Libro del periodista y catedrático Herless Carrión
La obra recorre una trayectoria marcada por la infancia, el periodismo de investigación, las controversias frente al poder, la docencia universitaria y una defensa permanente de la libertad de prensa y expresión
El rastro de una vida. Memorias de un periodista, docente e investigador es una producción que no pretende el elogio personal. Su fuerza está en otro ángulo, en la honestidad de una voz que vuelve a sus orígenes para explicar cómo se construye una vida atravesada por el esfuerzo, la familia, el estudio, el periodismo, la docencia y el compromiso con el Perú.
Desde su infancia en Pacanguilla, La Libertad, entre el trabajo en el campo, el pozo, la escuela pública y los primeros contactos con la lectura de los diarios, Herless Carrión reconstruye una memoria que no se queda en la nostalgia. Cada hecho narrado recuerda lo que significa crecer lejos de los privilegios, sostener la dignidad en medio del sacrificio y convertir una vocación en servicio público.

La obra también muestra su intimidad de una formación marcada por grandes lecturas. Libros como Arde París, Todos los hombres del presidente y A sangre fría aparecen como episodios que forjaron su carácter y su manera de interpretar la realidad sobre la historia, el poder, el crimen, la investigación y la palabra escrita. No son menciones decorativas, son parte de la brújula intelectual de un periodista que entendió que narrar hechos exige rigor, profundidad, humanidad y responsabilidad.
Uno de los pilares sobre los que se construye la obra es su trayectoria como periodista e investigador periodístico. Carrión relata una vida profesional marcada por la búsqueda de hechos, la elaboración de informes de investigación y el contacto con grandes periodistas y medios de comunicación como los diarios Expreso y La Razón, donde desarrolló un trabajo exigente, valiente y libre. La obra muestra que el periodismo, cuando se ejerce con rigor, no es espectáculo ni complacencia es una forma de mirar al poder de frente.
En ese recorrido aparecen secuencias de alta tensión periodística, como el cruce con Martha Hildebrandt, expresidenta del Congreso, figura de carácter duro y voz imponente, ante quien el autor sostiene la legitimidad de la repregunta y el respeto por la libertad de prensa. También se recoge el fuerte impase con Fernando “Popy” Olivera, cuando una pregunta incómoda terminó en un “¡Cállese la boca!”, episodio que revela cuánto incomoda la prensa cuando deja de ser vitrina y empieza a fiscalizar.
A esta dimensión se suma su labor como docente universitario por más de veinte años, etapa en la que traslada su experiencia a las aulas con una preocupación central la de formar estudiantes capaces de pensar, cuestionar y no acostumbrarse a la mediocridad. Su dedicación a la investigación científica complementa esa vocación, al proponer una mirada más profunda sobre los problemas del país, más allá del comentario inmediato o la opinión ligera.
La acogida de El rastro de una vida ya se refleja en solicitudes de presentación en Lima, en el norte y en el sur del país, confirmando el interés que despierta una obra escrita desde la experiencia, pero pensada para dialogar con la sociedad. Es un libro recomendado para estudiantes universitarios, docentes, periodistas, electores y lectores que buscan una mirada distinta, directa y reflexiva sobre el país.
Más que una autobiografía, El rastro de una vida es una invitación a no rendirse ante la mentira, la injusticia o la indiferencia. Una obra para leer con calma, discutir con seriedad y cerrar con una pregunta inevitable: qué hacemos nosotros con la verdad que ya conocemos.



