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    La trágica vida del hombre más desafortunado que haya existido en la historia

    Se trata del escritor Horacio Quiroga, protagonista de un existencia llena de tragedias que influyeron en su obra y lo llevaron al suicidio

    Si les parece que la vida hoy en día es basura pues no tienen idea cómo era el mundo hace unas décadas. La pobreza extrema era común, las condiciones sanitarias eran una constante amenaza y (lo peor de todo) no existía el Internet. Si querías saber qué temperatura hacía en China, pues tenías que viajar allí y meterle un termómetro en la boca a un chino.

    Horacio Quiroga (1878- 1973) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.​ Le tocó vivir todas las tragedias que podían acaecerle a un ser humano de la época.

    Era un chiquillo cuando su padre muere accidentalmente al escapársele un tiro de su arma de caza. Adelante, cuando él tenía 17 años su padrastro se suicidó al saberse dueño de una embolia cerebral, entonces una enfermedad incurable, evento que dejó marcas imborrables en el futuro escritor.

    Más muertes

    Luego, a los 24 años, mientras limpiaba el arma de un amigo, se le escapó un tiro que mató instantáneamente a su compañero Federico Ferrando. Fue arrestado pero lo liberaron tras cuatro días en prisión tras confirmarse la naturaleza accidental del suceso. Apenas un año antes de esta tragedia, dos de los hermanos de Quiroga habían muerto.

    En su adultez, su primera esposa se mata y su hija Eglé resulta asimismo suicida. A pesar de esto, Horacio creció como un niño normal, mostrando interés por la escritura desde que empezó sus estudios básicos.

    Por un tiempo se interesó por el ciclismo y la mecánica, pero su amor por la literatura lo arrastraba constantemente a sentarse frente a una máquina de escribir. A los diecinueve años comenzó a publicar sus historias cortas. A partir de ese momento se dedicó al periodismo.

    Su primer matrimonio

    Durante unos años pudo vivir cómodamente desarrollando su talento como escritor, visitando la selva como misionero y profesor de castellano enamorándose de una de sus estudiantes de la escuela británica, con la que se casó al poco tiempo.

    En 1908 se enamoró de Ana María Cires B., se vio obligado a rogar a los padres que les permitieran casarse. Finalmente aceptaron, la pareja se fue a vivir a la selva. Vivían en un terreno selvático que Horacio había adquirido ya que le encantaba el ambiente, allí nacieron sus dos hijos, una niña y un niño.

    Como todo sabemos, en donde reina lo salvaje no hay finales felices. Ana no estaba feliz de vivir allí, y decidió suicidarse en 1915.

    El autor decidió regresar a Buenos Aires con sus hijos; trabajó de secretario en el Consulado General uruguayo. En aquel tiempo, inspirado por el viaje transcendental a la selva, Quiroga produjo obras importantes, entre ellas: Cuentos de la Selva, publicada en 1918.

    Suicidio de su esposa

    La dura vida lejos de la civilización fue demasiado para Ana María, la esposa de Quiroga. Esta se suicidó tomando una fuerte dosis de sublimado corrosivo, químico utilizado para revelar fotografías. Su agonía duró varios días durante los cuales se arrepintió entre delirios, ante los aterrados miembros restantes de la familia.

    Desde 1,920, Horacio inició una racha de cuentos y novelas que más tarde serían consideradas como sus mejores obras, influyendo en el trabajo de muchos escritores latinoamericanos.

    Siete años después se volvió a casar con una joven de nombre Maria Elena Bravo y tuvieron una hija. Su separación coincidió con las dificultades de salud del escritor. Fue diagnosticado con cáncer de próstata terminal, luego de sufrir de unos intensos dolores por varios meses.

    Se autoelimina

    Desarrolló una vida dramática, siempre cercana a la estrechez económica, matrimonios conflictivos, experiencias con el hachís y el constante cerco del suicidio, alimentan su tarea cuentista. Horacio Quiroga muere en Buenos Aires el 19 de febrero de 1937 por ingestión de cianuro poco después de enterarse de que sufre de cáncer.

    Murió acompañado de un hombre con deformidades (parecidas a las del famoso Joseph Merrick) llamado Vicent Batistessa. Este se encontraba encerrado en el sótano del hospital, lejos de la vista de todos. Horacio tomó compasión de él exigiendo que fuera su compañero de cuarto.

    El legado de Horacio Quiroga es enorme. Conociendo su biografía se puede ver porqué. Apenas tomó pocos descansos de la escritura en el transcurso de su vida. Cada tragedia que le ocurría alteraba su estilo y, al mismo tiempo, inspiraba sus próximas historias.

    Una obra formidable

    Quiroga planeaba cuidadosamente sus relatos, los llevaba a momentos de gran intensidad y la culminación solía ser sorpresiva, como en los dos cuentos citados. Como nadie, dentro del mundo de habla hispana, y siguiendo el ejemplo de su maestro Edgar Allan Poe, teorizó sobre el texto corto y resumió sus ideas en una obra formidable: al final llamada Decálogo del perfecto cuentista. Diez recomendaciones magníficas para todo aquel que quiera adentrarse en los secretos de un género rico y maravilloso como el cuento.

    Su alma torturada se expresaba de manera espeluznante, dando como resultado unos cuentos de terror maravillosos. No se sorprendan si en los próximos años sale el trailer de «Quiroga: un muerto en vida».

