Y aunque existe una «fraternidad hospitalaria que acoge con sensibilidad humana» comenta, «desgraciadamente existe la indiferencia, que ensangrienta el Darién».
«Los animo a trabajar incansablemente para que sea posible erradicar esa indiferencia, de tal manera que cuando un hermano o una hermana migrante llegue, encuentre en la Iglesia un lugar donde no se sienta juzgado, sino acogido; donde pueda calmar el hambre y la sed, y revivir la esperanza», pidió el pontífice argentino.
Y solicitó también que «no descuiden» todos los centros de asistencia a migrantes de la Iglesia, que representan una oportunidad para brindar acogida y solidaridad a los hermanos más necesitados.
«Los exhorto, pues a sumar esfuerzos con todas las instancias de la comunidad internacional, para que todos tengan ese derecho a permanecer en su tierra con una vida digna y pacífica», finalizó.




