Brinda irresponsable «balconazo» prematuro y pretende distorsionar crifras parciales
En una muestra de alarmante desesperación política y desprecio por los canales democráticos institucionales, el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, decidió anoche autoproclamarse virtual ganador de la segunda vuelta electoral.
Utilizando como excusa un conteo rápido de Ipsos-Transparencia que arroja un empate técnico absoluto (50.3% frente al 49.7% de Keiko Fujimori, bajo un margen de error de +/- 1.9), Sánchez no dudó en montar un mitin en la Plaza San Martín para distorsionar la realidad y dar por sentada una victoria que el escrutinio oficial de la ONPE aún está lejos de confirmar.
Con el conteo oficial apenas a mitad de camino y procesándose voto a voto, la actitud del candidato izquierdista representa un peligroso juego de manipulación popular.
DISTORSIÓN
Durante su «balconazo», Sánchez intentó vender un margen milimétrico e irresoluto como una «ventaja importante que reafirma la voluntad del pueblo». Sin embargo, lo verdaderamente preocupante no fue solo la manipulación de los datos preliminares, sino la carga de odio y división de sus palabras.
En lugar de llamar a la calma y a la madurez democrática que un momento tan tenso exige, Sánchez optó por dinamitar puentes y fracturar aún más al país con un discurso incendiario:
«Este día de la Bandera Nacional empieza, hermanos y hermanas, el hito constructivo para acabar con el pacto mafioso que se ha apropiado de nuestro gobierno», exclamó ante sus simpatizantes.
Esta narrativa divisoria, que tilda de «mafia» a la mitad del país que no votó por su proyecto, no hace más que caldear los ánimos en las calles en un escenario donde la prudencia debería ser la regla de oro.
AMENAZA
Al mismo tiempo que se proclama vencedor, Sánchez utiliza un doble discurso contradictorio: exige a sus bases «la defensa del voto» y mantiene una movilización activa. Esta estrategia es vista por diversos analistas como un claro mecanismo de presión hacia los organismos electorales. Al instalar la idea de que ya ganó, cualquier resultado oficial adverso de la ONPE podría ser catalogado por su militancia como un «fraude», sembrando el caos y la inestabilidad social.
Celebrar con un sombrero chotano en la mano y hablar en nombre de «todas las sangres» no oculta la irresponsabilidad de un candidato que prefiere el aplauso rápido de la tribuna antes que el respeto a la legalidad constitucional.



