Muerte y desolación: cicatrices de la guerra entre Azerbaiyán y Armenia

Territorios recuperados por azeríes tras 28 años de ocupación parecen ‘ciudades fantasma’

por | Oct 20, 2021 | Internacional

Territorios recuperados por azeríes tras 28 años de ocupación parecen ‘ciudades fantasma’

Carlos Linares Huaringa

Muerte y desolación es lo que se percibe al recorrer la región de Karabaj, recuperada por Azerbaiyán en noviembre del 2020 tras permanecer 28 años bajo la ocupación de Armenia. La liberación de esta zona se produjo luego de una guerra de 44 días.

Las antiguas repúblicas soviéticas están ubicadas al sur del Cáucaso, entre Europa y Asia, y tienen como vecinos a Rusia, Georgia, Turquía e Irán.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce la soberanía azerí sobre este territorio, ubicado al oeste del país. Pese a ello, tras el colapso de la URSS, Armenia invadió militarmente Karabaj y siete distritos adyacentes en 1992 generando un millón de desplazados internos azerbaiyanos, quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares para salvar sus vidas.

Labores de desminado realizados por la Agencia de Acción contra las Minas de Azerbaiyán.

El clima de tensión y de enfrentamiento nunca cesó. Y luego de una ocupación armenia de 28 años, en noviembre del 2020 las fuerzas azeríes recuperaron los territorios en lo que se denomina la II Guerra de Karabaj.

De las ciudades existentes a inicios de los noventa no queda rastro. Lo que hoy se observa son las cicatrices del conflicto, el ensañamiento armenio con una región que asegura que es suya, pero que tras controlarla por casi tres décadas solo muestra la destrucción de todo vestigio de cultura y vida azerbaiyanas.

Minas y municiones halladas en el territorio recuperado.

Cientos de miles de minas sembradas en casi todo Karabaj, escombros de lo que antes fueron importantes urbes, edificaciones abandonadas, cementerios saqueados y patrimonio destruido es lo que se observa conforme se recorre la región.

ALERTA

El conflicto bélico, desarrollado entre el 27 de setiembre y el 10 de noviembre del 2020, costó la vida de más de seis mil personas de ambas nacionalidades, principalmente militares, y concluyó luego que Azerbaiyán y Armenia firmaran una Declaración Trilateral con la mediación de Moscú.

Guerra de 44 días permitió liberar la región de Karabaj y siete distritos adyacentes en noviembre del 2020.

A once meses de esta cruenta guerra, las alarmas siguen encendidas debido a esporádicos enfrentamientos entre soldados de ambos países ocurridos cerca de la frontera desde hace varias semanas. Karabaj se encuentra militarizada y el acceso es restringido.

Explosión controlada de mina en localidad de Fuzuli.

En medio de este clima de tensión, un equipo periodístico ingresa a la zona para conocer de primera mano los estragos del conflicto. Es la primera vez que periodistas peruanos recorren las localidades recuperadas de Fuzuli, Yabraíl, Shushá y Agdam, constatando, junto a colegas de Colombia, México y Costa Rica, que las secuelas de la ocupación aún siguen presentes.

FUZULI

Fuzuli se encuentra a 250 kilómetros de Bakú, la capital azerí, y el trayecto hacia dicha ciudad solo es una antesala del escenario devastador que envuelve a todas las localidades que forman parte de los territorios afectados por el conflicto.

Personal de la Agencia de Acción contra las Minas de Azerbaiyán (ANAMA por sus siglas en inglés) se encarga del proceso de desminado, que se lleva a cabo de manera manual, mecánica y con la ayuda de perros especialmente entrenados.

Esta acción se replica en todos los sitios liberados, donde cintas y letreros advierten del peligro de transitar más allá de los límites establecidos. Se trata de la limpieza de un territorio de 10 mil kilómetros cuadrados, equivalente a la superficie de países como Líbano o Jamaica.

Letreros que advierten sobre las minas y municiones existentes en todo el territorio recuperado.

Para hacernos una idea de la amenaza latente, solo en una semana, ANAMA encontró 164 minas antipersonas, 72 minas antitanques y 235 piezas de artillería sin explotar en los territorios de Tartar, Agdam, Fuzuli, Shushá, Yabraíl y Zangilán.

El personal de ANAMA muestra las minas halladas, así como los proyectiles y municiones usados por las fuerzas armenias y que quedaron diseminados por todo el terreno.

Escombros del monumento conmemorativo de las olimpiadas de la URSS.

El equipo periodístico observa el proceso de desactivación. La explosión de una de ellas deja en claro su capacidad de destrucción. Y no es para menos. Más de 100 ciudadanos azerbaiyanos murieron y muchos más quedaron heridos debido a la detonación de estos dispositivos luego que se firmara la Declaración Trilateral el 10 de noviembre del 2020.

Pese al peligro que representan, la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, Leyla Abdullayeva, señala que Armenia se niega a proporcionar los mapas con la ubicación exacta de las minas. El gobierno azerbaiyano exige que la comunidad internacional obligue a Ereván a proporcionarlos.

