Fue una desgracia nacional que retrasó al agro por dos generaciones, señaló economista Carlos Adrianzén
Por: Valeria Ponce
El economista Carlos Adrianzén, natural de Ica, vivió en carne propia las consecuencias del Decreto Ley N.º 17716 promulgado el 24 de junio de 1969 por el general Juan Velasco Alvarado. A 57 años de aquel dispositivo, hace un balance sin concesiones: destrucción del agro, corrupción burocrática y una pobreza rural que tardó décadas en retroceder.
– A 57 años de su promulgación, ¿cómo evalúa el impacto de la Ley N.º 17716 en la economía agraria peruana?
Una fábrica de pobreza. Dejó postrada a la agricultura peruana en un nivel de pobreza nunca antes visto. Cuando maduró, a fines de los ochenta, el 80% de la gente en la zona rural estaba en situación de pobreza extrema. Una desgracia nacional llena de corrupción que descapitalizó y retrasó al agro por dos generaciones. Una desgracia desde el punto de vista político y económico; también una fábrica de corrupción. El producto per cápita agrícola peruano bajó de ser similar al de un neozelandés o un israelí, países que habían aplicado la segunda y tercera revolución industrial, a ser apenas la quinta parte de ese nivel.
– ¿La Reforma Agraria fue desde su origen una medida con fines políticos antes que económicos?
Se aplicó como una política agraria de corte político y sus efectos fueron destructivos, “el patrón no comerá más de tu pobreza”. Lo único que lograron fue que el burócrata comiera de la pobreza del agricultor, y hasta el día de hoy en la zona andina no recuperamos la destrucción que generó la Reforma Agraria. Fueron extremadamente ineficaces. Es popular decir «segunda reforma agraria», los jóvenes ya se olvidaron. Pero quienes pasaron toda su vida en pobreza creen que esa pobreza es parte de su condición, y esa pobreza fue generada por el minifundio y todas las barbaridades que se hicieron en esa época. Recuérdese las cooperativas.
– ¿Qué diferencia hay entre los modelos que propuso la izquierda en la época de Velasco y los que proponen hoy los partidos de izquierda, y por qué siguen insistiendo en ello?
En realidad, nadie sabe qué propone Perú Libre. En una campaña se habla de retórica; en los hechos se hacen leyes, reglamentos y cambios a los marcos legales que nadie conoce. […] Hasta ahora hay declaraciones retóricas con alguna que otra medida, como puede ser una reforma agraria, y supongo que eso implica una redistribución de propiedad, expropiación con costo social, impuesto financiero. Pero también en otros lugares del mundo, cuando se habla de reforma agraria, se habla justamente de todo lo contrario, de crear mercados de alquiler de tierra que hacen que el minifundio se reconcentre. Todo esto es esclavo de la retórica. Creo que ni ellos tienen la menor idea. Se siguen proponiendo los mismos modelos porque son astutos, porque están aprovechándose de la buena fe de la gente. Hay gente inocente que cree en eso.
Lee también:
Congreso da primer paso para incorporar delitos de lesa humanidad al Código Penal
– ¿Qué dejó la Reforma Agraria en el campo peruano después de Velasco?
El Perú se convirtió en la provincia más sangrienta de América Latina porque la gente vivía del agro y la Reforma Agraria mató al agro. El gran error de Belaunde y de García fue no hacer nada más que mantener la estructura política de subsidios y corrupción en el agro. Se regalaban cooperativas, se regalaban créditos, y ya había un mercado negro de estatalidad. Un escándalo de corrupción y la gente se moría de hambre. El 80% de la gente en extrema pobreza era del ámbito rural.
– ¿Cuál es la situación real del agro peruano hoy, y qué tan lejos estamos de lo que fue en la época de la Reforma Agraria?
Nunca en su vida ha tenido más créditos, nunca ha habido menos pobreza en las zonas rurales, nunca ha habido tanta exportación agrícola, y eso sin inversiones significativas en infraestructura, solo por cambio de reglas. Solo que cuando comenzaron a entrar gobiernos de izquierda en los últimos diez años, ya comenzó a renacer la pobreza. El Perú nunca ha exportado más alimentos que ahora, y eso es un hecho. El Perú siempre ha importado alimentos porque es un país pobre y subdesarrollado que no produce todo. Ahora se importan más alimentos que nunca, porque se ha vuelto un poco menos pobre. Posiblemente si volviésemos a ser pobres, la importación de alimentos bajaría porque la gente se moriría por falta de ellos. No quiero decir que eso vaya a pasar, pero en la época de Velasco la gente comía nicovita, que era comida para aves, para no morirse en la calle. Eso fue un crimen social que la izquierda ya olvidó.
— ¿Existe riesgo de que en algún momento vuelvan a repetirse los errores de la Reforma Agraria?
La Reforma Agraria es un tema demasiado importante porque se presenta como justiciera cuando fue, increíblemente, creadora de pobreza, desigualdad y corrupción. La pobreza rural en la sierra tiene como herencia el hecho de que el agroperuano se convirtió en un lugar de corrupción burocrática. Yo soy de Ica, en mi tierra casi dos tercios de la población se volvieron pobres con esa reforma irresponsable y corrupta. Tuve que salir de Ica por ella. Tengo conocimiento propio del asunto. Nunca en la historia del Perú habíamos crecido tanto, solo que en los últimos diez años nos hemos estancado: ya no crecemos, ya no invertimos.



