Dialogar, extirpar los odios o morir

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Ricardo Sanchez Serra

Ricardo Sánchez Serra

Los peruanos estamos viviendo una atmósfera política aciaga. Todos los días nos inundan con noticias negativas, de sangre, corrupción y de odio.

No tenemos la tranquilidad necesaria para trabajar, crear, imaginar, reflexionar, pensar en positivo, estudiar, leer, aprender, porque nos ametrallan el cerebro.

Los audios de la putrefacción, los sobornos, la corrupción de Odebrecht, la ilegal cesación del indulto al expresidente Alberto Fujimori, la fuga del ex Vocal Supremo César Hinostroza, la persecución al Fiscal Supremo Pedro Chávarry, la prisión y libertad de los Humala, el drama de Keiko Fujimori y de Fuerza Popular, mientras que el exmandatario Pedro Pablo Kuczynski y la exalcaldesa Susana Villarán miran desde el balcón chinos de risa.Al presidente Martín Vizcarra lo están parando de cabeza para encontrarle ilícitos y ya no sé qué más falta ya.

Se ha podido comprobar que la justicia no es igual para todos y más en un Poder Judicial, Fiscalía incluida, desprestigiado y al que le sale pus y la metástasis de la corrupción avanza más y más.

Por lo menos hasta ahora –porque no se ha creado otro sistema- los partidos políticos son inherentes a la democracia, y sin embargo jueces y fiscales despistados –con ideología anárquicasubalterna- acusan a varios de ellos como organizaciones criminales, es decir se construye un partido para delinquir ¡Qué absurdo! ¡Bastaba más! Es decir, en lugar de fortalecer los partidos, los desprestigian con quimeras, creando un ambiente confuso, dando pie a corrientes radicales. Si a los partidos les falta calor popular es porque ha faltado democracia interna, actitud en sus dirigentes para actuar con honestidad y decencia. Y la están pagando.

¿Por qué no emular a un Víctor Raúl Haya de la Torre en el Partido Aprista Peruano, a Luis Bedoya Reyes en el Partido Popular Cristiano, a Fenando Belaunde o Valentín Paniagua en Acción Popular, a Héctor Cornejo Chávez en la Democracia Cristiana o a Alfonso Barrantes en la Izquierda Unida? ¿Se acabó, acaso, su inteligencia o sapiencia? ¿A sus reemplazantes les faltan sesos y rumian en el hoy y no en el mañana?

El Perú es más grande que sus problemas, repite la gente tranquilamente en su casa o en los restaurantes tomando un café, mientras todo se está derrumbando y nadie atina a solicitar o pedir a gritos paz, prudencia, sensatez. Como dije en un artículo anterior, los referentes –que pueden existir- brillan por su ausencia, aunque un Allan Wagner, Enrique Bernales, Luis Bedoya Reyes y Luis Giampietri deberían ofrecer todos juntos un mensaje a la Nación, cuyo centro sea el diálogo, la paz y la reconciliación.

Al presidente Vizcarra deben dejarlo trabajar tranquilamente, que haga una gran gestión por el bien del Perú. Igual al Congreso, cuyos parlamentarios se aboquen a ser juristas y no politiqueros. Que las leyes sean detallistas, para evitar que los jueces la apliquen según su nefasto libre albedrío, ya demostrado. El Poder Judicial debe ser reformado totalmente bajo la premisa del cambio de personas –que se queden los buenos- para la renovación de la institución.