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    Traudl Junge, la secretaria nazi arrepentida de Hitler

    Vivió los momentos finales del Reich en el bunker de Hitler, fue testigo de su casamiento con Eva Braun y escribió el testamento del Fuhrer

     LAVANGUARDIA.COM

    Gertraud “Traudl” Junge tenía 22 años cuando por una recomendación de una pariente de Martin Bormann, el oficial quizás más poderoso del Tercer Reich, se convirtió en secretaria de la cancillería alemana.

    Sus dotes literarios llamaron la atención de Adolf Hitler quien la tomó como asistente privada. Era un sueño convertido en realidad para la joven Traudl -como la apodaban-, que se había criado en un hogar afín al partido nazi.

    Su padre, Max Humps, fue uno de los partícipes de Putsch de Múnich, y Gertraud se inscribió a temprana edad en la Liga de Muchachas Alemanas (abreviado BDM), una rama de las Juventudes Hitlerianas, presidida por Trude Mohr quien proponía que sus seguidoras debían formar una “generación libre de toda emoción sentimental y entusiasta de una femineidad claramente definida”.

    Los meses que trabajó para Hitler fueron cuando menos extraños. Aquel era un universo cerrado en el que resultaba tan difícil entrar como salir y que, a medida que las armas germanas retrocedían, fue aislándose cada vez más del mundo exterior.

    Integrada al entorno

    Traudl fue bien aceptada por sus compañeras y también por Hitler, que solía ser amable y solícito con los miembros de su servicio personal. Traudl se sintió pronto integrada, y se reforzó en ella la imagen positiva del Führer: “Me sentí fascinada por Adolf Hitler, […], era un jefe agradable y un amigo paternal”.

    Su servicio se desarrolló básicamente entre Berlín y el Berghof, la residencia estival de Hitler cerca de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. Pronto conoció al apuesto ayudante de campo del Führer, el SS-Obersturmführer Hans Hermann Junge, con el que se casó el 19 de junio de 1943. El matrimonio sería de corta duración. El avión en el que viajaba Junge en labores de observación fue abatido en el frente de Normandía en agosto del año siguiente.

    Amiga de Eva Braun

    En cualquier caso, la ahora Sra. Junge se fue adaptando a los horarios, situaciones y personajes de su entorno. Trabó una sincera amistad con Eva Braun , la amante y futura esposa de Hitler. Pero Traudl nunca cuestionó lo que ocurría a su alrededor, pese a que algunas de las dramáticas medidas tomadas era ella misma quien las transcribía.

    La encontramos en el Führerbunker berlinés durante los últimos días del Reich. Se negó a huir de allí cuando se le dio la oportunidad, ligando su vida a la del canciller.

    Allí Traudl y Gerda Christian -la otra secretaria, casada con un oficial de la Luftwaffe- convivieron con Eva Braun, Joseph Goebbels, su esposa Magda y sus cinco hijos, además de Otto Günsche (edecán del Führer), Erich Kempka (chofer personal de Hitler) y el todopoderoso Martin Bormann, el hombre que manejaba los fondos secretos del partido.

    Vida en el bunker

    Traudl se sintió integrada al grupo y trabajaba cómodamente con devoción por su jefe, por quien sentía fascinación por ser un “hombre agradable y amigo personal”, además de sentir un afecto especial por Eva Braun.

    La vida de Traudl tuvo un vuelco dramático cuando en 1944, ante la inminente llegada de las fuerzas aliadas a Berlín, Hitler se trasladó con toda su comitiva al bunker construido bajo la cancillería.

    Traudl vivió los momentos finales del Reich. Fue testigo de su casamiento con Eva y fue ella quien escribió el testamento del Führer.

    Le tocó presenciar la muerte de los hijos de Goebbels, y vio los cuerpos sin vida de Hitler y Braun. Muerto el Fuhrer y quemado su cuerpo, nada más podía hacer Traudl en la Cancillería, y se fue del edificio con una cápsula de cianuro que había recibido de manos de su jefe.

    Capturada

    Kempka, Günsche, Bormann y su compañera Gerda huyeron del bunker con ella, pero el destino los separó en una ciudad caótica como lo era esa Berlín, tomada por soviéticos ansiosos de vengar las barbaridades cometidas por los nazis en su país.

    Bormann fue asesinado, Gerda violada por los soldados rusos -como ocurrió con otras 2 millones de mujeres alemanas-, y Günsche capturado por los soviéticos, mientras que Kempka pudo huir, hasta caer en manos de los norteamericanos. Con el tiempo publicaría un libro, llamado Yo quemé a Hitler.

    Traudl tuvo más suerte y después de un tiempo detenida fue liberada e intentó rehacer su vida trabajando como periodista y escritora. En varias oportunidades describió su relación cercana con Hitler y aseguró no saber nada sobre las atrocidades que cometió en pos de la supuesta pureza racial.

    Sus memorias

    La catarsis liberadora la llevó a cabo poco antes de su muerte, provocada por un cáncer de pulmón. En compañía de la periodista austríaca Melissa Müller, abrió el cajón de sus recuerdos y volcó sus memorias con el título Hasta el último momento, texto que sirvió como argumento de la película La caída (Der Untergang), de Oliver Hirschbiegel .

    Completó sus memorias con el documental ‘El ángulo muerto’ (2002), de Othmar Schmiderer y André Heller, en el que vertió consideraciones y sentimientos.

    En paz con su pasado y consigo misma. Traudl Junge murió a los 81 años en Berlín el 11 de febrero del 2002.

