos que permiten que eso ocurra, que se acostumbran, que normalizan. La segunda vuelta entre Sánchez y Fujimori no es solo una oferta electoral. Es el resultado de una ciudadanía que, durante una década, ha tolerado —unas veces activamente, otras por agotamiento— el desmantelamiento de las instituciones que Aristóteles consideraba la columna vertebral de toda comunidad política digna.

La trampa de esta segunda vuelta es la siguiente: no importa quién gane si el sistema que produce los resultados ya está capturado. Eso es lo que Aristóteles llamaría la corrupción de la politeia: cuando el marco mismo —las reglas, las instituciones, las prácticas— ya no orienta hacia el bien común, las elecciones que se celebran dentro de ese marco no restauran la virtud cívica. La repiten con nuevo elenco. La segunda vuelta no es el momento de la decisión. Es el momento en que la decisión ya fue tomada, hace años, por actores que nadie eligió para ese papel. Todos los caminos llegan a Roma. En el Perú de 2026, todos los caminos llegan al mismo Pacto mafioso.  Perú está en ese momento. Y una segunda vuelta entre Sánchez y Fujimori —sea cual sea su resultado— no interrumpe ese proceso. Lo administra. La crónica de una dictadura anunciada no comienza con un golpe. Comienza con la decisión colectiva, sostenida en el tiempo, de no nombrar lo que está ocurriendo. Gracias por leerme.

(*) Abogada Constitucionalista, profesora universitaria, especialista en Derecho Ambiental y Filosofía Política

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