Preparándote para ser un buen cocinero

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Aquí les entregamos seis consejos sencillos y prácticos para mejorar tus hábitos culinarios que te sacarán de apuros y harán de la cocina un hábito más agradable y placentero.

La gente, en general, no lee la receta antes de ponerse a cocinar. Pasan directamente a la cocina y empiezan con el primer paso de la receta sin saber lo que viene después. Y claro, luego vienen las sorpresas. Que si me falta un ingrediente, que si he puesto el ajo en la sartén pero no tengo listo los ingredientes del siguiente paso y se me va a quemar, que si no tengo un bol lo suficientemente grande… Vamos, confiesa cuantas veces te has encontrado en esta situación.

Por eso es importante sentarse a leer la receta varias veces, revisar si se tiene el equipamiento y los ingredientes necesarios, entender los pasos que tiene la receta (por ejemplo, si se ha de precalentar el horno, hacerlo con suficiente antelación) y prestar atención a los tiempos de cocción.

 

  1. Todo en su lugar

No es ni más ni menos que tener todos los ingredientes listos antes de encender el fuego. Pero no se trata de tenerlos simplemente a mano, sino de tenerlos lavados, pelados o cortados como lo requiere la receta, tener del aceite, la sal o las especias a mano, las ollas, sartenes y bandejas localizadas. Todo este proceso que parece tomar más tiempo del necesario es, en realidad, un atajo hacia el plato final con garantías de éxito, ya que simplemente puedes concentrarte plenamente en el proceso de cocinar sin tener que parar a cortar o lavar un ingrediente.

  1. Higiene, orden y limpieza

Una cocina desordenada, sucia, con el fregadero lleno de platos no invita a cocinar. Ir limpiando y recogiendo a medida que se cocina es fundamental para mantener una correcta higiene (no olvidemos que la mala manipulación de alimentos es una de las principales causas de infecciones alimentarias) además de evitar posibles accidentes con trozos de alimentos que se caen y pueden ocasionar un resbalón, recipientes calientes que se confunden con otros que no lo están o cuchillos afilados que quedan debajo de trapos de cocina o peladuras. 

  1. Cuchillos afilados

No hace falta gastarse un dineral en unos cuchillos japoneses, pero invertir en unos cuchillos decentes y un buen afilador para mantenerlos afilados es fundamental para hacer de la cocina una actividad más fácil y placentera. Contra lo que pueda pensarse, un cuchillo sin afilar es más peligroso que uno afilado, puesto que el filo romo nos obliga a ejercer más presión sobre el alimento a cortar, con el riesgo de que se nos resbale por la fuerza ejercida y nos cortemos.

Trabajar con un cuchillo afilado implica ejercer poca presión para cortar, por eso los alimentos se dañan menos. Puedes probarlo tú mismo en casa: prueba a picar perejil con un cuchillo bien afilado y con uno sin afilar. Con el segundo obtendrás fácilmente una mezcla pastosa, húmeda y desagradable. Con el primero, una mezcla seca, de aspecto fresco y suelto. Para saber si tu cuchillo está bien afilado, prueba a cortar un tomate: con un cuchillo afilado casi no tendrás que hacer presión, el corte será limpio y casi no saldrá jugo, todo lo contrario que con un cuchillo sin afilar.

  1. Prueba lo que cocines

Cocinar sin probar lo que estás haciendo durante los diferentes pasos es como comprar ropa a ciegas, sin probártela. El riesgo de que no te guste como te queda y la tengas que devolver es alto. Has de tener muy bien controladas las medidas y los tiempos de cocción de todos los ingredientes para saber que el plato final está en su punto. Probar el plato durante las distintas fases te permitirá conocer el punto de cocción, si necesita más sal, pimienta o vinagre y garantizará que tú y tus comensales disfrutéis de lo que has preparado.

  1. Aprende a usar la sal

La sal es el potenciador de sabor básico en la cocina y utilizarla al inicio de la receta consigue que el plato tenga un sabor más redondeado. Si no, fíjate cuándo ponen la sal los cocineros de los programas de cocina. La sal añadida al final del plato se convierte en el sabor predominante, algo que puede ser interesante en unas papas fritas, pero no en un estofado, por ejemplo. Sin embargo, al incorporar la sal al inicio de la cocción se le da tiempo a que ésta penetre en el alimento, haciendo que el sabor mejore y actuando como un “cemento” que une los diferentes sabores y aromas del plato final.

  1. Perfecciona las recetas y hazlas tuyas

No hay nada más gratificante que preparar un plato que sale bien. Tener algunas recetas comodín que dominas a la perfección te pueden sacar de más de un apuro. Ya no solo cuando tienes gente en casa, sino en tu alimentación cotidiana. Además, te sientes motivado cuando no tienes ganas de cocinar porque sabes que sí o sí, el resultado será genial. No tienen por qué ser recetas complicadas o para momentos especiales, un plato de pasta, de arroz o un potaje pueden servir.