Una inversión estratégica que puede abrir una nueva etapa bilateral
Ricardo Sánchez Serra
Hay inversiones que trascienden las cifras. Algunas revelan, además, la confianza que un país deposita en otro y pueden convertirse en auténticos puentes para una relación bilateral todavía con enorme potencial. La decisión del Fondo Estatal del Petróleo de la República de Azerbaiyán (SOFAZ) de invertir en Inkia Energy, el mayor productor independiente de electricidad del Perú, pertenece a esa categoría.
La operación adquiere especial significado porque se produce en un momento en que Perú y Azerbaiyán avanzan hacia tres décadas de relaciones diplomáticas, marcadas por la cordialidad y por una voluntad compartida de ampliar la cooperación. La llegada de capital azerí al sector energético peruano constituye ahora una señal concreta de que esos vínculos pueden adquirir una dimensión económica mucho más profunda.
SOFAZ ha ingresado como inversionista en Inkia Energy en el marco de su asociación con I Squared Capital, una de las principales gestoras mundiales de inversiones en infraestructura. La operación se articula con la adquisición, en febrero de 2026, del 50 % de Inkia por parte del fondo canadiense Canada Pension Plan Investment Board (CPPIB), mientras que el 50 % restante fue adquirido mediante una estructura de inversión gestionada por I Squared Capital, en la que también participa SOFAZ.
EMPRESA ESTRATÉGICA
La importancia de Inkia explica el interés de esta inversión. La compañía cuenta con una cartera diversificada de activos de generación eléctrica que comprende hidroeléctrica, gas natural, energía solar y eólica.
Su capacidad efectiva total alcanza los 2,6 gigavatios, y produce aproximadamente el 22 % de la electricidad del Perú, de acuerdo con la información difundida por AZERTAC.
Pero quizá más importante aún es su perspectiva futura. Inkia posee una cartera de desarrollo superior a 4 gigavatios, concentrada principalmente en proyectos de energías renovables, cuya expansión constituye una prioridad estratégica de largo plazo.
Estamos, por tanto, ante una inversión en un sector esencial para el crecimiento peruano: la generación de energía. Un país que aspira a desarrollarse necesita electricidad suficiente, confiable y competitiva para sus industrias, sus ciudades y sus nuevos proyectos de inversión.
MIRA A AMÉRICA LATINA
Para Azerbaiyán, la operación también tiene una lógica estratégica. SOFAZ busca diversificar geográficamente su cartera de inversiones y ampliar su presencia en activos sostenibles y de infraestructura.
La entrada en Inkia permite al Fondo colocar capital en una empresa de gran relevancia para el mercado energético peruano y, simultáneamente, incrementar su exposición a América Latina, una región que ofrece importantes oportunidades de crecimiento.
Hay, además, un elemento particularmente interesante: el capital procede de un país cuya historia económica está estrechamente vinculada a los hidrocarburos y ahora participa en una compañía cuya cartera combina gas natural con energía hidroeléctrica, solar y eólica.
Es una muestra de la transformación que experimentan las inversiones internacionales y de cómo los fondos soberanos pueden convertirse en instrumentos para construir nuevas alianzas económicas.
PUENTE ENTRE BAKÚ Y LIMA
Aquí aparece la dimensión diplomática de la operación.
Durante años, las relaciones entre Perú y Azerbaiyán han sido esencialmente cordiales, pero todavía no han alcanzado todo su potencial económico. La inversión de SOFAZ en Inkia puede contribuir a cambiar esa situación.
Azerbaiyán posee capital, experiencia energética y una creciente vocación inversora internacional. El Perú, por su parte, dispone de recursos naturales, una posición privilegiada en el Pacífico, una economía abierta y enormes posibilidades en energía, minería, infraestructura, agroindustria y servicios.
Por eso, sería conveniente que esta inversión no quedara como una operación aislada. Puede ser el punto de partida para atraer nuevos capitales azeríes al Perú y, al mismo tiempo, para que empresas peruanas exploren las posibilidades que ofrece el mercado de Azerbaiyán como puerta de entrada al Cáucaso y a otros mercados de Eurasia.
EMBAJADA
La nueva realidad económica también obliga a mirar nuevamente la dimensión diplomática.
El Perú tuvo una Embajada residente en Bakú, inaugurada en 2017 precisamente con el propósito de fortalecer los vínculos políticos, comerciales y económicos. Posteriormente, la misión fue cerrada por inexplicablemente y a pedido de una exembajadora.
Hoy las circunstancias son diferentes.
Azerbaiyán mantiene desde hace años una representación diplomática en Lima y acaba de producirse una inversión de su fondo soberano en una empresa estratégica del sector eléctrico peruano. Este nuevo escenario constituye un argumento adicional para que el Perú vuelva a evaluar seriamente la reapertura de su Embajada en Bakú.
Una presencia diplomática permanente no debe contemplarse únicamente desde la perspectiva protocolar. Una embajada es también una plataforma para promover inversiones, identificar oportunidades comerciales, acompañar a empresarios, facilitar contactos institucionales y proyectar los intereses nacionales y más en un país geopolíticamente importante.
Si Azerbaiyán está colocando capital en el Perú, resulta razonable que el Perú tenga una presencia diplomática capaz de acompañar y multiplicar ese acercamiento.
OPORTUNIDAD
La inversión de SOFAZ en Inkia Energy puede ser, por ello, mucho más que una operación financiera.
Puede convertirse en un punto de inflexión en las relaciones peruano-azeríes y demostrar que tres décadas de amistad diplomática pueden abrir paso a una nueva etapa de cooperación económica, inversiones, tecnología y prosperidad compartida.
El desafío corresponde ahora a ambos países. Bakú ha demostrado que mira al Perú con interés y confianza. Lima debe saber responder a esa señal y convertirla en una política de Estado que permita ampliar los vínculos económicos y comerciales.
La inversión de Azerbaiyán en Inkia no solo ilumina una parte importante de la matriz energética peruana. También puede iluminar un nuevo camino para las relaciones entre Lima y Bakú.
Azerbaiyán ha dado un paso hacia el Perú. Ahora corresponde al Perú dar el siguiente paso hacia Bakú.