    Vivió los momentos finales del Reich en el bunker de Hitler, fue testigo de su casamiento con Eva Braun y escribió el testamento del Fuhrer

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    Gertraud “Traudl” Junge tenía 22 años cuando por una recomendación de una pariente de Martin Bormann, el oficial quizás más poderoso del Tercer Reich, se convirtió en secretaria de la cancillería alemana.

    Sus dotes literarios llamaron la atención de Adolf Hitler quien la tomó como asistente privada. Era un sueño convertido en realidad para la joven Traudl -como la apodaban-, que se había criado en un hogar afín al partido nazi.

    Su padre, Max Humps, fue uno de los partícipes de Putsch de Múnich, y Gertraud se inscribió a temprana edad en la Liga de Muchachas Alemanas (abreviado BDM), una rama de las Juventudes Hitlerianas, presidida por Trude Mohr quien proponía que sus seguidoras debían formar una “generación libre de toda emoción sentimental y entusiasta de una femineidad claramente definida”.

    Los meses que trabajó para Hitler fueron cuando menos extraños. Aquel era un universo cerrado en el que resultaba tan difícil entrar como salir y que, a medida que las armas germanas retrocedían, fue aislándose cada vez más del mundo exterior.

    Integrada al entorno

    Traudl fue bien aceptada por sus compañeras y también por Hitler, que solía ser amable y solícito con los miembros de su servicio personal. Traudl se sintió pronto integrada, y se reforzó en ella la imagen positiva del Führer: “Me sentí fascinada por Adolf Hitler, […], era un jefe agradable y un amigo paternal”.

    Su servicio se desarrolló básicamente entre Berlín y el Berghof, la residencia estival de Hitler cerca de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. Pronto conoció al apuesto ayudante de campo del Führer, el SS-Obersturmführer Hans Hermann Junge, con el que se casó el 19 de junio de 1943. El matrimonio sería de corta duración. El avión en el que viajaba Junge en labores de observación fue abatido en el frente de Normandía en agosto del año siguiente.

    Amiga de Eva Braun

    En cualquier caso, la ahora Sra. Junge se fue adaptando a los horarios, situaciones y personajes de su entorno. Trabó una sincera amistad con Eva Braun , la amante y futura esposa de Hitler. Pero Traudl nunca cuestionó lo que ocurría a su alrededor, pese a que algunas de las dramáticas medidas tomadas era ella misma quien las transcribía.

    La encontramos en el Führerbunker berlinés durante los últimos días del Reich. Se negó a huir de allí cuando se le dio la oportunidad, ligando su vida a la del canciller.

    Allí Traudl y Gerda Christian -la otra secretaria, casada con un oficial de la Luftwaffe- convivieron con Eva Braun, Joseph Goebbels, su esposa Magda y sus cinco hijos, además de Otto Günsche (edecán del Führer), Erich Kempka (chofer personal de Hitler) y el todopoderoso Martin Bormann, el hombre que manejaba los fondos secretos del partido.

    Vida en el bunker

    Traudl se sintió integrada al grupo y trabajaba cómodamente con devoción por su jefe, por quien sentía fascinación por ser un “hombre agradable y amigo personal”, además de sentir un afecto especial por Eva Braun.

    La vida de Traudl tuvo un vuelco dramático cuando en 1944, ante la inminente llegada de las fuerzas aliadas a Berlín, Hitler se trasladó con toda su comitiva al bunker construido bajo la cancillería.

    Traudl vivió los momentos finales del Reich. Fue testigo de su casamiento con Eva y fue ella quien escribió el testamento del Führer.

    Le tocó presenciar la muerte de los hijos de Goebbels, y vio los cuerpos sin vida de Hitler y Braun. Muerto el Fuhrer y quemado su cuerpo, nada más podía hacer Traudl en la Cancillería, y se fue del edificio con una cápsula de cianuro que había recibido de manos de su jefe.

    Capturada

    Kempka, Günsche, Bormann y su compañera Gerda huyeron del bunker con ella, pero el destino los separó en una ciudad caótica como lo era esa Berlín, tomada por soviéticos ansiosos de vengar las barbaridades cometidas por los nazis en su país.

    Bormann fue asesinado, Gerda violada por los soldados rusos -como ocurrió con otras 2 millones de mujeres alemanas-, y Günsche capturado por los soviéticos, mientras que Kempka pudo huir, hasta caer en manos de los norteamericanos. Con el tiempo publicaría un libro, llamado Yo quemé a Hitler.

    Traudl tuvo más suerte y después de un tiempo detenida fue liberada e intentó rehacer su vida trabajando como periodista y escritora. En varias oportunidades describió su relación cercana con Hitler y aseguró no saber nada sobre las atrocidades que cometió en pos de la supuesta pureza racial.

    Sus memorias

    La catarsis liberadora la llevó a cabo poco antes de su muerte, provocada por un cáncer de pulmón. En compañía de la periodista austríaca Melissa Müller, abrió el cajón de sus recuerdos y volcó sus memorias con el título Hasta el último momento, texto que sirvió como argumento de la película La caída (Der Untergang), de Oliver Hirschbiegel .

    Completó sus memorias con el documental ‘El ángulo muerto’ (2002), de Othmar Schmiderer y André Heller, en el que vertió consideraciones y sentimientos.

    En paz con su pasado y consigo misma. Traudl Junge murió a los 81 años en Berlín el 11 de febrero del 2002.

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