La actriz reveló detalles sobre la lucha del actor contra el cáncer y la decisión de mantener su despedida en la intimidad.
La actriz Natalia Torres Vilar, esposa del actor Óscar Carrillo, compartió un emotivo testimonio sobre los últimos años y días de vida del artista, quien falleció tras una lucha reservada pero valiente contra el cáncer de colon. A través de sus redes sociales, reveló que el diagnóstico fue confirmado en septiembre de 2022 en etapa 4, una noticia que golpeó profundamente al entorno familiar, pero que fue asumida con determinación y esperanza.
Lejos de rendirse, Carrillo decidió continuar con su rutina, sin dejar de trabajar ni un solo día mientras las condiciones lo permitieron. Natalia Torres explicó que su esposo pasó por dos intervenciones quirúrgicas y dos ciclos de quimioterapia, pero optó por mantenerse activo como una forma de sostener su bienestar emocional y el de su familia. Esta elección, dijo, les permitió conservar una relativa normalidad en medio del tratamiento y la incertidumbre.
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Con el pasar del tiempo, especialmente desde enero de este año, la enfermedad se tornó más agresiva. Según relató Torres Vilar, en los últimos meses el deterioro físico fue evidente, pero también se vivió una etapa profundamente humana: se resolvieron diferencias, se compartieron palabras no dichas y se vivieron momentos de cariño auténtico. Todo, dentro del hogar, en un ambiente de contención y cuidado.
Los últimos días del actor transcurrieron con tranquilidad. “La última semana estuvo con cuidados especiales, en nuestra casa. El miércoles desde la tarde se fue apagando, sin sobresaltos, sin molestias, sin dolor, en paz. En la madrugada se fue, tomado de mi mano y junto a nuestros hijos”, escribió Torres Vilar, ofreciendo una postal íntima y serena del adiós.
El funeral se realizó de forma privada, atendiendo al expreso deseo de Carrillo. La actriz explicó que el actor siempre rechazó la exposición pública, especialmente en momentos familiares. “Él pidió que no hubiera prensa, porque no quería que me incomodaran, o a nuestros hijos, metiéndonos la cámara a la cara para mostrar cómo llorábamos”, señaló.




