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    El ocaso de Maduro

    Por Juan Sotomayor
    Las noticias que llegan desde Venezuela revelan que la aguda crisis política de nuestro hermano país no tiene visos de solución. Luego de multitudinarias manifestaciones en contra de Nicolás Maduro, el presidente del Parlamento, Juan Guaidó, se autoproclamó como presidente encargado. Sin embargo, los altos mandos militares siguen reconociendo a Maduro como Jefe de Estado y éste muestra una tenaz oposición a cualquier posibilidad de dejar el poder. Incluso la comunidad internacional se encuentra dividida ante esta complicada situación.

    Después de 20 años de su llegada al poder, el otrora todopoderoso movimiento chavista se encuentra en el momento más difícil de su historia, rumbo al ocaso. Miles de venezolanos emigran diariamente por cualquier medio para buscar un mejor destino, mientras que los ciudadanos que se han quedado se encuentran enfrascados en violentos enfrentamientos producto de las protestas sociales, sufriendo además de una severa crisis económica, caracterizada por la hiperinflación y la consecuente carencia de alimentos, medicinas y servicios básicos. Una situación que cada día se hace más insostenible.

    Todo ello se muestra ante los ojos del mundo como un problema político, que debería resolverse a través de los cauces constitucionales correspondientes. Lamentablemente la crisis no solo es política. Además de la crisis económica, violencia, hambre y éxodo migratorio (cuyas heridas no se resolverán inmediatamente después de la caída del régimen de Nicolas Maduro), las relaciones diplomáticas con el hermano país de Venezuela también se han visto deterioradas, especialmente con aquellos países que han reconocido a Guaidó como presidente interino hasta que se realicen elecciones libres de cualquier sospecha de fraude.

    SI bien, las noticias hoy se centran en las figuras de Maduro y Guaidó, no olvidemos nunca que en medio del problema está en juego la vida y la salud de millones de personas. Estamos frente a un problema humanitario, cuyos efectos trascienden a todo Latinoamérica y el mundo. Por eso, más allá de cualquier connotación política e ideológica, esperamos que los líderes del gobierno y la oposición encuentren mecanismos de solución que le brinden al pueblo venezolano la tranquilidad y prosperidad que siempre los caracterizó. Ojalá esto ocurra pronto.

     

     

     

    Por Juan Sotomayor
    Las noticias que llegan desde Venezuela revelan que la aguda crisis política de nuestro hermano país no tiene visos de solución. Luego de multitudinarias manifestaciones en contra de Nicolás Maduro, el presidente del Parlamento, Juan Guaidó, se autoproclamó como presidente encargado. Sin embargo, los altos mandos militares siguen reconociendo a Maduro como Jefe de Estado y éste muestra una tenaz oposición a cualquier posibilidad de dejar el poder. Incluso la comunidad internacional se encuentra dividida ante esta complicada situación.

    Después de 20 años de su llegada al poder, el otrora todopoderoso movimiento chavista se encuentra en el momento más difícil de su historia, rumbo al ocaso. Miles de venezolanos emigran diariamente por cualquier medio para buscar un mejor destino, mientras que los ciudadanos que se han quedado se encuentran enfrascados en violentos enfrentamientos producto de las protestas sociales, sufriendo además de una severa crisis económica, caracterizada por la hiperinflación y la consecuente carencia de alimentos, medicinas y servicios básicos. Una situación que cada día se hace más insostenible.

    Todo ello se muestra ante los ojos del mundo como un problema político, que debería resolverse a través de los cauces constitucionales correspondientes. Lamentablemente la crisis no solo es política. Además de la crisis económica, violencia, hambre y éxodo migratorio (cuyas heridas no se resolverán inmediatamente después de la caída del régimen de Nicolas Maduro), las relaciones diplomáticas con el hermano país de Venezuela también se han visto deterioradas, especialmente con aquellos países que han reconocido a Guaidó como presidente interino hasta que se realicen elecciones libres de cualquier sospecha de fraude.

    SI bien, las noticias hoy se centran en las figuras de Maduro y Guaidó, no olvidemos nunca que en medio del problema está en juego la vida y la salud de millones de personas. Estamos frente a un problema humanitario, cuyos efectos trascienden a todo Latinoamérica y el mundo. Por eso, más allá de cualquier connotación política e ideológica, esperamos que los líderes del gobierno y la oposición encuentren mecanismos de solución que le brinden al pueblo venezolano la tranquilidad y prosperidad que siempre los caracterizó. Ojalá esto ocurra pronto.

     

     

     

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