    Se trata del escritor Horacio Quiroga, protagonista de un existencia llena de tragedias que influyeron en su obra y lo llevaron al suicidio

    Si les parece que la vida hoy en día es basura pues no tienen idea cómo era el mundo hace unas décadas. La pobreza extrema era común, las condiciones sanitarias eran una constante amenaza y (lo peor de todo) no existía el Internet. Si querías saber qué temperatura hacía en China, pues tenías que viajar allí y meterle un termómetro en la boca a un chino.

    Horacio Quiroga (1878- 1973) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, considerado uno de los maestros del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.​ Le tocó vivir todas las tragedias que podían acaecerle a un ser humano de la época.

    Era un chiquillo cuando su padre muere accidentalmente al escapársele un tiro de su arma de caza. Adelante, cuando él tenía 17 años su padrastro se suicidó al saberse dueño de una embolia cerebral, entonces una enfermedad incurable, evento que dejó marcas imborrables en el futuro escritor.

    Más muertes

    Luego, a los 24 años, mientras limpiaba el arma de un amigo, se le escapó un tiro que mató instantáneamente a su compañero Federico Ferrando. Fue arrestado pero lo liberaron tras cuatro días en prisión tras confirmarse la naturaleza accidental del suceso. Apenas un año antes de esta tragedia, dos de los hermanos de Quiroga habían muerto.

    En su adultez, su primera esposa se mata y su hija Eglé resulta asimismo suicida. A pesar de esto, Horacio creció como un niño normal, mostrando interés por la escritura desde que empezó sus estudios básicos.

    Por un tiempo se interesó por el ciclismo y la mecánica, pero su amor por la literatura lo arrastraba constantemente a sentarse frente a una máquina de escribir. A los diecinueve años comenzó a publicar sus historias cortas. A partir de ese momento se dedicó al periodismo.

    Su primer matrimonio

    Durante unos años pudo vivir cómodamente desarrollando su talento como escritor, visitando la selva como misionero y profesor de castellano enamorándose de una de sus estudiantes de la escuela británica, con la que se casó al poco tiempo.

    En 1908 se enamoró de Ana María Cires B., se vio obligado a rogar a los padres que les permitieran casarse. Finalmente aceptaron, la pareja se fue a vivir a la selva. Vivían en un terreno selvático que Horacio había adquirido ya que le encantaba el ambiente, allí nacieron sus dos hijos, una niña y un niño.

    Como todo sabemos, en donde reina lo salvaje no hay finales felices. Ana no estaba feliz de vivir allí, y decidió suicidarse en 1915.

    El autor decidió regresar a Buenos Aires con sus hijos; trabajó de secretario en el Consulado General uruguayo. En aquel tiempo, inspirado por el viaje transcendental a la selva, Quiroga produjo obras importantes, entre ellas: Cuentos de la Selva, publicada en 1918.

    Suicidio de su esposa

    La dura vida lejos de la civilización fue demasiado para Ana María, la esposa de Quiroga. Esta se suicidó tomando una fuerte dosis de sublimado corrosivo, químico utilizado para revelar fotografías. Su agonía duró varios días durante los cuales se arrepintió entre delirios, ante los aterrados miembros restantes de la familia.

    Desde 1,920, Horacio inició una racha de cuentos y novelas que más tarde serían consideradas como sus mejores obras, influyendo en el trabajo de muchos escritores latinoamericanos.

    Siete años después se volvió a casar con una joven de nombre Maria Elena Bravo y tuvieron una hija. Su separación coincidió con las dificultades de salud del escritor. Fue diagnosticado con cáncer de próstata terminal, luego de sufrir de unos intensos dolores por varios meses.

    Se autoelimina

    Desarrolló una vida dramática, siempre cercana a la estrechez económica, matrimonios conflictivos, experiencias con el hachís y el constante cerco del suicidio, alimentan su tarea cuentista. Horacio Quiroga muere en Buenos Aires el 19 de febrero de 1937 por ingestión de cianuro poco después de enterarse de que sufre de cáncer.

    Murió acompañado de un hombre con deformidades (parecidas a las del famoso Joseph Merrick) llamado Vicent Batistessa. Este se encontraba encerrado en el sótano del hospital, lejos de la vista de todos. Horacio tomó compasión de él exigiendo que fuera su compañero de cuarto.

    El legado de Horacio Quiroga es enorme. Conociendo su biografía se puede ver porqué. Apenas tomó pocos descansos de la escritura en el transcurso de su vida. Cada tragedia que le ocurría alteraba su estilo y, al mismo tiempo, inspiraba sus próximas historias.

    Una obra formidable

    Quiroga planeaba cuidadosamente sus relatos, los llevaba a momentos de gran intensidad y la culminación solía ser sorpresiva, como en los dos cuentos citados. Como nadie, dentro del mundo de habla hispana, y siguiendo el ejemplo de su maestro Edgar Allan Poe, teorizó sobre el texto corto y resumió sus ideas en una obra formidable: al final llamada Decálogo del perfecto cuentista. Diez recomendaciones magníficas para todo aquel que quiera adentrarse en los secretos de un género rico y maravilloso como el cuento.

    Su alma torturada se expresaba de manera espeluznante, dando como resultado unos cuentos de terror maravillosos. No se sorprendan si en los próximos años sale el trailer de «Quiroga: un muerto en vida».

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