Mientras se festejaba el Año Nuevo del 2005, Antauro Humala ejecutaba un plan sanguinario
Por: Valeria Ponce
Recientemente se difundió un video de la conmemoración de los 20 años del denominado ‘Andahuaylazo’. En el evento participó el candidato presidencial de JPP, Roberto Sánchez, y no dudó en celebrar el levantamiento orquestado por su socio Antauro Humala, sin importarle el asesinato de 4 policías.
Con micro en mano, quiso blanquear el criminal acto y reescribir la historia de uno de los episodios más violentos del Perú.
“Estamos acá, acompañando a un patriota, acompañando a nuestro pueblo con ese espíritu de rebeldía (…) Que viva el compañero Antauro. (…) Ese hecho que algunos solamente quieren referirlo como una acción militar en el 2005. Fue una acción política”, dijo Sánchez.
Pero a continuación les contamos lo que realmente fue el Andahuaylazo, ocurrido la madrugada del 1 de enero del 2005, en medio de las celebraciones por Año Nuevo.
A las 4:30 de la madrugada, Antauro Igor Humala Tasso, cabecilla del Movimiento Etnocacerista, quien ya había dado señales de su predisposición a la violencia, desencadenó lo que él mismo bautizó como el «Andahuyalazo», un asalto armado por medio del cual exigía la renuncia del entonces presidente Alejandro Toledo acusándolo de corrupción y entreguismo de los recursos nacionales a intereses extranjeros.
Los reservistas que participaron en dicha operación actuaron bajo sus órdenes directas, irrumpiendo de forma violenta en las instalaciones de la Comisaría Sectorial de Andahuaylas.
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La resistencia policial fue rápidamente superada contra los más de 150 reservistas. El factor sorpresa hizo el resto.
Al amanecer, se observaba un acto criminal en toda su dimensión: los insurgentes capturaron y mantuvieron como rehenes a 17 efectivos de la Policía Nacional del Perú.
Diecisiete servidores públicos, diecisiete peruanos con familia y vida propia, fueron convertidos en escudos humanos por un hombre que se autoproclamaba defensor de la patria.
Pero el secuestro no fue el único botín de esa noche atroz. Los etnocaceristas accedieron a la armería de la comisaría y saquearon su arsenal: fusiles, revólveres, pistolas, municiones, bombas lacrimógenas y pertrechos militares. Con ese armamento robado, incrementaron su poder de fuego y extendieron el terror en Andahuaylas.
Humala asumió el mando de cinco manzanas de la ciudad. Una patrulla policial intentó recuperar el puesto, dejando cinco policías y dos reservistas heridos.
Una vez atrincherados en la sede policial y establecido un perímetro de control alrededor de la Plaza de Armas, Antauro se puso frente a los micrófonos de emisoras radiales locales para enunciar sus exigencias: la renuncia inmediata del presidente Alejandro Toledo, la restitución de su hermano Ollanta en el Ejército, una purga en los altos mandos de las Fuerzas Armadas y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, esta última, curiosamente, es la misma demanda de Roberto Sánchez actualmente.
El etnocacerismo surgió como un movimiento ultranacionalista que proclama la supremacía de la llamada «raza cobriza», es decir, la población indígena y andina, por encima de cualquier otro grupo étnico. Esta ideología, que divide al Perú fue la gasolina con la que Antauro encendió la mecha.
Su movilización silenciosa fue su instrumento de propaganda: el periódico ´Ollanta´, utilizado como tribuna ideológica, la red de «Casas Etnocaceristas», y la convocatoria de reservistas en distintas regiones del país.
El traslado hacia Apurímac se ejecutó mediante una técnica de infiltración conocida como «movilización hormiga», los reservistas viajaron de forma individual o en grupos de dos a cuatro personas, utilizando buses interprovinciales para no levantar sospechas en los controles policiales de carreteras.
Una vez en la ciudad, los conspiradores no se agruparon; se alojaron de manera dispersa en hostales económicos y en viviendas de simpatizantes locales. Su estrategia era deliberadamente liviana en armamento propio, sabían que obtendrían las armas necesarias durante el asalto a la comisaría.
El líder de este plan, Antauro Humala, llegó a Andahuaylas de manera discreta para asumir el comando directo de la operación en sus últimas horas de preparación.
Lo que Antauro presentó como un acto de rebeldía patriótica fue, en su esencia, una toma de rehenes perpetrada por un fanático armado con una doctrina racista. El etnocacerismo, no liberó a ningún peruano aquella madrugada: encadenó a diecisiete, sembró el miedo en Andahuaylas y puso al país al borde del abismo.
El 2 de enero de 2005, el gobierno del presidente Alejandro Toledo declaró estado de emergencia y toque de queda en la región de Andahuaylas. Las Fuerzas Armadas y la Fuerza Aérea del Perú fueron desplegadas para contener y limitar la expansión de la revuelta.
La bomba de tiempo que Antauro había armado durante meses había estallado. Lo que vendría después, la sangre derramada, los oficiales caídos, sería la masacre más oscura de Andahuaylas. (Mañana: Capítulo 2)




