Mascarillas, guantes, tubos, gel, ajo, jengibre, coca, opio

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Por: Federico Prieto Celi

Por: Federico Prieto Celi / Cuando se habla de comprar mascarillas, guantes, tubos, gel, ajo, jengibre, hoja de coca, eucalipto, hierbas, té verde, e inclusive orina de vaca con limón (en la India), con motivo de la Covid-19, el ciudadano que no es médico se queda confundido. Y más cuando es el Estado quien los fabricantes trabajan a destajo pero los productos salen defectuosos, lo que complica la venta y se cae fácilmente en la estafa; debe comprar esos utensilios al por mayor y repartirlos a los habitantes del país.

Hay circunstancias que explican esta confusión en la opinión pública: todavía no tenemos una vacuna para evitar el Covid-19 ni una medicina que cure la enfermedad: los expertos en infecciones no se ponen de acuerdo sobre el tratamiento debido a la sorpresa de la aparición de la pandemia; los gobiernos pugnan por comprar esos utensilios, pero el comercio internacional se ha vuelto salvaje y el tiburón grande se come al pez chico; los funcionarios corruptos buscan como medrar y los honrados como evitar acusaciones, juicios, injusticias y prisiones; los fabricantes trabajan a destajo pero los productos salen defectuosos, lo que complica la venta y se cae fácilmente en la estafa; si un director de hospital rechaza unos artefactos por defectuosos, el ministerio de Salud, en vez de solicitar a la fábrica que los reponga, despide al director y nombra a otro, sumiso; los ministros de Economía están dispuestos a todo pero el aparato productivo privado mira con horror al mediano plazo; el ciudadano quiere más que nunca que el gobierno acierte en las medidas y supere el desafío de salud lo más rápido posible; y los deudos de los fallecidos lloran sus muertos.

No hay que ponerse apocalípticos como los mormones, los adventistas o los testigos de Jehová, que ven en algunos acontecimientos la segunda venida de Cristo, ni tampoco preguntarnos dónde está Dios porque podemos responder con san Juan Pablo II que está clavado en la Cruz redimiendo por los pecados del mundo, sino rezar. Los norteamericanos, tan proclives a las encuestas, han encontrado que un 15% de ciudadanos que no rezaban antes han rezado por el fin del coronavirus; y entre los que se declaraban ateos o agnósticos, un 6% admiten haber rezado por esta causa. En cifras absolutas, serían 1,2 millones de adultos norteamericanos que han rezado declarándose incrédulos, ya que hay 230 millones de adultos en el país, de los que un 9% -unos 20 millones- se declaran ateos o agnósticos.

En cada país, se cuenta con algún gesto religioso, como el del presidente de Polonia que se arrodilla ante la Virgen María pidiendo por la salud de su pueblo o el del padre Guillermo Acosta Chihuahua, que desde sobrevuela en una avioneta la ciudad mexicana de Chihuahua con la custodia del Santísimo Sacramento y una imagen de la Virgen María, para impartir la bendición a una población preocupada por la epidemia del Covid-19, sin tener que mencionar las constantes bendiciones del papa Francisco. Pero en el Perú, el doctor Víctor Zamora, nuevo ministro de Salud, que reemplazó a la doctora Elizabeth Hinostroza, anunciado como un experto con 25 años trabajando en salud pública, de los cuales 10 fueron en el extranjero, cuando todo estaba listo para que desde el aire una imagen de la Virgen María bendijera Lima, se opuso y prohibió la iniciativa. Claro, es miembro de la Asociación de Ateos Peruanos y destacado directivo de la izquierda marxista, que declara que la religión es el opio del pueblo.

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