Por Magaly Zapata
La Feria del Señor del Costado de Santa Cruz, en Cajamarca, fue de menos a más. Dos tardes muy distintas: la primera, de esas que los antiguos revisteros llamaban “esaborías”, porque la expectativa no encontró correspondencia en el ruedo; la segunda, con puerta grande para Octavio Chacón y dos toros premiados con la vuelta al ruedo, uno de Hnos. Navarrete y otro de San José del Monte. En la primera jornada el peruano Óscar Quiñónez fue quien más apostó. Abrió plaza por tener que viajar a Chiclayo y dejó ante su primero buenos muletazos, especialmente un natural largo, profundo y redondo, pero la espada le cerró el camino del trofeo. Con el cuarto, de San José del Monte, vimos un Quiñónez en sazón, entendiendo mejor las embestidas y sabiendo aprovechar sus virtudes. Se dobló toreramente por abajo y construyó en los medios una faena sobre la diestra, templada y firme, aguantando sin echar el pie atrás. Volvió a fallar con el acero y se marchó entre una gran ovación y los gritos de “¡Perú, Perú!”.Calita protagonizó el episodio más ingrato de la tarde al dejarse sonar los tres avisos con su primero, complicado por el izquierdo, pero con alguna posibilidad por el derecho. El mexicano decidió no continuar y el toro terminó apuntillado desde el burladero entre los pitos del público. Tampoco tuvo opciones con el manso quinto de Navarrete. Lama de Góngora se encontró con otro lote deslucido y se esforzó con el huidizo sexto incluso cuando ya había caído la noche. La segunda de cierre cambió el tono. Octavio Chacón abrió la tarde cortando las dos orejas a un Navarrete noble pero escaso de fuerza. Lo administró con tiento y pulso, sujetándolo y toreándolo con gusto por ambos pitones. Oficio y conocimiento para hacer durar lo que tenía delante. Calita repitió sin premio, aunque mostró mayor disposición. El quinto, de Hnos. Navarrete, noble y bonito de hechuras, recibió la vuelta al ruedo. Y antes del sexto apareció un arcoíris sobre Santa Cruz. Buen augurio. Salió “El presidente”, de San José del Monte, que peleó en varas y llegó a la muleta con prontitud, nobleza, alegría y fijeza. Santana Claros tardó en encontrarle la distancia, pero cuando le dio aire y tomó la izquierda, el toro volvió a arrancarse de largo, metiendo los pitones por abajo y tomando los vuelos. Surgieron entonces naturales jaleados que emocionaron. Cortó una oreja y el toro fue premiado con la vuelta al ruedo. Así terminó Santa Cruz: después de una primera tarde que dejó más expectativas que emociones, el cierre devolvió contenido a la feria. Chacón salió a hombros y el toro puso, finalmente, la bravura y la emoción que la fiesta estaba esperando.




