Vizcarra, el tirano

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Por: Javier Valler Riestra

Por: Javier Valle Riestra 

El presente artículo debe considerarse como una búsqueda de respuesta a la inquietud que agobia a todos los hombres del Perú: ¿Existe algún medio legal de prevenir y evitar el absolutismo presidencial? ¿Existe algún medio para castigar las arbitrariedades del Gobernante? ¿Existen recursos para defender el Estado de Derecho? ¿Para mantenerlo? ¿Qué puede hacer la Justicia, en general, para proteger la Constitución y hasta qué punto es posible organizar dentro de su esfera instituciones especiales cuyo sentido y fin sean asegurar o garantizar una Constitución?

Algunos creen que esa solución la pueden brindar órganos independientes que vigilen al Estado como legislador. No pocos creen en que es imprescindible el recorte de las atribuciones del Jefe de Estado; en fin, no discutimos la ventaja de todas esas medidas. Lo que pretendemos indicar en el desarrollo de este artículo es que una de las vías para defender el orden jurídico es la de organizar un efectivo sistema de responsabilidades oficiales ¿Cómo? Haciendo una realidad del Juicio Político o Impeachment. Estableciendo claramente la responsabilidad del Jefe de Estado durante su mandato y a su término. A esta solución no es extraño el constitucionalista Esmein, quien afirma que una condición esencial de la libertad política es, la responsabilidad del Poder Ejecutivo.

Bajo el reinado de la ley es él quien debe asegurar la ejecución de ésta. Pero, por lo mismo, puede tratar de violarla, de liberarse de ella. Además, es él quien naturalmente decide los actos que la ley no puede reglamentar de antemano; y en el ejercicio de esa autoridad arbitraria puede ser abusivo y dañino. Y en este sentido es justo mencionar que los principales atentados contra la ley han partido, en nuestro medio, del Poder Ejecutivo. No ha habido modo de detener el legicidio.

Es por eso que cuando Víctor Andrés Belaunde, en 1914, hacía un brillantísimo análisis de la crisis del Poder Ejecutivo proclamaba: “Y como por defectos de nuestro carácter y vicios sociales arraigadísimos, la misma suntuosidad exterior e idénticos servilismo y atmosfera de rendimiento que rodeaban al virrey, rodean hoy al Jefe del Estado, reviviendo el decorativismo colonial, podemos sostener, sin exageración que el Presidente de la República es un virrey sin monarca, sin Consejo de Indias, sin oidores y sin juicio de residencia”. Parecía hablar del tirano Vizcarra.