Azerbaiyán y Armenia están ubicadas al sur del Cáucaso, entre Europa y Asia.

YABRAÍL

Conforme nos internamos en la zona recuperada, el panorama desolador se convierte en una marca indeleble de nuestro recorrido. A ambos lados de la carretera aún se puede observar tanques y pertrechos militares abandonados o despedazados hace solo unos meses.

Tanque abandonado al lado de la carretera rumbo a la ciudad de Yabraíl.

En Yabraíl, localidad ubicada al sur del país y que limita con Irán, observamos una ciudad en ruinas en la que se puede constatar el daño perpetrado a las viviendas y el patrimonio. No hay casas en pie y saltan a la vista los escombros del monumento conmemorativo de las olimpiadas de la URSS y de lo que en su momento fue la muralla dedicada al triunfo de las quince Repúblicas Soviéticas en la Segunda Guerra Mundial.

Recorrer la zona implica caminar entre los restos de una urbe arrasada por la guerra. El crujir de las pisadas sobre el pasto seco y la tierra es lo único que se escucha mientras las miradas registran la devastación.

El cementerio de Yabraíl muestra el saqueo y vandalismo sufrido durante la ocupación.

El cementerio de la localidad muestra el saqueo y vandalismo que han sufrido los nichos y urnas durante la ocupación en búsqueda de objetos de valor: desde las alhajas con las que los fallecidos fueron inhumados hasta los dientes de oro.

Sin embargo, en medio de la desesperanza, un nicho ya sin nombre, como todos los demás, llama la atención. Es el único en este mar de escombros que posee flores de temporada y la foto de un militar azerbaiyano, como si tratara de marcar el inicio de una nueva etapa post conflicto.

Único nicho con flores y foto de un militar azerbaiyano en medio de un mar de escombros.

SHUSHÁ

El ingreso a Shushá se produjo al anochecer, lo que contribuyó a generarle una imagen de ‘pueblo fantasma’ ya que las calles vacías y oscuras son flanqueadas por edificaciones abandonadas de cuatro o cinco pisos, semidestruidas, sin lunas ni puertas debido a las explosiones.

Los innumerables impactos de bala en sus fachadas son el testimonio vivo de lo que fue el encarnizado enfrentamiento en las diferentes calles de la ciudad.

Las autoridades azerbaiyanas indican que en Shushá las construcciones no fueron convertidas en polvo debido a que la operación militar de recuperación se desarrolló de manera sorpresiva, sin darle tiempo al invasor de acabar con ellas.

Tras la liberación de territorios, algunos de estos inmuebles fueron refaccionados para ser usados como bloques de vivienda temporal por los militares asignados al lugar y por los trabajadores encargados del proceso de reconstrucción. Solo estas estructuras y algunas calles circundantes cuentan con energía y se ven como islas de luz en medio de un océano de oscuridad.

Edificios y casas abandonadas en Shushá, considerada una ciudad fantasma.

De día el panorama no varía mucho. Por las calles, casi siempre vacías, solo se observa -de tanto en tanto- a soldados fuertemente armados y grupos de trabajadores a cargo de alguna obra. La tranquilidad de las vías solo se ve interrumpida por el ruido de maquinaria de construcción o el motor de algún vehículo militar que se encuentra patrullando.

Visitamos lo que queda del Palacio de Khurshidbanu Natavan, la hija del Kan (término que hace referencia al gobernante de la región), un monumento histórico y arquitectónico del siglo XVIII, que hoy parece haber sido el epicentro de un terremoto. El monumento a la poetisa azerí, ubicado a solo unos metros de lo que fuera una casa residencial, muestra un fuerte daño a su estructura, huellas de la destrucción cometida por los armenios durante el periodo de ocupación.

Ruinas del Palacio de Khurshidbanu Natavan, la hija del Kan de Karabaj, en Shushá.

Del Palacio de tres pisos solo resisten en pie algunas paredes ya sin techo, rodeadas de vegetación silvestre.

La Mezquita Yukhari Govhar Agha, ubicada cerca de la residencia de la hija del Kan, mantiene su estructura, aunque evidentemente deteriorada.

GANJÁ

Pero el terror de la guerra no solo azotó la región de Karabaj y ciudades adyacentes. A cien kilómetros de ahí se encuentra la segunda urbe más importante de Azerbaiyán, Ganjá, que tiene más de 330 mil habitantes.

Durante la segunda guerra de Karabaj, varios misiles balísticos lanzados por Armenia cayeron en dicha localidad, matando a 32 personas, hiriendo a cientos y destruyendo decenas de edificios y casas. Solo la noche del 11 de octubre del 2020, en medio de una tregua, el bombardeo armenio mató a 13 civiles, dejó 45 heridos y destrozó varias viviendas.

Diez misiles balísticos lanzados por Armenia cayeron en la ciudad de Ganjá, matando a 32 personas, hiriendo a cientos y destruyendo 20 edificios y decenas de casas.

