Las corridas de toros y la decisión del Tribunal Constitucional

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Jorge B. Hugo Álvarez
Jorge B. Hugo Álvarez

Por: Jorge B. Hugo  Álvarez
Altamente sorprendido por las infortunadas declaraciones de nuestro laureado escritor: Mario Vargas Llosa quien, saludando efusivamente la decisión mayoritaria del Tribunal Constitucional que sentenció declarando constitucional la corrida de toros y las peleas de gallos, dijo: “Una corrida de toros es un escenario muy parecido a una sala de conciertos o al tablado de un ballet” (SIC): “(…) es un espectáculo que forma parte esencial de la cultura peruana desde que existe”.

Sorprende tan bellas declaraciones para un espectáculo tan sádico para gentes racionales que gozan del dolor y la agonía de seres no humanos que se resisten a morir. Eso dista mucho para un espíritu humano tan cultivado en la cultura por la paz. Entonces, esa línea cada vez más corta entre lo humano y lo no humano, cobran relevancias gigantescas por superar entre seres vivientes.

La muerte atroz de un ser no humano, no es arte. La crueldad es un espectáculo cultural primitivo o salvaje, pero nunca civilizado. El arte es la creación, la construcción, algo que eleva el espíritu y da vida, jamás las quita.

Eso explica las razones por la cual, la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, Educación y Cultura en 1980, se pronunció condenando estos espectáculos sangrientos considerándolo un arte banal de torturar y matar animales delante de un público ávido de adrenalina, crueldad y sadismo. Dejando en evidencia el estado de los neurópatas que ven en este espectáculo algo que desnaturaliza nuestra relación con el animal.

Lo sangriento y lo doloroso de estas faenas no pueden parificarse con el tablado de un ballet o el hermoso espectáculo de un concierto. En lo esencial, nuestra cultura ha evolucionado a niveles superiores de racionalidad. Entonces, en lo bello de nuestra civilización, nos permite cuestionar la moralidad de ciertas costumbres sangrientas y dolorosas para el animal.

El hombre tiene derecho frente a otro hombre (pares).El animal también. La cuestión está por determinar si la relación entre hombre-animal pasa por la muerte, el dolor o sufrimiento de éste último. Ya protegemos y sancionamos el maltrato animal como resultado de una larga evolución de lo salvaje a lo civilizado y porque le tocó vivir la barbarie de sus pares.

Es incuestionable, que todo animal se resiste a morir, igual que todo ser humano.  Tiene instinto de conservación, se reproduce, lucha y protege a sus críos, sufre si lo torturan, solloza, amamanta y da muestras de ternura a sus crías. Pues, también nacieron en libertad al igual que el ser humano. ¿Cuál es la diferencia? La inteligencia superior del hombre. Entonces, funda su derecho sobre el animal en su inteligencia superior. Lo cual lo hace sentir con derecho para matar y consumir.

Si, esto es así; entonces, todo otro ser superior en inteligencia al hombre (seres extraterrestres), tendría expedita su derecho a maltratar, herir o matar a cualquiera de nosotros y hacer parrilla de  Alan, Antauro o Vizcarra. Jamás el juego con derramamiento de sangre es arte.

(*)  Abogado-Analista Político