Ishii, el más grande criminal de guerra nunca fue juzgado

El médico japonés desarrolló un horrendo programa de armas químicas y biológicas en seres humanos durante la II guerra mundial

por | Ago 26, 2021 | Especiales

El médico japonés desarrolló un horrendo programa de armas químicas y biológicas en seres humanos durante la II guerra mundial

Durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945), en coincidencia con parte de la II Guerra Mundial, el Ejército Imperial Japonés desarrolló un ambicioso programa de investigación de armas biológicas y químicas, y puso en marcha experimentos a gran escala con seres humanos, al mando del microbiólogo y teniente general del Ejército Japonés,  Shirō Ishii.

Ishii nació en Shibayama, distrito de Sanbu, en 1892 y estudió Medicina en la Universidad Imperial de Kioto. Rápidamente ingresó en el Ejército y en 1922 fue asignado al Hospital del Primer Ejército y la Escuela Médica Militar de Tokio.

En 1930 ascendió a comandante y fue nombrado profesor de Inmunología de la Facultad de Medicina del Ejército en Tokio. Allí, protegido por Koizumi Chikahiko, un alto cargo militar del Ejército Japonés muy interesado en la guerra química, Ishii organizó un departamento de Inmunología dedicado a investigaciones sobre guerra biológica.

La toma de Manchuria por el Ejército Japonés dio a Ishii la oportunidad de utilizar seres humanos en sus investigaciones. En 1932, comenzó sus experimentos preliminares sobre guerra biológica en zonas ocupadas de China como parte de un proyecto secreto.

Red de centros

Bajo la cobertura de un plan para la potabilización de agua para las tropas japonesas en China, desde 1936, Ishii fue organizando departamentos de Prevención Epidémica y Abastecimiento de Agua, que eran, en realidad, centros y unidades de investigación médica, destacando la tenebrosa Unidad 731.

En 1939, Ishii tenía bajo su mando una gran red de centros, como los ubicados en Harbin, Beijing, Nangjing, Guangzhou, Singapúr y Tokio, con más de 10.000 trabajadores.

En 1940, Ishii fue nombrado Jefe de la Sección de Guerra Biológica del Ejército de Kwantung y, entre 1942 y 1945, ejerció como Jefe de la Sección Médica del Primer Ejército.

La Unidad 731

En 1936, Ishii se trasladó al distrito de Pingfang, a unos 20 km de Harbin, para crear un gran complejo de investigación, con 6 km cuadrados y más de 150 edificios, construido por 15.000 esclavos civiles chinos, de los que un tercio fallecieron debido a las duras condiciones de trabajo.

Este fue el epicentro de la tristemente célebre Unidad 731, también conocida en algunos momentos como Unidad Togo o Boeki Bu y técnicamente como «Escuadrón de Prevención Epidémica y Purificación del Agua».

En su momento de mayor actividad trabajaban allí 3.000 empleados, de los que el 10% eran médicos.

El Escuadrón 731, dirigido por Ishii, realizó en Pingfan numerosos experimentos con prisioneros, infringiéndoles grandes sufrimientos. Se estima que entre 3.000 y 6.000 personas, incluyendo niños, murieron víctimas de los mismos, además de otros muchos que fallecerían por las epidemias causadas.

A finales de agosto de 1942, Ishii se trasladó de Pingfang a Nanking para participar en algunas campañas y experimentos. Uno de los objetivos a desarrollar fue el de contaminar todas las fuentes de agua del enemigo, dejando botellas con agua contaminada en los caminos o en las viviendas de las poblaciones cercanas.

Los experimentos

En los centros de experimentación se utilizaron prisioneros de guerra y detenidos políticos acusados de ser espías o miembros de la resistencia, fundamentalmente de origen chino, pero también soviéticos, mongoles y coreanos, además de enfermos mentales y discapacitados.

A los prisioneros forzados chinos se les llamaba «marutas», que viene a significar «troncos» o «leños», pues parte de la Unidad 731 estaba camuflada como un aserradero.

Ishii y sus colegas investigaron fundamentalmente sobre enfermedades infecciosas, inoculando a sujetos sanos los gérmenes del cólera, tifus, difteria, botulismo, ántrax, muermo, brucelosis, disentería, sífilis, peste, etc., para analizar el desarrollo de las enfermedades y probar la efectividad de ciertas vacunas.

Las víctimas eran forzadas a comer alimentos infectados o a beber líquidos contaminados, o bien se les obligaba a portar objetos o ropas contaminadas.

Cobayos humanos

También se utilizaron cobayas humanos para probar la eficacia de las armas convencionales y de agentes químicos y biológicos como armas de guerra: se usaron blancos humanos para probar la efectividad de granadas, lanzallamas o bombas explosivas, se les obligaba a beber iperita o se les exponía a ácido cianhídrico y gas mostaza.

En Harbin, en el noreste de China, hay un museo que muestra los experimentos con humanos de la Unidad 731.

También se realizaron experimentos de carácter fisiológico, muy similares a los efectuados por los médicos nazis, como la valoración del tiempo de asfixia tras colocar cabeza abajo a los prisioneros y de embolia después de la inyección intravascular de aire.

Se probaron los efectos de la inyección de orina de caballo y de agua de mar, la privación de alimentos, agua o sueño, la congelación, las radiaciones masivas con rayos X, etc. Algunos prisioneros fueron incluso colocados dentro de máquinas centrífugas para determinar el tiempo de supervivencia.

Especialidades

Los experimentos de hipotermia eran una de las especialidades de Ishii. Los prisioneros eran expuestos a temperaturas extremas en los meses más fríos del año en distintas condiciones (con ropa mojada, con dieta normal, con dieta hipocalórica, etc.) y luego se estudiaban diferentes formas de reanimación.

La Unidad 731 realizó experimentos congelando extremidades de prisioneros y calentándolas luego con agua, observando la temperatura a la cual se desprendían la piel y los músculos.

También otras prácticas quirúrgicas: apendicectomías y traqueotomías, extracción de balas previamente disparadas a los prisioneros, amputaciones de miembros y, finalmente, asesinato de los sobrevivientes.

Nunca fue juzgado

A pesar de que los experimentos quedaban  documentados, la mayor parte de las pruebas fueron destruidas.

Aunque los responsables políticos y militares de Japón fueron juzgados por un tribunal internacional, Ishii y los miembros de la Unidad 731 lograron negociar su inmunidad.

Se estima que, en el marco de estos programas, podrían haber sido asesinadas directamente hasta 12.000 personas, algunos historiadores las cifran en 200.000. Si se estimaran las muertes provocadas por las epidemias, la cifra podría elevarse hasta 580.000.

Mientras que los médicos nazis fueron juzgados, en el marco de los Juicios de Núremberg, por un Tribunal Militar Internacional, no hubo ningún juicio contra los médicos del Escuadrón 731.

Únicamente 12 oficiales japoneses de bajo rango fueron juzgados por la Unión Soviética en Khabarovsk (Siberia), en 1949, y las penas fueron muy limitadas (entre 2 y 25 años).

Murió de cáncer

Él y otros integrantes del Escuadrón 731 lograron negociar su inculpación a cambio de todos los datos sobre guerra biológica obtenidos de sus experimentos con seres humanos, y sin publicidad alguna. De esta forma, Ishii nunca llegó a ser procesado por crímenes de guerra. Ishii abrió una clínica de atención gratuita y murió en Tokio de un cáncer de garganta, tras convertirse al cristianismo, en 1959. Tenía 67 años de edad.