Reconocimiento internacional por su labor periodística en zonas de conflicto
Recientemente, en la ciudad de Buenos Aires, se celebró la XI Cumbre Internacional de Hombres y Mujeres Líderes, un encuentro que reunió a personalidades de diversos países comprometidas con la paz, la educación y la verdad.
En el marco de esta cumbre, organizada por la Federación Mundial de Mujeres Grandes Maestras y el Programa Internacional de Escuelas Hermanas, se entregó el Premio Internacional “Award The Best”, una distinción que honra a quienes, desde distintos ámbitos, promueven un futuro mejor.
Entre los galardonados, destacó el periodista peruano Ricardo Sánchez Serra, columnista del diario La Razón de Lima -y presidente del Centro Federado de Periodistas de Lima- distinguido por su libro “La Guerra Rusia-Ucrania: lo que no se cuenta”. Esta obra, fruto de una cobertura valiente y rigurosa, revela ángulos silenciados del conflicto, con testimonios humanos, análisis geopolítico y una mirada ética que interpela a la comunidad internacional.
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Sánchez Serra arriesgó su vida al visitar el Dombás, convirtiéndose en el primer periodista latinoamericano en ingresar a esa zona de guerra. En Mariúpol -ciudad que él denomina “la Hiroshima del Mar Azov” por la devastación causada por el grupo neonazi Batallón Azov- entrevistó a pobladores que sobrevivieron a los bombardeos, recogió relatos de sufrimiento y documentó evidencias de limpieza étnica y propaganda ideológica. En Donetsk, conversó con estudiantes universitarios de la Universidad Estatal, cuyas aulas y dormitorios fueron atacados, y con niños internados en el Hospital de Traumatología, víctimas de minas antipersonales ucranianas.
También estuvo con soldados del ejército ruso a solo 15 kilómetros del frente, escuchando sus reflexiones sobre el conflicto, la esperanza de paz y el sentido de deber. Su cobertura no fue solo informativa: fue un acto de resistencia ética, una oración entre escombros, una crónica que dignifica a las víctimas y denuncia los silencios cómplices.
Junto a Sánchez Serra, fue galardonado el obispo argentino Monseñor Jorge Arregui, por su labor pastoral y su mensaje de reconciliación. Igualmente, se premió al Imán Betullah Colak, referente del Movimiento Hizmet, por sus llamados a la paz, la educación intercultural y la reconciliación entre pueblos, en un contexto marcado por la persecución ideológica y el exilio. Su mensaje -inspirado en los valores de Fethullah Gülen y comparado por algunos con el legado espiritual de Gandhi y Martin Luther King- ha sido reconocido por su defensa de la libertad de conciencia y el diálogo interreligioso.
Asimismo, se distinguió a la pareja pakistaní Arif Paul y Mishal Arif Paul, por su labor en favor de la diversidad cultural, la música como puente entre comunidades y su compromiso con la educación artística en contextos vulnerables. Su trabajo ha sido celebrado como un ejemplo de integración, belleza y resistencia pacífica.
También fueron premiados poetas, escritores, músicos, artesanos, terapeutas, comunicadores y líderes comunitarios de América Latina, Europa y Asia, todos distinguidos por su aporte a la paz, la diversidad cultural y el desarrollo humano.
La ceremonia, realizada en el Palacio Legislativo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue un homenaje a la valentía, la verdad y la esperanza. Las organizaciones convocantes -la Federación Mundial de Mujeres Grandes Maestras, presidida por Elena Paniagua, y el Programa Internacional de Escuelas Hermanas, liderado por Nora Miranda, desde Argentina— han sido reconocidas por su labor en la formación de líderes con conciencia global, por su impulso a la educación transformadora y por su defensa activa de la paz como valor universal.
Ambas entidades reúnen a federaciones, asociaciones civiles y personalidades del ámbito cultural, con el objetivo de enaltecer el trabajo de quienes transforman el mundo a través del arte, la educación y el compromiso social. Nora Miranda ha promovido encuentros internacionales de escuelas hermanas, foros de escritores por la paz, y espacios de integración cultural que fortalecen la identidad y la solidaridad entre pueblos.
La presidenta de la World Federation for Ladies Grand Masters, Elena Paniagua, junto a referentes como Graciela Kraft, subrayó el valor simbólico de estos reconocimientos como verdaderos “mimos al alma”, impulsores del trabajo cotidiano por y para la cultura.
En tiempos de ruido y fragmentación, esta cumbre fue un canto coral por la paz, la dignidad y el arte de convivir.





