Revela infiltración soviética en Perú en régimen de Velasco
Ricardo Sánchez Serra
En una presentación sin eufemismos ni adornos, el periodista Aldo Mariátegui lanzó su más reciente investigación: “KGB y Velasco: La Alianza URSS–Perú 1968–1975. Cómo el espionaje ruso infiltró toda América Latina”. El evento, realizado en Lima, contó con la intervención del exvicepresidente y excanciller Francisco Tudela, quien ofreció una exposición rigurosa, documentada y reveladora sobre el papel de la inteligencia soviética en la región.
Francisco Tudela ofreció una intervención magistral que reveló el alcance de la infiltración soviética en el Perú y América Latina
El libro, basado en los archivos Mitrokhin y en fuentes inéditas consultadas por el autor en Cambridge, reconstruye cómo la KGB operó en el Perú durante el régimen militar de Juan Velasco Alvarado, estableciendo vínculos con el SIN, el SINAMOS y sectores políticos y sindicales afines. Mariátegui expone nombres, redes, métodos y contradicciones, en un relato que combina investigación histórica con análisis geopolítico.

Tudela: “Los servicios de inteligencia mutan, pero nunca desaparecen”
Francisco Tudela, exvicepresidente y excanciller, ofreció una intervención de alto calibre intelectual, que combinó erudición histórica, análisis geopolítico y memoria institucional. Con precisión y sin ambages, trazó un recorrido por la evolución de los servicios secretos soviéticos, desde la Cheka leninista hasta el FSB contemporáneo, pasando por la NKVD, el GRU y la temida KGB.
Tudela explicó que la estrategia soviética no apelaba a la simpatía ideológica, sino al posicionamiento estratégico. “La Unión Soviética no buscaba conquistar corazones, sino ubicarse en los puntos geográficos clave”, afirmó. En ese sentido, el Perú -con cinco fronteras, acceso al Pacífico y una retórica antiestadounidense- ofrecía condiciones ideales para la instalación de una residentura activa.

Uno de los momentos más reveladores fue cuando Tudela -en su intervención magistral- expuso el rol de Nikolái Leonov, alto funcionario del Segundo Departamento de la KGB para América Latina, amigo íntimo de Raúl Castro y arquitecto del G2 cubano. Leonov operó en Lima bajo cobertura periodística, estableciendo vínculos con el gobierno revolucionario de Velasco Alvarado y con el Partido Comunista Peruano, liderado por Jorge del Prado.
“La KGB infiltró al más alto nivel del gobierno militar”, sentenció Tudela, mencionando casos como el del general Enrique Gallegos Venero -recibido por Yuri Andrópov en Moscú y considerado operador clave en la alianza con la URSS- y el del general Pedro Richter Prada, quien pese a su fama de moderado, fue confidente estrecho de la inteligencia soviética, ocupando cargos sensibles como ministro del Interior y presidente del Consejo de Ministros.
Tudela también abordó la colaboración entre el SIN, el CIE y la KGB, la formación de oficiales peruanos en Moscú, y el uso del Perú como plataforma para operaciones encubiertas en terceros países. Su exposición concluyó con una advertencia que resonó en la sala: “Los servicios de inteligencia mutan, pero nunca desaparecen. Lo que fue la KGB sigue operando, bajo otras siglas, otros métodos y otros intereses”.

Mariátegui: “Aquí hubo colaboración, no solo infiltración”
Aldo Mariátegui, por su parte, ofreció una intervención directa, reveladora y sin concesiones. Explicó cómo accedió a los archivos Mitrokhin en el Churchill College de Cambridge, donde examinó más de 25.000 documentos clasificados que detallan operaciones encubiertas de la KGB en América Latina. Con apoyo de traductores independientes, logró descifrar informes en ruso que identifican agentes, contactos confidenciales y métodos de penetración soviética en el Perú.
Mariátegui reveló que el Perú no fue solo víctima de espionaje, sino también plataforma activa para operaciones en Estados Unidos. Desde Lima, se falsificaban documentos y se creaban identidades latinoamericanas para agentes ilegales que luego operaban en Norteamérica. “Aquí hubo colaboración, no solo infiltración”, afirmó, subrayando la complicidad de sectores del aparato estatal peruano con los servicios soviéticos.
El autor también abordó las tensiones internas del bloque comunista, las diferencias entre Brézhnev y Andrópov, y la relación ambigua con regímenes como el de Allende en Chile. “Los rusos no querían otra Cuba. Les costaba mucho dinero y Castro era impredecible”, comentó. Además, destacó que el régimen de Velasco ofrecía a Moscú una oportunidad única: un gobierno militar con retórica antiestadounidense, sin necesidad de financiar una revolución.
Mariátegui cerró su intervención con una advertencia: los servicios de inteligencia mutan, pero no desaparecen. Y lo que fue la KGB sigue operando bajo nuevas formas, objetivos y banderas.
Un libro incómodo, necesario y oportuno
KGB y Velasco no es un texto complaciente. Es una obra que incomoda a quienes aún leen la historia latinoamericana con lentes ideológicos de la Guerra Fría. Mariátegui y Tudela coinciden en que la política internacional no se mueve por simpatías, sino por intereses. Y que el Perú, en ese periodo, fue parte de una estrategia global que hoy sigue vigente bajo otras formas y actores.
El libro invita a revisar con honestidad los vínculos entre ideología, poder y soberanía. Y a entender que, en el tablero internacional, la ingenuidad cuesta caro.




