Sicópata tiroteó a Ronald Reagan por amor a Jodie Foster

0
115
El presidente Ronald Reagan yace en el piso luego de haber sido impactado ohn Hinckley Jr. en Washington el 30 de marzo de 1981.

fue capturado y confesó que lo hizo inspirado en el film “taxi driver” para llamar la atención de la actriz

John Hinckley parecía uno de tantos jóvenes americanos de clase media. En 1976 había abandonado los estudios para mudarse a Hollywood con la idea de construirse una carrera como compositor musical. Ese mismo año se estrenó Taxi Driver, la película de Martin Scorsese premiada en el festival de Cannes que acabaría considerándose una de las más influyentes de la década.

El inestable Hinckley se obsesionó con la obra. La vio quince veces, escuchaba una y otra vez la banda sonora de Bernard Herrmann, comenzó a vestir como su protagonista, Travis Bickle, con botas y chaquetas militares, se aficionó a beber brandy de melocotón igual que él y adquirió un arma.

Incluso se inventó una novia ficticia con el nombre de Lynn Collins, basada en el personaje de Betsy de la película, encarnado por Cybill Shepherd. En las cartas que les escribía a sus padres, que vivían en Colorado, les hablaba de su relación con Lynn, describiendo citas, viajes, idas y venidas, todo inexistente.

Pero sobre todo, desarrolló una fijación malsana y enfermiza por la actriz Jodie Foster, que interpretaba en la película a Iris, una prostituta de 12 años que de forma estrambótica el protagonista acaba redimiendo.

Desde que dejó Los Ángeles en el 77, Hinckley comenzó una existencia errática y solitaria. Sufría una aguda depresión para la que tomaba medicación y mostraba tendencias suicidas, ideas racistas y una obsesión por la violencia y las armas.

SE GESTA EL PLAN

En 1980 les pidió a sus padres que le pagasen un curso de escritura en la Universidad de Yale, y allí se dirigió, aunque su auténtico objetivo era estar cerca de Jodie Foster, que acababa de matricularse en el prestigioso centro.

Como contaría en su carta anterior al atentado, nunca fue capaz de dirigirse a ella de forma directa. Se dedicó a espiarla, seguirla por el campus, dejar cartas en su buzón o por debajo de la puerta y la llamó por teléfono dos veces.

Foster se limitó a entregar los mensajes a su decano, sin darles mayor importancia. Pero en algún momento de 1980 en la mente de Hinckley prendió la idea ir un paso más allá en su imitación de Travis Brickle.

Igual que él en la película planea asesinar al político para el que trabaja la mujer con la que ha salido en pocas ocasiones, él se propuso hacer lo mismo pero con un objetivo mucho más notorio: el presidente de los Estados Unidos, que en aquel momento era Jimmy Carter. Pero el proyecto quedó en el papel. Pronto la política desarrolló nuevos episodios y Ronald Reagan alcanzó la presidencia.

Y en 1980, un año antes de que Hinckley empuñara el arma para llamar la atención de una mujer famosa con la que jamás había hablado, John Lennon había sido asesinado a las puertas de su hogar en el neoyorkino edificio Dakota por un joven que se declaraba su admirador. En la habitación de Hinckley encontraron la portada de Newsweek dedicada a la muerte de Lennon.

EL ATENTADO

Hasta que el 30 de marzo del año 1981, tan solo 69 días después que Ronald Reagan asumiera la presidencia de los Estados Unidos, John Warnock Hinckley Jr. intentó asesinarlo disparándole a la salida del Washington Hilton Hotel en la capital del país. Por motivo de este ataque, Reagan sufrió una perforación en el pulmón, pero la pronta atención médica le permitió recuperarse rápidamente.

En total fueron seis disparos en tan solo tres segundos.

La primera bala alcanzó en la cabeza al Secretario de Prensa de la Casa Blanca, James Brady.

La segunda le dio en la espalda al oficial de policía del Distrito de Columbia, Thomas Delahanty.

La tercera bala sobrepasó al presidente y dio contra la ventana del edificio de enfrente.

La cuarta bala le dio en el abdomen al agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy.

La quinta golpeó el cristal resistente a las balas de la ventana de la puerta abierta de la limusina del presidente.

La sexta y última bala rebotó en la limusina e impactó al presidente en la axila izquierda. El proyectil se alojó en el pulmón, a unos 2,5 cm. del corazón.

El efecto de la noticia en Jodie Foster fue devastador. “Ya no pensaba en el presidente, en el asaltante, en el crimen, en la prensa. Estaba llorando por mí misma”, confesaba en Esquire. “Yo, la víctima involuntaria. La que pagaría al final. La que pagó todo el tiempo y, sí, sigue pagando. Ese tipo de dolor no desaparece. Es algo que nunca entiendes, perdonas u olvidas. Es un dolor que nunca se puede curar con un beso de los labios de tu madre o un ‘sssh, todo está bien’. ¡No está todo bien! No lo está. Con el tiempo acabé preguntándome: ¿Por qué a mí? ¿Por qué no a alguien como Brooke Shields? La pregunta me hizo sentir mal, y cuanto peor me sentía, más difícil era solucionarlo”.

ESTRATEGIA DE LA DEFENSA

Se sumaba a todo esto que los abogados de Hinckley utilizaron Taxi Driver para construir su defensa. La idea de la ficción que influye de forma perniciosa en los actos de un criminal, hoy ya un lugar común de discusión en nuestra cultura, adquiría aquí naturaleza judicial.

