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    Que difícil se me hace soportar la política de este gobierno

    Por: César Sandoval
    Que difícil se me hace creer que existe tanto ingenuidad, tanta indiferencia, tantos ilusos e insensatos, tanta falta de lucidez frente a la realidad, me resisto a creer que nos hemos convertido en un país donde se ha instaurado el odio, el estiércol y el masoquismo.

    De ser cierto que el Presidente Vizcarra aún tiene más del 50% de aprobación sin haber plantado un árbol, sin haber construido un colegio, ni una aula, sin haber hecho un solo hospital como presidente de la República, ya que como Gobernador Regional hizo un solo hospital en Moquegua, el cual está manchado y ensombrecido por posibles actos de corrupción que hoy siguen siendo investigados por el Ministerio público.

    Me resisto a creer que vivimos en un país  donde crece el desempleo y campea la criminalidad, donde las calles están expuestas y a merced de los delincuentes inescrupulosos, donde se maquilla la corrupción política y se pone en aprieto las libertades y el sistema democrático de la Nación, donde se tolera la corrupción empresarial, como la de ODEBRECHT.

    Me niego a creer que  nuestro país y sus ciudadanos se hayan convertido en un puñado de tarados, en un grupete de sádicos, que mientras más nos golpean con el látigo de la indolencia y la indiferencia y nos arrinconan indignamente  nos imponen comulgar con una agenda política de supuestas  reformas del Estado, que solo interesa al gobernante de turno y no representa los intereses de la mayoría.

    La verdadera agenda que el pueblo espera que alguna fuerza política honesta la haga suya tiene nombres propios: reconstrucción de las zonas norte y sur, destruidas por los eventos de la naturaleza, agua y desagüe para los pueblos, generación de empleo con inversión, etc., solo por citar algunas reclamaciones de las organizaciones populares.

    Me resisto a pensar que nuestro pueblo se ha sometido al yugo de la terapia e hipnosis de las encuesta-trafas y la acción efectista del envenenamiento psicosocial, selectivo y colectivo a cargo de los medios sesgados y dependientes de los intereses de los grupos de poder que manejan el país.

    Es muy sensible ver a los desposeídos, a los sin voz, ingresar a un callejón sin salida, porque no otra cosa es que el país experimente un decrecimiento de – 2.02% del PBI, cuando nos ubican del puesto 14 al 24 en el último sondeo de competitividad  minera del Fraser Institute, cuando sólo nos queda de reservas netas 69 mil millones de dólares  y un déficit fiscal del 3% según el plan multianual.

    Crece la indisciplina fiscal como la incapacidad del gasto público. Las instituciones carecen de solidez, el Ejecutivo ha roto la autonomía del Ministerio Público e impone  en el Poder Judicial su voluntad autoritaria.

    Compatriotas no perdamos la fe, nuestro pueblo pujante, representado en los gremios sociales, sindicales, club de madres, organizaciones sociales de base etc. debe mantenerse vigilante y en pie de lucha, dispuesto a dar las movilizaciones que sean necesarias para abrir el camino que nos garantice el desarrollo y la paz social de la patria.

    El Perú requiere de la fortaleza y la capacidad de sus hijos, mantengámonos en esta travesía política  con coraje, firmeza y lealtad.

    (*) Abogado politólogo

     

    Por: César Sandoval
    Que difícil se me hace creer que existe tanto ingenuidad, tanta indiferencia, tantos ilusos e insensatos, tanta falta de lucidez frente a la realidad, me resisto a creer que nos hemos convertido en un país donde se ha instaurado el odio, el estiércol y el masoquismo.

    De ser cierto que el Presidente Vizcarra aún tiene más del 50% de aprobación sin haber plantado un árbol, sin haber construido un colegio, ni una aula, sin haber hecho un solo hospital como presidente de la República, ya que como Gobernador Regional hizo un solo hospital en Moquegua, el cual está manchado y ensombrecido por posibles actos de corrupción que hoy siguen siendo investigados por el Ministerio público.

    Me resisto a creer que vivimos en un país  donde crece el desempleo y campea la criminalidad, donde las calles están expuestas y a merced de los delincuentes inescrupulosos, donde se maquilla la corrupción política y se pone en aprieto las libertades y el sistema democrático de la Nación, donde se tolera la corrupción empresarial, como la de ODEBRECHT.

    Me niego a creer que  nuestro país y sus ciudadanos se hayan convertido en un puñado de tarados, en un grupete de sádicos, que mientras más nos golpean con el látigo de la indolencia y la indiferencia y nos arrinconan indignamente  nos imponen comulgar con una agenda política de supuestas  reformas del Estado, que solo interesa al gobernante de turno y no representa los intereses de la mayoría.

    La verdadera agenda que el pueblo espera que alguna fuerza política honesta la haga suya tiene nombres propios: reconstrucción de las zonas norte y sur, destruidas por los eventos de la naturaleza, agua y desagüe para los pueblos, generación de empleo con inversión, etc., solo por citar algunas reclamaciones de las organizaciones populares.

    Me resisto a pensar que nuestro pueblo se ha sometido al yugo de la terapia e hipnosis de las encuesta-trafas y la acción efectista del envenenamiento psicosocial, selectivo y colectivo a cargo de los medios sesgados y dependientes de los intereses de los grupos de poder que manejan el país.

    Es muy sensible ver a los desposeídos, a los sin voz, ingresar a un callejón sin salida, porque no otra cosa es que el país experimente un decrecimiento de – 2.02% del PBI, cuando nos ubican del puesto 14 al 24 en el último sondeo de competitividad  minera del Fraser Institute, cuando sólo nos queda de reservas netas 69 mil millones de dólares  y un déficit fiscal del 3% según el plan multianual.

    Crece la indisciplina fiscal como la incapacidad del gasto público. Las instituciones carecen de solidez, el Ejecutivo ha roto la autonomía del Ministerio Público e impone  en el Poder Judicial su voluntad autoritaria.

    Compatriotas no perdamos la fe, nuestro pueblo pujante, representado en los gremios sociales, sindicales, club de madres, organizaciones sociales de base etc. debe mantenerse vigilante y en pie de lucha, dispuesto a dar las movilizaciones que sean necesarias para abrir el camino que nos garantice el desarrollo y la paz social de la patria.

    El Perú requiere de la fortaleza y la capacidad de sus hijos, mantengámonos en esta travesía política  con coraje, firmeza y lealtad.

    (*) Abogado politólogo

     

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