Todo el sistema está descompuesto

por | Oct 23, 2019 | Opinión

Por: William C. Contreras Chavez 

Como consecuencia  de la crisis política que afrontó el país hace unas semanas atrás, quiérase o no se viene imponiendo y reconociendo en los hechos la justificación del cierre del Congreso de la República; situaciones concretas como  la declaración del Tribunal Constitucional para no admitir la incorporación del  nonato nombramiento de Gonzalo Ortiz de Zevallos y por cierto la decisión de los partidos políticos Fuerza Popular y  el APRA para participar en el próximo  proceso electoral complementario a  fin de  elegir a los nuevos congresistas  así lo demuestran.

Podemos estar o no de acuerdo con el cierre del Congreso de la República, pero la decisión del Ejecutivo se ha visto respaldado no solo por posiciones de sendos constitucionalistas sino también por una absoluta mayoría de ciudadanos del país. Como también es verdad que tal desenlace fue objetado por otro sector de inminentes constitucionalistas y rechazada por una población absolutamente minoritaria.

Pero qué duda cabe, tampoco podemos cerrar los ojos ante el inaceptable manejo de la conducción de una alianza mayoritaria en el  seno del extinto  Congreso, que hizo de éste una matonería política para arrasar  con propuestas y proyectos que no eran de su interés, expresándose en  la protección grosera a los suyos y aliados aun cuando existía evidentes  actos lesivos a la  ética,  pero fundamentalmente por apañar a personajes del sistema jurídico y político vinculados a la corrupción,  cuyas evidencias aún vienen apareciendo y remeciendo la vida política  del país.

En efecto, claro está que  nuestro sistema está profundamente resquebrajado; y que la mentada vulneración de la Carta Magna y el golpismo no cuajan si se tiene en cuenta que de no haberse producido tal decisión política pudimos ser objeto de  un desborde social que se encontraba en curso, pero cuya dimensión no coincidió felizmente con lo ocurrido justamente con nuestros vecinos de Ecuador y Chile; como tampoco es válido ni cierto  que en aras del respeto a  la Constitución, el Perú tenga  que haber  esperado  que el exCongreso de la República  tenga que haber culminado el  período de 5 años, cuando esa  mayoría parlamentaria se ha venido defecando   en la lucha contra la corrupción, protegiendo  determinados intereses económicos y políticos.

El ejecutivo  adolece de la suficiente autoridad moral para hablar  en nombre de la lucha contra la corrupción, aun cuando este fue el caballo de batalla que aceleró el resquebrajamiento  institucional,  por existir serios cuestionamientos contra  el  propio Presidente de la República en el ejercicio de la actividad privada y pública; situación que justifica la convocatoria a un nuevo proceso electoral con reglas definidas  por el Jurado Nacional de Elecciones, cuya conducta de algunos magistrados  también se han puesto en tela de juicio  y que aún no han sido  desvirtuadas ni aclaradas satisfactoriamente.

Finalmente, corresponde a los partidos políticos escoger  a sus mejores cuadros que respondan con probidad  y ética la labor  parlamentaria  y por ende atañe a la ciudadanía votar  con conocimiento de causa, por los mejores candidatos  y espacios políticos, a fin de   recuperar la credibilidad  del fuero parlamentario  y en ese corto tiempo  se encauce  un proceso eminentemente democrático, con apego a la Constitución, a la ética,  a la equidad,  a la justicia social que el país espera largamente.

 (*) Abogado y analista político.