La isla Santa Rosa constituye territorio peruano indiscutible desde los albores de nuestra República, específicamente durante el gobierno del mariscal Ramón Castilla, cuando se consolidó definitivamente la presencia estatal, la fundación de Iquitos como capital regional, Santa Rosa, ubicada a apenas doce horas de navegación desde la capital loretana. Los tratados internacionales vigentes y plenamente reconocidos por la comunidad internacional, particularmente el Tratado Salomón-Lozano de 1922 y el Protocolo de Río de Janeiro de 1934, establecieron de manera categórica e irrefutable que Santa Rosa, como parte integral e indivisible de la histórica isla Chinería, pertenece al territorio peruano bajo el principio jurídico del thalweg que delimita con precisión técnica las aguas más profundas del río Amazonas, colocando inequívocamente a esta localidad amazónica en el margen derecho que corresponde soberanamente al Perú según el derecho internacional público.
La facilidad pasmosa y la ligereza irresponsable con la que ciertos actores políticos pretenden generar controversias territoriales artificiales resulta profundamente preocupante para cualquier observador serio de las relaciones internacionales, especialmente cuando estas provocaciones surgen no de fundamentos jurídicos sólidos ni de estudios técnicos rigurosos, sino de interpretaciones literales, superficiales e intencionalmente distorsionadas de acuerdos internacionales que han garantizado exitosamente la paz fronteriza durante más de nueve décadas consecutivas, ignorando deliberadamente tanto el contexto histórico como los principios fundamentales del derecho limítrofe y los precedentes jurisprudenciales establecidos por tribunales internacionales en casos similares. Lo que resulta aún más alarmante y vergonzoso para la dignidad institucional es la absoluta falta de respeto hacia las propias instituciones soberanas cuando individuos irresponsables se permiten colocar símbolos patrios extranjeros en territorio peruano con el único propósito de crear contenido viral para redes sociales, evidenciando una frivolidad inadmisible y una banalización peligrosa en el tratamiento de asuntos tan serios como la soberanía, temas que por su trascendencia histórica y jurídica deberían abordarse exclusivamente con la solemnidad, rigurosidad técnica y responsabilidad diplomática que ameritan en cualquier Estado moderno y civilizado.
La política colombiana contemporánea parece haber alcanzado la lamentable banalización en que un reel superficial de TikTok, una publicación tendenciosa en X, o cualquier contenido digital diseñado para generar engagement tienen mayor peso político y capacidad de influencia en la agenda gubernamental que las acciones serias, responsables y técnicamente fundamentadas que debería emprender cualquier Estado comprometido con la estabilidad regional, una tendencia preocupante que podría servir como caso de estudio sobre los peligros inherentes a la espectacularización populista de la política exterior y la subordinación de los intereses nacionales estratégicos a la lógica viral de las redes sociales, aunque debe quedar absolutamente claro, sin lugar a dudas ni interpretaciones ambiguas, que Santa Rosa es territorio peruano ancestral y forma parte integral de nuestra Amazonía bajo soberanía nacional indiscutible, reconocida tanto por el derecho internacional como por la práctica diplomática bilateral sostenida durante décadas. Los cambios morfológicos naturales que experimenta constantemente la cuenca amazónica debido a procesos geológicos milenarios, sedimentación fluvial, y más recientemente los efectos del cambio climático global, no pueden ni deben ser utilizados como pretexto para cuestionar fronteras establecidas jurídicamente mediante coordenadas específicas de latitud y longitud que trascienden las variaciones temporales del cauce fluvial, principio fundamental del derecho internacional que se ha aplicado consistentemente en casos similares alrededor del mundo. La región de Leticia, Tabatinga y Santa Rosa ha desarrollado históricamente una convivencia fraterna y armoniosa entre sus poblaciones, quienes han construido lazos comerciales, familiares y culturales que trascienden las fronteras políticas, demostrando que la integración regional exitosa se basa en el respeto mutuo, la cooperación práctica y el reconocimiento de las soberanías respectivas, no en provocaciones mediáticas diseñadas para consumo político interno. Gracias por leerme
(*) Abogada Constitucionalista




