La farsa de Julio Guzmán y sus morados

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Por: Omar Chehade 
Por: Omar Chehade 

Por: Omar Chehade
Sobre el líder del partido Morado, Julio Guzmán, cada día existen más dudas que certezas. Nunca se mostró claro, siempre evasivo, genérico, confuso, con muy pocas apariciones públicas, como si quisiera generar una especie de leyenda en torno a su imagen.

Cuando aparecía públicamente en televisión, era de esos personajes paporreteros de discursos sacados de google o rebuscados de internet. Nunca natural, siempre impostado, queriendo vender una cara que claramente no le corresponde.

Guzmán apareció como un funcionario del Ministerio de la Producción en el 2011, y al siguiente año secretario general de la Presidencia del Consejo de Ministros, ambos cargos en el gobierno de Ollanta Humala.

De este personaje, se sabe que era uno de los preferidos de Nadine Heredia, quien ilegalmente usurpaba funciones como presidente de facto del Perú. Surgió en la política como candidato presidencial en el partido “Todos por el Perú”, fundado por Áureo Zegarra, a quien traicionó luego que el jurado electoral lo sacara de carrera en plena campaña por errores formales.

Aunque siempre apoyado económicamente por grandes corporaciones, Guzmán siempre negaba lo evidente, y señalaba que los aportes de militantes partidarios sustentaban su candidatura.

En tiempo récord formó otro partido, (Morado) en la que recolectó cerca de dos millones de firmas, para que en la depuración pueda pasar la valla de las 750 mil firmas y así inscribir a su organización.

Cuando le preguntaron por el origen de los fondos, siempre evasivo, decía que provenían de los aportes personales de los militantes. Esa inverosímil teoría, quería hacer creer que habían juntado más de un millón y medio de dólares para auspiciar su candidatura. Luego colocó bases y comités en casi todo el Perú, y sus principales dirigentes, seguían con el argumento falaz de la autofinanciación.

Esta semana Julio Guzmán tuvo sus dos primeros Waterloo. La verdad se abre paso. Ellos que dicen tener un “partido republicano” que defiende, supuestamente, el enfoque de género disfrazado de ideología de género, el matrimonio igualitario, y la defensa de la mujer, vieron estrellar sus palabras ante la cruda miseria.

Primero uno de sus máximos dirigentes y candidatos al Congreso, el General Daniel Mora, quien, entre otras perlas, “amorató” a su esposa, propinándole una cruel y abusiva paliza, hasta patearla en el piso, que originó que la anciana señora recurra a un abogado de oficio, para denunciar al matón del marido ante la comisaría.

Hecho que mereció la repulsa de toda la población. Luego se conoció este domingo en televisión abierta, como el propio Julio Guzmán se reunía, presuntamente con su querida, en un departamento miraflorino, engañando a su esposa, y luego que fortuitamente el recinto empezara a arder en llamas, el fogoso amante saliera despavorido del sitio, dejando abandonada a la mujer, exponiéndola al riesgo de morir quemada o asfixiada.

Atrás quedaron las poses de macho alfa primate que Guzmán hacía en los discursos de campaña ante sus files. Punto final, se acabó la farsa de Guzmán y sus moretones.

Candidato al Congreso por Alianza para el Progreso con el N° 1.