Marina de Guerra alerta riesgo estructural y de evacuación en Arena 1 y Costa 21
Los locales Arena 1 y Costa 21, ubicados en la Costa Verde, vuelven a estar en el centro del debate público luego del pronunciamiento de la Marina de Guerra del Perú, que cuestiona la legalidad de su operación y advierte sobre los riesgos que representan durante los conciertos masivos.
Según la Marina, en 2019 se otorgó el derecho de uso de esta franja costera exclusivamente para parques, jardines y ciclovías de uso público. Sin embargo, en ese espacio se levantaron explanadas cerradas con capacidad para hasta 40.000 personas, lo que, según la autoridad marítima, contraviene la Ley de Playas (Ley N.º 26856), que declara estas zonas como bienes de uso público e inalienables. La norma establece que la Marina ejerce competencia sobre los 50 metros contados desde la línea de más alta marea, por lo que cualquier construcción comercial en ese perímetro requiere su autorización expresa, algo que no fue otorgado para espectáculos masivos. A esto se suma la denuncia sobre el ingreso constante de camiones con desmonte para ampliar de forma irregular la franja costera, sin estudios de impacto ambiental que lo respalden.
Ambos recintos se asientan sobre más de 60,000 metros cuadrados de terreno ganado al mar. Este tipo de suelo tiende a amplificar las ondas sísmicas y es propenso a sufrir asentamientos bruscos, por lo que ante un sismo de gran intensidad podría agrietarse o hundirse y comprometer la estabilidad de las estructuras instaladas.
Uno de los puntos más críticos es la insuficiencia de vías de evacuación, los eventos convocan en promedio entre 30.000 y 40.000 asistentes, mientras que solo existen dos o tres puentes peatonales que conectan la parte baja de la Costa Verde con el acantilado. Esa desproporción configura un esquema de embudo, con millas de personas buscando salir al mismo tiempo por un número reducido de accesorios, lo que podría derivar en aglomeraciones y el colapso de las propias estructuras de salida. El comunicado agrega que parte del público podría intentar trepar los acantilados o las áreas verdes cercanas, zonas propensas a desprendimientos de rocas.
Corrosión marina y tiempo de reacción ante un tsunami
La Marina también advierte sobre el desgaste acelerado de las estructuras metálicas y las coberturas de los recintos por la humedad y la brisa marina, lo que podría facilitar el desprendimiento de piezas pesadas ante un sismo severo. A esto se suma el factor tiempo, la primera ola de un tsunami puede llegar entre 15 y 20 minutos después de un sismo de gran magnitud, un margen que la autoridad marítima considera insuficiente para desalojar a decenas de millas de personas.
Impacto en la vida cotidiana del entorno
Más allá del riesgo estructural, la operación de estos espacios genera afectaciones en su entorno inmediato. Durante los eventos, los vehículos de los asistentes suelen ocupar la Costa Verde, vía clave de acceso al aeropuerto, generando congestión en tramos críticos. A ello se suma el ruido prolongado de los conciertos, que incomoda a los vecinos, y la ocupación de calles residenciales por vehículos sin espacio en las cocheras habilitadas.
La Marina informó que remitió el caso a la Contraloría General de la República, Indecopi, el Ministerio del Interior y las municipalidades correspondientes, para que se evalúen las medidas necesarias frente a lo que califica como un riesgo latente para la seguridad de los asistentes y la población cercana.




