16 de mayo de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ross Barrantes // Femenidad

ROSS BARRANTES

Ser mujer en el Perú es una prueba de resistencia diaria. Es nacer con un camino lleno de expectativas impuestas, de desafíos que no siempre se eligen, pero que hay que enfrentar con la frente en alto. Ser mujer en el Perú es aprender a ser fuerte antes de tiempo. Lo sé porque lo viví. Fui madre joven. Tuve que estudiar, trabajar y dar de lactar al mismo tiempo. Y aunque me enorgullece haberlo logrado, también me pregunto: ¿por qué aún pesa tanto sobre nosotras? ¿Por qué, se nos exige ser madres perfectas, profesionales impecables y mujeres dedicadas?

Las diferencias están en todas partes. Si una mujer expresa su inconformidad, es “problemática”; si un hombre lo hace, es “valiente”. Si una artista canta sobre el amor, es “despechada”; si lo hace un hombre, es “romántico”. Si una mujer llora, es “inestable”; si un hombre llora, es “vulnerable”. En los medios de comunicación, la diferencia es aún más evidente. No es común ver a hombres en ropa diminuta para vender un producto, pero con las mujeres es casi una norma. El cuerpo femenino se ha convertido en un recurso publicitario, mientras que la imagen masculina se mantiene como sinónimo de autoridad y poder.

Las mujeres han ganado espacios en la política y el trabajo, pero la igualdad aún está lejos. En el Congreso, en las empresas, en los sindicatos, siguen siendo minoría. Y cuando llegan, enfrentan campañas de desprestigio, violencia política y una exigencia de perfección que a los hombres no se les impone. En el trabajo, la brecha salarial no es el único problema. Se nos exige ser amables pero firmes, trabajadoras pero siempre disponibles para la familia, ambiciosas pero no demasiado. Mientras tanto, el trabajo doméstico y de cuidado sigue recayendo principalmente en nosotras, sin paga, sin reconocimiento y sin descanso.

En la salud, las mujeres enfrentan enfermedades que no reciben la atención adecuada. La endometriosis, el cáncer de cuello uterino, la osteoporosis, la depresión posparto, son realidades que se ven minimizadas. A muchas las mandan a casa con un “es normal”, cuando su dolor debería ser tomado en serio.

A pesar de todo, seguimos de pie. Y no estamos solas. La sororidad ese vínculo de solidaridad y apoyo entre mujeres es lo que nos ha permitido resistir y avanzar. Cada vez que una mujer alza la voz, abre camino para otra. Cada vez que nos apoyamos, desmontamos la idea de que debemos competir entre nosotras. Porque ser mujer en el Perú no debería ser sinónimo de lucha constante. Debería ser sinónimo de oportunidades, de libertad, de una vida sin etiquetas ni restricciones. Y aunque aún nos falta camino, sabemos que juntas es el único modo de seguir adelante. Hoy celebramos la fuerza, la valentía y la resiliencia de todas las mujeres que día a día transforman el mundo. Que la sororidad nos siga uniendo, que la equidad sea una realidad y que nunca dejemos de alzar la voz. ¡Por nosotras, por las que estuvieron antes y por las que vendrán! Gracias por leerme.

(*) Abogada constitucionalista

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