Gobierno de Arce atribuye la crisis a problemas logísticos y económicos.
Bolivia atraviesa una crisis energética debido a la escasez de combustible, impactando la vida cotidiana y la economía del país. La insuficiente producción interna ha generado una alta dependencia de las importaciones, causando largas filas en las estaciones de servicio, donde los ciudadanos pueden esperar hasta 30 horas para abastecerse de diésel o gasolina.
Este desabastecimiento afecta principalmente al sector transporte y a la agricultura, pilares clave de la economía boliviana. La falta de combustible ha complicado el traslado de productos agrícolas, lo que podría provocar escasez de alimentos y significativas pérdidas económicas para los productores. La crisis ha generado preocupación no solo en Bolivia, sino también en países vecinos como Perú. Álvaro Ríos, exministro de Hidrocarburos, advirtió sobre la gravedad de la situación, señalando que los conductores bolivianos han llegado a dormir en las calles por semanas mientras esperan combustible.
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Las consecuencias del colapso energético han desencadenado bloqueos de carreteras y protestas en diversas regiones del país. Bolivia consume más de 7 millones de litros de diésel diarios, pero la falta de recursos para sostener las importaciones ha generado un desabastecimiento generalizado, afectando tanto el comercio como el transporte público. La crisis ha evidenciado la urgencia de una reforma en la gestión energética y una mejor planificación en la adquisición de combustibles.
En medio de este escenario, la diferencia de precios entre ambos países ha incentivado el contrabando de productos bolivianos hacia el Perú. En la frontera, específicamente en la comunidad de Virupaya, se ha detectado la salida irregular de alimentos, hidrocarburos y gas con sello de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). A pesar de la presencia de un puesto militar, no existen controles efectivos que frenen esta actividad ilícita. Camiones y depósitos disfrazados de viviendas son utilizados para trasladar la mercancía a ciudades peruanas como Huancané y Juliaca, afectando tanto la economía boliviana como la peruana.