El argumento era que la película podía ejercer una influencia malsana en un espectador vulnerable, a lo que la acusación esgrimía que la emulación de Hinckley del protagonista de Taxi Driver había sido “deliberada y consciente”, una forma de encauzar sus impulsos psicopáticos que acabarían mostrándose en cualquier caso de una u otra forma.

Tras ocho semanas de juicio, llegó el polémico veredicto. Hinckley fue declarado no culpable por causa de locura y en junio del 82 ingresó en el hospital psiquiátrico de San Elizabeth en Washington. Al poco de hacerlo publicaba otra carta en la que definía su tiroteo como “la mayor declaración de amor de la historia” y afirmaba que “todo el mundo conoce a John y Jodie”, comparándose con Romeo y Julieta. Tras años de sucesivos beneficios penitenciarios, Hinckley obtuvo la libertad vigilada en 2016.

POSICIÓN DE LA ACTRIZ

Desde entonces, Jodie Foster ha evitado casi siempre hablar sobre lo ocurrido, introduciendo cláusulas en sus entrevistas que vetaban cualquier referencia al tema (él también tiene prohibido, como parte de su puesta en libertad, hablar con los medios). Se ha mostrado como una de las celebridades más celosos de su intimidad, en contraste con una niñez y adolescencia ante los ojos del público desde que empezó a trabajar como actriz a los tres años.

Para cuando Jodie Foster interpretó a Iris en Taxi Driver a los doce años, era el sostén económico de su familia y tenía más créditos cinematográficos a sus espaldas que los maduros Martin Scorsese y Robert de Niro. En medio de la vorágine tras el atentado a Reagan, la revista People publicó un artículo basado en la información que les había pasado otro estudiante de Yale al que ella ni conocía.

En el texto se detallaba cómo vestía, qué comida tomaba, sus hábitos y sus amistades. Jodie se dio cuenta de que la habían estado observando desde el primer día. “No, la terrible experiencia de Hinckley no destruyó mi anonimato; sólo destruyó la ilusión de que lo había tenido”, escribía ella poco después en Esquire. “Todo hombre o mujer en este mundo tenía derecho a mirarme, señalarme y juzgarme porque… ese era mi trabajo”.

Toda la confusión de aquella extraña época se resumía cuando Jodie contaba que un día un desconocido se le acercó y le preguntó: “¿No eres tú la chica que disparó al presidente?”. Han pasado varias décadas desde entonces y el triunfo de Jodie Foster es que la aseveración de John Hinckley no se cumplió.

El atentado y su vinculación con Taxi Driver es hoy un episodio tangencial en su vida; mucha gente ni siquiera lo recuerda o sabe que sucedió. De Hinckley siguen saliendo noticias actualmente, como que está buscando trabajo como músico en California, mayormente alimentadas por la fascinación que provocan los criminales célebres. Pero ella es Jodie Foster por derecho propio, ganadora de dos Oscar, actriz, directora, una estrella por sí misma con una vida privada construida al margen de una historia dolorosa.


 

ANTES DE SALIR A LA CALLE PARA TIROTEAR A RONAL REAGAN

Carta del sicópata Hinckley a Jodie Foster antes de su intento de magnicidio

Imagen de la ficha policial de Hinckley tras ser detenido.

El 30 de marzo de 1981 el joven de 25 años John Hinckley Jr. escribió la siguiente carta:

“Querida Jodie:

Existe una posibilidad muy seria de que me maten durante mi intento de pillar a Reagan. Precisamente por eso te escribo esta carta ahora.

Como bien sabes a estas alturas, te quiero mucho. Durante los últimos siete meses te he dejado docenas de poemas, cartas y mensajes de amor con la débil esperanza de que pudieras desarrollar un interés hacia mí. Aunque hablamos por teléfono un par de veces, nunca tuve el descaro de acercarme a ti y presentarme. Además de mi timidez, sinceramente no quería molestarte con mi presencia constante. Sé que los muchos mensajes que dejé en tu puerta y en tu buzón fueron una molestia, pero sentía que era la forma más indolora de expresar mi amor por ti.

Me siento muy bien por el hecho de que al menos conozcas mi nombre y sepas lo que siento por ti. Y merodeando por tu dormitorio, me he dado cuenta de que soy el tema de más de alguna pequeña conversación, por muy ridícula que sea. Al menos sabes que siempre te amaré.

Al regresar a su habitación al final del día, su compañera de cuarto le contó que la radio estaba diciendo que la persona que había intentado asesinar al presidente era “John”. Jodie respondió: “Bobadas. Te estás imaginando cosas”

Jodie, abandonaría esta idea de atrapar a Reagan en un segundo si pudiera ganar tu corazón y vivir el resto de mi vida contigo, ya sea en la oscuridad total o como fuera.

Admito que la razón por la que sigo adelante con este intento es porque no puedo esperar más para impresionarte. ¡Tengo que hacer algo ahora para que entiendas, de forma inequívoca, que estoy haciendo todo esto por tu bien! Al sacrificar mi libertad y posiblemente mi vida, espero cambiar tu opinión sobre mí. Esta carta se escribe sólo una hora antes de que me vaya al hotel Hilton. Jodie, te pido que, por favor, mires en tu corazón y al menos me des la oportunidad, con este hecho histórico, de ganarme tu respeto y amor”.

La destinataria de la misiva era la famosa actriz Jodie Foster (Los Ángeles, 1962), que a sus 18 años acababa de ingresar en la universidad de Yale para llevar la existencia anónima de una estudiante más. O eso pensaba ella. John Hinckley no llegó a enviar la carta; la dejó en su habitación del hotel de Washington en el que se alojaba, cargó su arma, se tomó un Valium y se dirigió a la entrada del hotel Hilton.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/09/04/icon/1599208192_954779.html