4 de abril de 2026

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Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / La cuarta revolución agrícola

Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**)

Las tecnologías de vanguardia están transformando profundamente el sector agrícola. Actualmente, en los países desarrollados, la agricultura difiere notablemente de la práctica de hace cuatro décadas. El entorno moderno incluye maquinaria autónoma, como tractores y cosechadoras guiados por sistemas de drones, cultivos genéticamente modificados para ofrecer resistencia a la sequía, suelos monitoreados en tiempo real mediante sensores interconectados a drones o satélites, y la implementación de granjas verticales dedicadas a la producción de hortalizas en ubicaciones urbanas.

Hace unos diez mil años, la agricultura comenzó de forma independiente en al menos once regiones distintas del mundo. Este desarrollo marcó una transformación esencial en la vida humana durante el Neolítico. La revolución agrícola británica (siglos XVIII-XIX) introdujo la rotación de cultivos cuatrienal, el cercado de campos, la mecanización inicial con arados de hierro y sembradoras, y el uso de fertilizantes como el guano de isla para aumentar la productividad. Todo ello propició el crecimiento demográfico y proporcionó la mano de obra y el capital para la Revolución Industrial. La segunda revolución agrícola, con la mecanización, semillas híbridas y fertilizantes sintéticos, triplicó la productividad de los cereales (durante la Revolución Verde, 1950-1980, evitó la hambruna en países como India y México). Entre 1990 y 2010, tuvo lugar la tercera revolución agrícola, también llamada Revolución Verde 2.0, que introdujo los cultivos mejorados genéticamente (OGM) gracias a avances en biotecnología e ingeniería genética. Estos desarrollos han permitido prácticas como la siembra directa o labranza cero. La cuarta revolución agrícola, conocida como Agricultura 4.0, utiliza digitalización, inteligencia artificial y edición genética avanzada. Para 2025, la combinación de IA, biotecnología y agricultura de precisión produce alimentos abundantes y económicos para 8,200 millones de personas, mientras reduce significativamente los requerimientos de agua, fertilizantes y plaguicidas.

Las tecnologías clave de la cuarta revolución agrícola (IA, robótica, edición genética, sensores IoT, big data, drones, agricultura vertical, etc.) tienen un origen mixto y secuencial, pero con un claro cambio de liderazgo en los últimos 15 años. Casi todas sus bases científicas nacieron en universidades públicas desde los años 1980-1990, pero la cuarta revolución agrícola como fenómeno global y comercial es liderada desde hace una década por el sector privado y los startups.

Hasta 2008-2010 el desarrollo de las principales tecnologías de la cuarta revolución se encontraba en las universidades públicas (especialmente las llamadas land-grant en EEUU, Wageningen en Países Bajos, Rothamsted en UK, INRAE en Francia, Japón y Australia). La investigación era financiada casi en su totalidad por los gobiernos y los resultados se transferían lentamente al sector privado. Sin embargo, entre 2011 y 2016 ocurre un punto de inflexión cuando los grupos de capital de riesgo comenzaron a invertir de manera masiva en agrotecnología. En 2024: EEUU (45%), Israel (12%), Países Bajos (10%) y China (8%).

Las grandes agroquímicas (Monsanto, Bayer, Syngenta, Du Pont) adquirieron startups en agricultura de precisión. Por ejemplo, The Climate Corporation comprada por Monsanto en 2013 y Blue River Technology adquirida por John Deere en 2017. A partir de 2017 el sector privado domina claramente el desarrollo de estas tecnologías concentrando el 80-90% de la I+D. Las universidades siguen siendo cruciales en la investigación básica (CRISPR, biología sintética, modelos climáticos), pero la velocidad de comercialización la señala el sector privado.

Una nueva tendencia que corre en paralelo a la cuarta revolución es el aumento en la profesionalización del agricultor. Cada vez se ve un mayor número de agricultores con un grado universitario más allá de una formación agrícola meramente vocacional. Así, por ejemplo, en Europa el porcentaje de agricultores u operadores de granjas con un grado de bachiller o superior promedia el 20-25% con picos de 30% en Alemania y 35% en Países Bajos (Eurostat 2020-2024). En Alemania este porcentaje alcanza el 40% en agricultores jóvenes (24 a 35 años). En EEUU el promedio nacional se encuentra también entre 20-25% con picos de 35% en Texas, 33% en Illinois y 32% en Iowa (Bureau of Labor Statistics).

Entre los avances más relevantes en biotecnología agrícola durante 2025 destacan la gestión de cultivos mediante IA, la edición genética potenciada por nuevos sistemas de administración como nanopartículas, la aplicación de insumos basados en el microbioma para optimizar la salud vegetal, el uso de biología sintética para incrementar la resiliencia de los cultivos y el desarrollo de variedades resistentes al clima a través del mejoramiento avanzado y la modificación genética. Estas innovaciones tienen como objetivo incrementar el rendimiento agrícola, disminuir el impacto ambiental y promover la sostenibilidad.

Junto a estos relatos de éxito surgen también interrogantes difíciles: ¿quién posee los datos que determinan qué, cuándo y cómo sembrar? ¿Estamos generando una brecha digital irreparable entre quienes pueden costear estas tecnologías y quienes se quedan atrás? El Perú enfrenta el desafío de no limitarse únicamente a actuar como proveedor de productos agrícolas tradicionales y de exportación, tales como espárragos, quinua, uva, palta y arándanos. Permanecer en este rol pasivo implica el riesgo de que grandes fondos de inversión extranjeros aprovechen las tierras peruanas para abastecer los mercados internacionales, relegando al país a una posición de simple abastecedor de materias primas sin valor agregado.

El Perú debe adoptar una estrategia nacional decidida que le permita incorporar la agrotecnología en el sector agrícola. Así podrá evitar la dependencia de inversiones externas y el estancamiento productivo; además podrá posicionarse como un actor activo y competitivo en la revolución agrícola global. La integración de tecnologías avanzadas y la profesionalización del sector son pasos clave para asegurar que el desarrollo agrícola beneficie realmente al país.

(*) Biólogo Molecular de Plantas y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

(**) Biólogo Molecular y Congresista de la República

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