Trigo y cizaña

0
1206

Escribe: Carlos E. García Tapia

La coexistencia del trigo y la cizaña se verifica en todos los ámbitos de la sociedad y de sus instituciones. Difícilmente podremos identificar un espacio del tejido social en el que no se puedan encontrar elementos buenos y elementos malos.

 

La Iglesia Católica, vista desde una perspectiva sociológica, no es ajena a esta realidad. Justos y pecadores conviven bajo el mismo techo. Esto no es ninguna novedad. El iniciador del cristianismo, Jesucristo, lo dijo claramente cuando presentó la imagen del campo en el que crecen juntos el trigo y la cizaña.

 

La investigación recientemente publicada en el portal peruano La Abeja sobre las actividades del periodista Pedro Salinas (ver aquí) invita a una reflexión. Una cosa es corroborar esta realidad bipolar —el trigo y la cizaña—, exponerla al público con el objetivo de propiciar una purificación, en vistas a un bien futuro; y otra, muy distinta, es utilizar su existencia para lograr otros objetivos. Según la publicación, Salinas tendría información sobre “trapitos sucios” de algunos oficiales de la Iglesia peruana y habría ofrecido su discreción al respecto a cambio de que se le concediese una lista de pedidos.

 

El requerimiento habría sido hecho al Nuncio en el Perú, Mons. Nicola Girasoli, quien debería procurar que los obispos de la conferencia episcopal le hagan la ley del hielo a Mons. Eguren en relación a la querella por difamación que ha interpuesto contra Pedro Salinas y Paola Ugaz; que se ejerza presión (¿al Papa?) para que destituya al Comisario que debe conducir a buen puerto el complejo caso de la congregación peruana Sodalicio de Vida Cristiana; y finalmente que se reciba a las víctimas que han sufrido abusos en esta organización religiosa.

 

No hay otro nombre para este modo de proceder que chantaje. Todo chantaje se apoya en una verdad (o media verdad, que para el caso es más útil) que sirve de palanca para conseguir lo que se quiere. De otra forma no es eficaz. Salinas estaría utilizando las informaciones a las que parece tener acceso, potencialmente escandalosas, a cambio de que se le concedan sus demandas.

 

Este proceder no es ético ni periodística ni humanamente. Aunque sea quizá el camino más corto para lograr lo que se quiere, no hay forma de avalar el chantaje sino es a costa de principios profesionales y éticos que son lo único que custodia al periodismo para no convertirse en un tipo de actividad mercenaria y vil.

Pedro Salinas, de ser estas informaciones verdaderas, se estaría situando en el bando de la cizaña periodística que él tanto se afana en denunciar.