Prometía ser el mayor complejo deportivo del sur.
En el asentamiento humano San Genaro, Chorrillos, los vecinos soñaron con un complejo deportivo de primer nivel. Hoy, solo queda una estructura abandonada que refleja promesas incumplidas. La obra, que prometía un estadio con capacidad para 16,000 personas, pista atlética, salones múltiples y estacionamiento, no se concluyó y actualmente es una estructura deteriorada, con columnas torcidas, fierros oxidados y muros agrietados.
La construcción inició en 2012 durante la gestión del exalcalde Augusto Miyashiro Yamashiro, quien luego fue sentenciado por negociación incompatible. Desde entonces, se han destinado más de S/25 millones de recursos públicos, según el Ministerio de Economía. De ese monto, S/17 millones se gastaron entre 2012 y 2018. El resto se desembolsó durante el gobierno municipal de su hijo, quien asumió el cargo en 2019.
Sin embargo, la actual administración encontró serias deficiencias al retomar el proyecto. El principal problema fue la ausencia de un expediente técnico, documento esencial para la ejecución adecuada de cualquier obra pública. Esto derivó en errores estructurales graves, como bases inestables, materiales mal empleados y una distribución defectuosa de los elementos arquitectónicos.
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En 2023, la municipalidad contrató una consultoría por S/800,000 para evaluar el estado del proyecto. El informe fue contundente: la obra presenta problemas de estabilidad, grietas en pisos y muros, y una configuración estructural inadecuada. Además, el suelo donde se construyó no cumple con las condiciones necesarias.
Durante la pandemia de covid-19, el espacio fue utilizado como centro de distribución de alimentos. Actualmente, sirve como almacén, sin un uso definido para la comunidad. Según la Municipalidad de Chorrillos, se espera terminar el expediente técnico completo en junio de este año, con la intención de reactivar el proyecto.
Mientras tanto, los vecinos conviven con el polvo, el ruido de maquinaria pesada y la frustración. Luz Lozano, residente de la zona, afirma que la obra le ha traído más molestias que beneficios. Por su parte, Pablo Guillén reconoce que la intención fue buena, pero la ejecución falló. “Se hizo la ceremonia de colocación de la primera piedra, pero nunca se terminó”, señala.




