28 de agosto de 2026

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Diplomacia peruana que salvó vidas en el Holocausto

El coraje de Barreto y Gambetta: justicia y memoria

Ricardo Sánchez Serra

El Centro Cultural Inca Garcilaso fue escenario de una ceremonia solemne que reunió al cuerpo diplomático acreditado en Lima, funcionarios de la Cancillería y profesionales especializados en temas internacionales. El motivo: la presentación del libro El coraje de dos peruanos durante el Holocausto. La crónica de Barreto y Gambetta en la Segunda Guerra Mundial.

La jornada se abrió con un video alusivo que recordó la valentía de los diplomáticos peruanos José María Barreto y José Gambetta Bonatti, quienes en medio de la persecución nazi otorgaron pasaportes peruanos a familias judías, ofreciendo una oportunidad de salvación. “Sus acciones trascendieron el ejercicio diplomático para convertirse en un ejemplo de solidaridad y compromiso con la vida humana”, se escuchó en la narración. Décadas después, ambos fueron reconocidos por el Estado de Israel como Justos entre las Naciones, la más alta distinción para quienes arriesgaron su seguridad en defensa de los perseguidos.

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REFLEXIONES DEL CANCILLER

El ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Espá, inició su intervención evocando el sentido bíblico de la palabra “justo”. Recordó que Noé, José y Abraham fueron llamados así por su obediencia y temor de Dios. “Cuando Israel decidió calificar como justos a estos dos grandes peruanos, tuvo en consideración ese concepto profundo: el valiente y el responsable, el que hace las cosas correctamente en su vida pública y privada”, afirmó.

Espá subrayó que el nazismo representó “el hueco más negro de la humanidad”, pero que en medio de esa tragedia hubo quienes decidieron no permanecer indiferentes. Barreto y Gambetta, dijo, “rescatan una de las páginas más nobles de nuestra diplomacia”.

El canciller destacó que la diplomacia alcanza su mayor nobleza cuando se convierte en un acto de protección. “El prestigio de una nación también se construye en aquellas decisiones silenciosas que trascienden el tiempo”, señaló. En un pasaje emotivo, reflexionó sobre la humildad como sinónimo de inteligencia: “Mientras más cerca de la tierra tengamos los pies, más inteligentes somos. Ser humilde es escuchar, es tener los pies sobre la tierra”.

Finalmente, Espá enfatizó que el legado de Barreto y Gambetta recuerda que la grandeza de una nación no se mide solo por su historia, sino por las vidas que decide proteger.

Carlos Espá: “Barreto y Gambetta rescatan una de las páginas más nobles de nuestra diplomacia”

CONMEMORACIÓN

El embajador de Israel en el Perú, Gali Dagan, resaltó el valor universal de la frase del Talmud: “Quien salva una vida, salva un mundo entero”. Recordó que Yad Vashem ha otorgado la distinción de Justos entre las Naciones a más de 28,000 personas, entre ellas los diplomáticos peruanos. “Ninguno buscó ser héroe ni calculó riesgos; simplemente fueron seres humanos valientes que decidieron ayudar”, expresó.

Dagan vinculó la memoria del Holocausto con los desafíos actuales. Evocó los ataques del 7 de octubre de 2023, cuando más de 1,200 israelíes fueron asesinados por Hamas, describiéndolos como “la matanza más grande de judíos desde el Holocausto”. Alertó sobre el resurgimiento del antisemitismo en universidades, calles y redes sociales, y citó un informe de la Liga Antidifamación que registró 90,000 incidentes de odio en 2025, el año más letal para los judíos fuera de Israel en tres décadas.

Ante ello, llamó a la comunidad internacional a adoptar la definición consensuada de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), ya reconocida por 46 países, incluidos siete de América Latina. “No es una especulación política, sino un deber moral de la humanidad”, enfatizó.

El embajador cerró su discurso celebrando los lazos de amistad entre Perú e Israel, que cumplen 69 años de relaciones diplomáticas, y destacó que este libro es también una celebración de valores compartidos y de la esperanza de construir juntos un futuro mejor.

El embajador Gali Dagan junto a los autores Eduardo Castañeda y Ximena Ríos, acompañados por el embajador Jorge Raffo.

HISTORIAS HUMANAS

El secretario general de la Cancillería, Jorge Raffo, ofreció un recorrido histórico por las vidas de Barreto y Gambetta. Recordó que Barreto nació en Tacna y participó en la Bohemia Tacneña, movimiento intelectual que defendió la identidad peruana durante la ocupación chilena. En 1925 asumió la Secretaría General de la Comisión del Plebiscito de Tacna y Arica, y décadas más tarde, en Ginebra, se vinculó con redes que protegían a familias judías perseguidas.

Gambetta, nacido en el Callao en 1896, hijo de inmigrantes italianos, vivió de cerca el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Varsovia y Bucarest. En 1941 dispuso la emisión de pasaportes peruanos para Josef y Paul Trink, colaboradores judíos que enfrentaban la persecución nazi. Murió en Ginebra en 1944, sin conocer el alcance de su gesto. Décadas después, los hijos de aquellos hombres promovieron su reconocimiento ante Yad Vashem.

Raffo destacó que un pasaporte podía significar entonces mucho más que una nacionalidad: podía abrir una frontera cerrada, ofrecer tiempo a quien huía o devolver a una familia la posibilidad de imaginar un mañana. “Barreto y Gambetta nos recuerdan que Torre Tagle es también una tradición construida sobre la defensa de la paz y una comprensión profundamente humana del servicio público”, afirmó.

El diplomático subrayó que la obra forma parte de la serie Inmortalizando Relaciones Bilaterales, esfuerzo editorial destinado a recuperar episodios que revelan la profundidad histórica de los vínculos del Perú con otras naciones. Su presentación, en el marco del aniversario de relaciones diplomáticas con Israel, otorga un significado especial: la amistad entre Estados adquiere una dimensión distinta cuando se nutre de historias humanas capaces de unir la memoria de sus pueblos.

La ceremonia concluyó con un mensaje compartido: la memoria de Barreto y Gambetta pertenece nuevamente a la diplomacia peruana. Sus vidas y decisiones recuerdan que incluso en los momentos más adversos siempre existe un espacio para elegir bien, para servir y para actuar con sentido de humanidad.

El homenaje fue, en suma, un acto de memoria y de compromiso. Una afirmación de que la diplomacia peruana no solo defiende intereses nacionales, sino que también se engrandece cuando protege vidas y valores universales.

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