En enero de 2026, tres futbolistas peruanos fueron acusados de violación sexual, que se convirtió en algo peor: una demostración pública de cómo la profesión jurídica, en manos de abogados sin ética, se transforma en instrumento de violencia institucionalizada contra víctimas. Los reportes de medios documentan la estrategia defensiva: no una defensa técnica legítima que cuestione pruebas, sino un ataque sistemático, planificado y público contra la víctima. Los abogados atacaron, la vida sexual de la víctima (relaciones previas, conocidos, hábitos) , consumo de alcohol la noche del incidente, apariencia física y forma de vestirse; ninguno de estos elementos es legalmente relevante para establecer si ocurrió violación. Pero todos son efectivos para una cosa: destruir su credibilidad ante la opinión pública.
Pregunta incómoda: ¿Qué relevancia jurídica tiene qué ropa llevaba una mujer para determinar si fue violada? Respuesta: ninguna. Lo que hay aquí es aplicación deliberada de un prejuicio (la mujer «provocó» el ataque por su comportamiento anterior).
Sin evidencia que lo apoye, los abogados construyeron escenarios donde «ella consintió». Luego, en interrogatorios, presionaron a la víctima para que encajara en esa narrativa falsa. Esto viola principios básicos de lógica jurídica: la acusación debe probar. La defensa no puede construir historias alternativas sin evidencia. Pero eso es exactamente lo que ocurrió. Otra pregunta incómoda: ¿Cómo puede un abogado afirmar que hubo consentimiento cuando la víctima lo niega completamente? ¿Qué prueba existe? Respuesta: ninguna. Interrogatorios diseñados para provocar una reacción emocional (llorar, olvidar detalles, confusión). Luego, esos signos de trauma son presentados como «inconsistencias que prueban mentira».
Aristóteles en la Ética a Nicómaco propone que toda virtud consiste en un punto medio entre vicios: a) Abogado que no defiende adecuadamente al cliente, permitiendo injusticia procesal b) Abogado que defiende técnicamente con rigor, impugnando pruebas y presentando teorías creíbles, SIN vulnerar dignidad ajena c) Abogado que sacrifica toda ética, humilla a la víctima, fabrica pruebas, ataca la persona en lugar de la prueba ¿Por qué es importante para abogados contemporáneos? Sócrates establece un precedente moral antiguo pero vigente: Existen límites que ningún profesional debe cruzar, sin importar las consecuencias. No puedes ganar comprometiendo tu integridad fundamental. Los abogados de estos futbolistas han hecho lo opuesto: han optado por cometer injusticia (revictimización de la víctima) para evitar que su cliente sufra injusticia procesal. La defensa jurídica no siempre fue así. En el Perú colonial, los abogados de criollos tenían mayor poder. En el siglo XIX, la profesión jurídica en Latinoamérica buscaba legitimarse como guardiana de principios. ¿Qué cambió? La famosa mercantilización del derecho: Los abogados dejaron de verse como «guardianes de justicia» para verse como «vendedores de servicios». Si el cliente puede pagar, se defiende sin importar cómo. Como abogada en ejercicio puedo confirmar que la profesión jurídica peruana está en encrucijada. De un lado, existe una tradición (débil pero real) de abogados que ven la defensa como compromiso con justicia. Del otro, existe una realidad contemporánea donde abogados ven la defensa como venta de servicios sin límites éticos. Aristóteles escribió que la virtud es un hábito. Se desarrolla mediante práctica repetida. Cuando un abogado es irresponsable una vez y no sufre consecuencias, se acostumbra. La próxima vez es más fácil. Pronto, la vejación se normaliza. Cuando un abogado cruza la línea ética, debe haber sanción. No «advertencia». Sanción real: suspensión, inhabilitación, humillación profesional. Solo así, mediante la práctica repetida de consecuencias, se reconstruye el hábito de la integridad. De lo contrario, la defensa que avergüenza se normalizará, y la profesión jurídica peruana continuará su lenta degradación de garantía de justicia a herramienta de opresión.
Gracias por leerme.
(*) Abogada Constitucionalista




