7 de julio de 2026

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Cutervo 2026: una mala gestión y el real daño al prestigio del Perú taurino

Cutervo 2026

Por: Magaly Zapata

Hay una frase que suele repetirse cuando la verdad termina imponiéndose: «Hay un Dios que todo lo ve», me dijo el empresario cuando publiqué informaciones que contradecían la versión oficial.

Más allá de cualquier creencia, el tiempo termina poniendo a cada uno en su lugar. Y en el mundo del toreo se suele decir que el toro también pone a cada cual en el suyo. Y eso es, precisamente, lo que ha ocurrido con la Feria de Cutervo 2026. Desde enero de este año publiqué informaciones que desmentían los anuncios oficiales y que, con el paso de los meses, fue revelando una realidad muy distinta a la ofrecida a la afición. Lo sucedido finalmente en el coso Jorge Piedra Lozada no fue un hecho inesperado, sino el desenlace de una cadena de advertencias que muchos prefirieron ignorar. Principalmente las autoridades y el comité organizador.

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El proceso ya despertaba dudas desde la apertura de propuestas. Incluso uno de los integrantes del comité taurino renunció denunciando falta de claridad y direccionamiento blando en la selección de la empresa adjudicataria. Posteriormente, la presentación oficial incluyó nombres de toreros que nunca estuvieron realmente contratados. El caso de Borja Jiménez fue el primero que pude confirmar directamente con el propio matador desde España, desmintiendo su anunciado compromiso con la feria. Después llegaron las bajas de ganaderías, los comunicados de toreros y las dudas sobre el cumplimiento de los pagos. El desenlace fue conocido por todos.

En la última corrida los matadores anunciados no pudieron hacer el paseíllo hasta las 6.30 pm, nocturnidad espejo de una improvisación impropia de una feria de esa categoría. Las consecuencias no terminaron con el festejo. Según diversas fuentes vinculadas al desarrollo de la feria, algunos matadores españoles habrían recurrido a préstamos para afrontar impuestos de salida de nuestro país con la promesa de cobrar posteriormente sus honorarios.  Los subalternos recibieron un “a cuenta de la deuda” para poder torear la de cierre y la cuadra de caballos también permanece a la espera de completar sus pagos, hasta hace unos días. No escribo estas líneas para decir «tenía razón».

Lo hago porque una feria histórica como la de Cutervo merece una gestión profesional, transparente y seria. La principal perjudicada ha sido una afición que volvió a confiar y recibió una organización muy por debajo de lo prometido. Pero la responsabilidad no termina en la empresa adjudicataria.

El alcalde y el comité taurino también deberían responder por haber elegido y mantenido su respaldo a la empresa El Real de la Feria y a Saúl Ilizarbe pese a las reiteradas señales de incumplimiento que fueron apareciendo durante meses. Cutervo no necesita vender imposibles. Necesita empresarios solventes, proyectos viables y autoridades que antepongan la seriedad a los anuncios. No es la primera vez que la feria tropieza con la misma piedra. Ahí que la llamada “feria del ensueño”.

Ojalá esta experiencia marque un antes y un después, porque las deudas quizá algún día se paguen, pero la credibilidad tarda años en recuperarse.  Y cuando se compromete el nombre de Cutervo, también se compromete el prestigio del Perú taurino ante el mundo.

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