Comunista y sus asesores muestran desprecio por sombrero cajamarquino y lo lanzan al suelo cuando pensaban que cámaras no lo grababan
En la política, los detalles terminan por revelar las verdades que los discursos ensayados intentan ocultar. Lo ocurrido tras bambalinas en el último debate electoral ha dejado al descubierto el pragmatismo frío y el desdén con el que el candidato de izquierda, Roberto Sánchez, y su entorno más cercano manejan los símbolos de la identidad andina.
Una muestra irrefutable de que el uso del sombrero cajamarquino por parte del candidato comunista es solo una farsa para engañar a la ciudadanía quedó demostrada de forma contundente.
Al creerse fuera del alcance de los reflectores de las cámaras de televisión que transmitían a nivel nacional, la impostura dio paso a la ligereza, y Sánchez, junto a su equipo, no dudaron en tirar la prenda al piso, exponiendo un alarmante desprecio por lo que ese objeto representa.
Las imágenes difundidas posteriormente en diversas plataformas digitales y medios independientes no dejan espacio a la especulación. En ellas se observa con total nitidez cómo Roberto Sánchez se despoja de la prenda y la entrega a su equipo de campaña.
Acto seguido, con una total falta de respeto hacia las costumbres e historia del Perú profundo, los asesores simplemente lo tiran al suelo y ahí lo dejan, abandonado sobre la alfombra, sin importarles en lo más mínimo el valor cultural o el respeto básico que merece cualquier prenda de vestir, más aún una con tanta carga histórica para el norte del país.
El sombrero pasó, en un segundo, de ser la pieza central de su identidad política a convertirse en un estorbo material del cual deshacerse rápidamente.
CÁLCULO
El impacto de este hecho no tardó en generar profundos cuestionamientos en el espectro político nacional. Al respecto, el exministro Juan Sheput fue uno de los analistas más enérgicos al señalar la contradicción de la coalición de izquierda.
“Esta imagen demuestra que los de Juntos por el Perú solo usan al sombrero cajamarquino para ganar votos, pero no respetan ni su uso ni sus costumbres. El sombrero de Sánchez, que inevitablemente recuerda a Pedro Castillo, fue dejado en el suelo posiblemente por Manuel Rodríguez Cuadros y Pedro Francke, recién llegados a las huestes de JP. Siendo el adminículo parte de la simbología de Roberto Sánchez, no se entiende cómo pueden dejar el sombrero en el suelo. ¿Descuido? ¿Desprecio? ¿Indiferencia? Cualquiera de esas cosas menos cálculo político”.
Al abandonar la prenda en el piso, evidenciaron que para la élite que asesora al candidato, el sombrero chotano carece de un valor real; es solo utilería de teatro político que se usa en el escenario y se desecha al ingresar a los camerinos.
RECHAZO
Como era de esperarse, la difusión del video desató una ola de críticas en redes sociales. El malestar ciudadano se hizo sentir con fuerza, especialmente entre los usuarios de las regiones del norte y del centro del país, quienes consideraron el acto como una afrenta directa a su herencia cultural. Cientos de cibernautas criticaron duramente a Sánchez y a su equipo de asesores por «pistear un símbolo provinciano y arrojarlo al piso como un simple accesorio electoral». La indignación no se limitó a la anécdota del descuido, sino al trasfondo ético de la campaña de Juntos por el Perú.
Los ciudadanos expresaron su hartazgo frente a los candidatos que adoptan vestimentas regionales únicamente durante los periodos de campaña, para luego retornar a sus dinámicas habituales en la capital.
Se cuestionó duramente la autenticidad de un discurso que dice defender a las clases populares mientras se actúa con soberbia detrás de las cámaras.
“Esa imagen desnuda mejor que cualquier discurso quién es en realidad Roberto Sánchez: un político que viste el folklore del Perú profundo solo cuando le conviene, un comunista de conveniencia que usa el sombrero chotano como disfraz electoral y lo desecha sin pudor cuando ya no le sirve. Un retrato crudo de oportunismo y falsedad del hombre del pueblo que vive en una zona residencial lejos del pueblo que dice amar”, indicaron con severidad diversos usuarios en la plataforma X (antes Twitter).
ANTECEDENTE
El uso del sombrero chotano por parte de Roberto Sánchez no es un hecho aislado ni una coincidencia estética. Para la opinión pública, representa un intento deliberado por mimetizarse con el estilo y la base electoral que en su momento encumbró al expresidente Pedro Castillo. Sin embargo, esta estrategia de asimilación simbólica ha terminado por convertirse en un bumerán político. Asimismo, numerosos críticos acusaron a Sánchez de ser “un farsante y mentiroso, que se colocó un sombrero porque comulga con las ideas y corruptelas de Pedro Castillo y ahora lo desecha”.
El descontento radica en que, para un sector importante de la población, el sombrero chotano —que originalmente es un símbolo de trabajo, dignidad y tradición agraria en Cajamarca— fue severamente desgastado durante el gobierno castillista. Que Roberto Sánchez intente reciclar dicho accesorio para evocar un victimismo o una identidad popular, para luego dejarlo tirado en el suelo, confirma para sus detractores que no existe un respeto real por el campesinado ni por el ciudadano del interior.





