9 de junio de 2026

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Lima: Cargando...

Por: Ross Barrantes // Freddy se tiene que ir

ROSS BARRANTES

“Uno, dos, viene por ti… tres, cuatro, cierra la puerta, cinco, seis coge tu crucifijo, siete ocho, mejor que te quedes despierto hasta tarde, nueve diez ¡Nunca volverás a dormir!”

Así vivimos en el Perú, las noticias diarias sobre extorsiones, asesinatos por encargo, robos a mano armada y secuestros han convertido nuestro país en un escenario de terror permanente. Estos niveles críticos de inseguridad están sobrepasando los límites de lo tolerable, Freddy vino por nosotros. La declaración del estado de emergencia en Lima y Callao es apenas un reconocimiento oficial de lo que los ciudadanos experimentamos a diario: el miedo se ha apoderado de nuestras vidas.

Los comerciantes cierran temprano por temor a las extorsiones. Los padres vivimos aterrorizados cada vez que nuestros hijos salen a la calle. Los conductores de taxi y transporte público trabajan bajo amenaza constante. Distritos enteros están bajo el control de bandas criminales que han establecido sus propias reglas y «sistemas de justicia» paralelos. La extorsión se ha convertido en un «impuesto» criminal que afecta desde el pequeño comerciante hasta las grandes empresas.

En esta pesadilla cotidiana, me vuelvo a preguntar: ¿Dónde está el Estado que debería protegernos? La respuesta me lleva directamente a reflexionar sobre el contrato social, ese pacto fundamental que dio origen a la organización política moderna. Thomas Hobbes, explicaba en el «Leviatán» que los seres humanos decidimos crear el Estado precisamente para escapar del «estado de naturaleza», una condición caracterizada por la «guerra de todos contra todos» donde la vida era «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta». Renunciamos a una parte de nuestra libertad natural y aceptamos someternos a un poder común a cambio de protección y seguridad. Este es el fundamento del contrato social: los ciudadanos cedemos el monopolio legítimo de la fuerza al Estado para que este garantice nuestra integridad y nos permita vivir sin el temor constante a ser atacados. Sin embargo, en Lima y otras ciudades peruanas evidencia una ruptura de este contrato fundamental. El Estado no está cumpliendo su parte del pacto. No está garantizando la seguridad que constituye la razón primordial de su existencia.

La realidad que vivimos los peruanos evoca aquella terrorífica canción de Freddy Krueger. Pero a diferencia de las pesadillas cinematográficas, de esta no despertamos al amanecer. Es una pesadilla real que nos acompaña día y noche, todos los peruanos queremos que Freddy se vaya

La teoría del contrato social nos dice que el Estado no es una entidad abstracta e inmutable, sino una construcción humana que puede y debe ser reformada cuando falla en su propósito esencial. Si el Estado peruano actual no está cumpliendo con su parte fundamental del pacto para protegernos, entonces es necesario reconstruirlo. ¿Será posible vivir sin ese estribillo aterrador: «Uno, dos, ¿viene por ti”?  La seguridad no es un privilegio, es un derecho fundamental y la razón primaria de la existencia del Estado. Es hora de que los ciudadanos peruanos exijamos el cumplimiento de ese pacto original o la construcción de uno nuevo que nos permita, finalmente, dejar atrás la pesadilla y recuperar el derecho básico a vivir sin miedo.  Gracias por leerme

(*) Abogada Constitucionalista

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