Rogelio Rivas, quien ocupó el cargo durante los primeros años del gobierno de Nayib Bukele, sostuvo que ambos países enfrentan problemas similares vinculados con el crimen organizado y el control de las cárceles.
El exministro de Seguridad y Justicia de El Salvador, Rogelio Rivas, afirmó que Perú atraviesa una problemática de criminalidad similar a la que enfrentó su país y consideró que existen importantes coincidencias en la manera en que las organizaciones delictivas operan desde los centros penitenciarios.
Durante una entrevista con RPP, Rivas, quien estuvo al frente del sector entre 2019 y 2021 durante el gobierno de Nayib Bukele, sostuvo que ambos países presentan escenarios que calificó como “casi calcados”, especialmente por el papel que pueden desempeñar las cárceles como espacios desde los cuales se coordinan actividades criminales.
“Son fenómenos muy similares a los que ocurren en El Salvador; casi que son problemas casi que calcados”, manifestó el exfuncionario, al referirse a la situación de inseguridad que enfrenta el Perú.
Rivas cuestiona control en las cárceles
Uno de los principales puntos señalados por el exministro salvadoreño fue la necesidad de reforzar el control penitenciario. Según explicó, durante su gestión se consideró que las cárceles podían convertirse en centros de operaciones para organizaciones criminales si las autoridades no contaban con mecanismos suficientes de vigilancia.
Rivas cuestionó que, pese a que algunas investigaciones en Perú apuntan a que determinados delitos podrían ser coordinados desde establecimientos penitenciarios, no se adopten medidas adicionales para impedir que los internos mantengan capacidad de comunicación y organización desde las cárceles.
Como parte de la estrategia implementada en El Salvador, explicó que se creó un sistema de inteligencia penitenciaria orientado a detectar comunicaciones y anticipar posibles operaciones delictivas que pudieran ser coordinadas desde los centros de reclusión.
Para Rivas, el seguimiento de estas actividades permite identificar patrones y actuar antes de que las órdenes criminales lleguen a ejecutarse fuera de las cárceles.
Contrainteligencia para detectar a policías vinculados al crimen
El exministro también se refirió a otro de los problemas que, según su experiencia, pueden afectar a las instituciones encargadas de combatir la delincuencia: la infiltración de agentes policiales en organizaciones criminales.
Rivas explicó que durante su gestión se buscó fortalecer la Inspectoría General de la Policía y desarrollar mecanismos de contrainteligencia para identificar a agentes sospechosos de participar en actividades ilícitas.
El exfuncionario sostuvo que su administración buscó enviar un mensaje contundente dentro de la institución: cualquier policía que se apartara de la ley debía enfrentar consecuencias.
Esta experiencia fue presentada como uno de los componentes de una estrategia que no se limitaba a capturar delincuentes, sino que también pretendía detectar posibles vínculos entre integrantes de las fuerzas de seguridad y organizaciones criminales.
Las dificultades políticas que enfrentó Bukele
Rivas recordó que los primeros años de la administración de Bukele tampoco estuvieron exentos de dificultades. Según relató, el Ejecutivo salvadoreño tuvo inicialmente problemas para impulsar algunas reformas debido a que no contaba con mayoría en la Asamblea Legislativa.
Además, mencionó los enfrentamientos que se produjeron con sectores políticos y con la Fiscalía. En ese contexto, señaló que algunas personas detenidas durante los operativos eran posteriormente liberadas, generándose un ciclo que, desde su perspectiva, dificultaba la lucha contra la delincuencia.
El exministro sostuvo que una de las lecciones de ese periodo fue la necesidad de coordinar las distintas instituciones involucradas en la seguridad y evitar que las capturas terminen perdiendo efectividad por problemas posteriores en el sistema de justicia.
El denominado Plan Bukele incluyó trabajo en barrios
Rivas también aclaró que la estrategia de seguridad salvadoreña no estuvo enfocada exclusivamente en las cárceles o en los operativos policiales. De acuerdo con su explicación, el denominado Plan Bukele incorporó acciones dirigidas a comunidades consideradas vulnerables frente al avance de las pandillas.
Uno de los programas mencionados fueron los Centros Urbanos de Bienestar y Oportunidades (CUBO), espacios destinados principalmente a jóvenes de zonas identificadas como de alta presencia delictiva.
En estos centros se desarrollaban actividades deportivas, artísticas y culturales, además de ofrecer acceso a computadoras e internet. La intención era generar alternativas para jóvenes que vivían en sectores afectados por las pandillas y reducir las condiciones que favorecían su incorporación a organizaciones criminales.
Papel de las Fuerzas Armadas
Respecto a la participación militar en la seguridad ciudadana, Rivas explicó que las Fuerzas Armadas salvadoreñas brindaban acompañamiento a los agentes policiales. Según su descripción, podían conformarse equipos integrados por policías y militares, aunque las labores de intervención y registro correspondían a los agentes policiales.
El exministro enfatizó que la Policía Nacional Civil mantuvo el liderazgo de las operaciones de lucha contra el crimen, mientras que la intervención militar directa se producía principalmente en circunstancias excepcionales.
Las declaraciones de Rivas se producen en momentos en que el Perú busca respuestas frente al avance de delitos como la extorsión, el sicariato y el crimen organizado. Su experiencia en El Salvador coloca nuevamente en el debate la importancia del control de las cárceles, la inteligencia policial y la prevención en zonas vulnerables.
No obstante, las medidas aplicadas en otros países no necesariamente pueden trasladarse de manera automática al contexto peruano. Su eventual aplicación requeriría considerar las características del sistema penitenciario, policial y judicial nacional, así como el marco legal vigente.




