26 de marzo de 2026

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Por: Ross Barrantes / La filosofía que américa latina necesita

ROSS BARRANTES

Juan Bautista Alberbi se presenta en 1842 ante el Colegio de Humanidades de Montevideo con una provocación intelectual que sigue siendo válida: América Latina no tiene una filosofía propia, sino que reproduce mecánicamente los sistemas europeos sin resolver sus problemas específicos.

Según Alberbi, la primera dificultad al ocuparse de filosofía no es simplemente la falta de un texto o de un cuerpo completo de doctrina, sino la falta de una definición misma de la ciencia filosófica. Cada escuela famosa la ha definido a su modo, como la ha comprendido y formulado a su modo, generando una dispersión que caracteriza tanto las primeras épocas de la filosofía como los días actuales.

Sin embargo, cuando se analiza lo que han hecho grandes filósofos como Platón, Aristóteles, Descartes, Bacon, Kant y Cousin, se observa que todos han intentado dar solución al problema del origen, naturaleza y destinos de las cosas, convirtiendo la filosofía en la totalidad de la ciencia humana.

No obstante, aquellos ramos de la filosofía que se han dedicado al estudio de las cosas más exteriores al hombre, de las físicas y materiales, han tomado la denominación de ciencias naturales y físicas, reservándose como por autonomasía el nombre de ciencias filosóficas a aquellos ramos dedicados al estudio de los fenómenos del espíritu humano, esto es, lo bello, lo bueno, lo justo, lo verdadero, lo santo, el alma y Dios.

El problema central que la filosofía se agita por resolver desde tres mil años es: ¿qué son estas cosas en su naturaleza?, ¿por qué son como son?, ¿qué leyes las gobiernan?, ¿qué destinos las rigen?, ¿qué medios posee el hombre para conocerlas? y ¿qué conquistas cuenta en la carrera de sus investigaciones?

La respuesta a estas preguntas revela que no se ha conseguido sino fijar las cuestiones, pues como afirma el filósofo más contemporáneo, la filosofía está por nacer. No hay, pues, una filosofía universal, porque no hay una solución universal de las cuestiones que la constituyen. Cada país, cada época y cada filósofo ha tenido su filosofía peculiar, que ha cundido más o menos, porque cada país, cada época y cada escuela han dado soluciones distintas a los problemas del espíritu humano.

La filosofía de cada época y de cada país ha sido por lo común la razón, el principio, o el sentimiento más dominante y más general que ha gobernado los actos de su vida y de su conducta, y esa razón ha emanado de las necesidades más imperiosas de cada período y de cada país.

Así es como ha existido una filosofía oriental, una filosofía romana, una filosofía griega, una filosofía alemana, una filosofía inglesa, una filosofía francesa y como es necesario que exista una filosofía americana. Se ha visto una filosofía de Platón, una de Zenón, una de Descartes, otra de Bacon, otra de Locke, otra de Kant, otra de Hegel, filosofía del Renacimiento, filosofía del siglo dieciocho, filosofía del siglo diecinueve. No hay, pues, una filosofía en este siglo; no hay sino sistemas de filosofía, esto es, tentativas más o menos parciales de una filosofía definitiva.

La filosofía de este siglo se puede concebir como un conjunto de sistemas especiales más o menos contradictorios entre sí. El análisis de autores como Fichte, Hegel, Stuart, Kant, Cousin, Jouffroy y Leroux revela que hay filósofos, pero no filosofía; sistemas, no ciencia. Si fuese preciso determinar el carácter más general de la filosofía de este siglo, diríamos que ese carácter consiste en su situación negativa.

La filosofía del día es la negación de una filosofía completa existente, no de una filosofía completa posible. En América no es admisible la filosofía en otro carácter. Si es posible decirlo, América practica lo que piensa Europa. Así, pues, libertad, igualdad, asociación, he aquí los grandes fundamentos de nuestra filosofía moral.  Gracias por leerme

(*) Abogada Constitucionalista 

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