El desabastecimiento energético y el impacto de factores climáticos y logísticos impulsan alzas en productos básicos en el mercado Caquetá de Lima, complicando la economía familiar ante un panorama de escasez de combustibles.
La crisis energética que vive el país —generada por la interrupción del suministro de Gas Natural Vehicular (GNV) tras la ruptura de un ducto en el proyecto Camisea (Cusco) y que ha obligado al racionamiento de combustibles como el GNV y presionado al alza los precios de gasolina y diésel— también comienza a sentirse en los mercados de alimentos básicos de Lima.
Un recorrido por el mercado Caquetá reveló que varios productos de primera necesidad han experimentado incrementos de hasta el doble o más de su valor habitual, afectando el presupuesto de las familias que compran alimentos frescos para su consumo diario.
Entre los productos con mayores alzas destaca el ajo, cuyo precio por kilo pasó de alrededor de S/10–S/11 a S/17; mientras que la alverja ha aumentado de S/2–S/3 a entre S/8 y S/15, dependiendo de la calidad. El apio también ha mostrado un repunte importante, pasando de aproximadamente S/3–S/4 el paquete a cerca de S/12–S/13, y el brócoli de unos S/1 a alrededor de S/4 por kilo.
LEE:
Los comerciantes consultados atribuyen este encarecimiento tanto a efectos logísticos vinculados a la crisis del gas y el combustible como a otros factores climáticos y de oferta y demanda, como huaicos en zonas productoras que han afectado el transporte de alimentos desde el interior del país hasta los mercados capitalinos.
Las alzas han generado preocupación entre compradores habituales, quienes han comenzado a modificar sus hábitos de compra, optando por productos más económicos o reduciendo la cantidad de lo que llevan debido a la presión sobre sus presupuestos. Algunos vendedores temen que los alimentos se queden en los puestos sin venta debido a los altos precios.
Si bien algunos productos como papa, camote y limón mantienen precios estables por ahora, el panorama de precios volátiles en el mercado sugiere que la coyuntura energética y los problemas en la cadena de suministro podrían seguir impactando los costos de otros rubros en las próximas semanas si no se logra normalizar el abastecimiento de gas y combustibles.
Este fenómeno se suma a la evidencia de que la crisis de combustibles tiene efectos que se trasladan más allá del transporte, afectando la logística de alimentos y elevando los costos para consumidores y pequeños comerciantes en una economía que ya enfrenta tensiones por la escasez de GNV y los ajustes en los precios de combustibles líquidos.




