El primer ministro de Taiwán, Cho Jung-tai, ha ordenado la puesta en marcha de un plan de contingencia para mitigar el impacto económico del conflicto en Medio Oriente.
La estrategia se centra en estabilizar el mercado interno mediante la coordinación con las principales petroleras del país para garantizar el flujo de materias primas y energía. Entre las medidas inmediatas destaca la activación de subvenciones al combustible para el sector aéreo y ayudas específicas para los sectores agrícola y pesquero.
En el ámbito sanitario y de consumo, el Gobierno ha instruido al Ministerio de Salud para que asegure el abastecimiento de suministros médicos básicos y ha reforzado la vigilancia sobre los precios de venta al público. Se han programado inspecciones sorpresa de carácter interministerial para evitar que las empresas aprovechen la coyuntura internacional para acaparar productos o inflar los precios de manera injustificada. El Ejecutivo advierte de que aplicará sanciones más severas si detecta irregularidades graves de forma recurrente.
Respecto a la seguridad internacional, las autoridades han emitido una recomendación oficial de no viajar a las zonas afectadas por la guerra y han confirmado que se está trabajando en la protección de los ciudadanos taiwaneses que residen en la región. El gabinete de crisis monitorizará la evolución de la situación geopolítica de forma continua para ajustar las políticas de estabilidad y asegurar que el suministro de bienes esenciales para la vida civil no se vea comprometido por la inestabilidad externa.