La ‘zona cero’ del impacto de aquel misil sigue el día de hoy mostrando los efectos del terror. Un forado de diez metros de diámetro y más de dos de profundidad solo es el punto de partida para la destrucción y la muerte. A su alrededor se observa más de una decena de viviendas derruidas, con paredes sin techo, ladrillos y escombros desperdigados por todo el bloque urbano.

El lugar muestra a un lado las fotos de las víctimas mortales de los bombardeos en Ganjá, entre los que se observa a niños y bebés. A escasos metros, hay flores dejadas en el suelo, en recuerdo a los que consideran mártires de la guerra.

La zona está flanqueada por edificios tradicionales y modernos y un extenso y tranquilo parque que permite la contemplación del horror y entender la importancia de mantener la paz.

AGDAM

La ciudad de Agdam fue considerada por la prensa extranjera como la ‘Hiroshima del Cáucaso’ debido al nivel de destrucción al que se llegó durante la ocupación armenia.

La ciudad de Agdam fue considerada como la ‘Hiroshima del Cáucaso’ debido al nivel de destrucción al que se llegó.

De los monumentos históricos y culturales apenas queda rastro. Lo mismo ocurre con las viviendas debido a la política de tierra arrasada aplicada por el vecino invasor.

Si una palabra puede describir lo observado es devastación. Una mirada elevada solo muestra el horror del conflicto en 360 grados, escombros hasta donde alcanza la vista.

No por nada, Agdam está considerada como una de las ‘ciudades fantasma’ más grandes del mundo.

En Agdam solo se observa devastación debido a política de tierra arrasada aplicada por fuerzas armenias.

El impactante recorrido por la localidad ubicada al este de Karabaj y que tiene gran parte de su territorio minado, nos lleva hasta lo que fuera el Museo del Pan y el Museo Etnográfico, hoy convertidos en ruinas. Solo algunos pedazos de construcción se resisten a caer.

La Gran Mezquita, que data de 1868, es lo único que se mantiene en pie, aunque en muy mal estado. La razón de que no haya sido destruida radica en que sus torres eran usadas como puesto de vigilancia por las fuerzas armenias.

Otra de las estructuras histórico-arquitectónicas de Agdam es el palacio del siglo XVIII de Panahali Kan, el fundador del Kanato de Karabaj, que fue vandalizado y utilizado como establo.

Restos de lo que fuera el Teatro de Arte Dramático de Agdam y otros patrimonios históricos.

La aridez de la tierra es un elemento más dentro del cuadro desolador que el conflicto se ha encargado de pintar en el lugar. El silencio es acompañado, más no interrumpido, por ráfagas de viento que, aunque refrescan, no aplacan los más de 30 grados de temperatura que el verano boreal ha mantenido en esta región durante la visita.

RECONSTRUCCIÓN

Azerbaiyán prevé desminar y reconstruir Agdam en un plazo de diez a 15 años y con una inversión superior a los US$ 15 mil millones, señala Bashir Hajiyev, vocero del gobierno de Ilham Aliyev en la zona. Se prevé erigir una ciudad moderna y el retorno de más de 200 mil desplazados una vez que la seguridad esté garantizada.

El proceso de reconstrucción aplicado para todo Karabaj ya inició. Desde la recuperación de territorios se dispuso que la construcción de carreteras avance de manera simultánea a la instalación de torres de energía eléctrica.

El objetivo es unir Bakú y otras importantes ciudades con las zonas más distantes de Karabaj. Recientemente se inauguró un aeropuerto en Fuzuli y se prevé la construcción de zonas industriales y de vivienda en las otras localidades. Los proyectos están supeditados al avance del desminado, por lo que este tema es medular para Azerbaiyán.

Elnur Mammadov, vicecanciller de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán.

Sobre el sembrado de las minas por parte de Armenia, Elnur Mammadov, vicecanciller de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán, señaló que acudirán al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

KHANKENDI

Al sur de Shushá se encuentra la llanura Jidir Duzu o llanura de los caballos, en referencia a la tradición de realizar juegos de carreras hípicas desde la época del Kanato de Karabaj.

El caballo Karabaj está considerado por los expertos como una de las seis mejores castas, además de ser una de las más antiguas del mundo.

Vista de la ciudad de Khankendi de Azerbaiyán, desde la llanura Jidir Duzu, en Shushá.

Desde esta explanada natural, que se ubica a 1800 m.s.n.m. y que está rodeada de montañas escarpadas, se puede observar a 10 kilómetros de distancia y 200 metros más abajo Khankendi (Stepanakert en armenio), la ciudad azerbaiyana poblada por armenios que se conecta a Ereván a través de un corredor cuya vigilancia está a cargo de las fuerzas de paz rusas.

Azerbaiyán exige a Armenia abandonar su política de agresión, reconocer la integridad territorial azerí, comprometerse a la demarcación de fronteras y aceptar la propuesta de firmar un acuerdo definitivo de paz.

Khankendi se conecta a Armenia a través de un corredor cuya vigilancia está a cargo de fuerzas rusas de paz.

La presencia de los militares rusos busca que se respete el cese de hostilidades entre los adversarios. Sin embargo, desde hace varias semanas han recrudecido enfrentamientos entre ambos bandos, y se teme que en algún momento se produzca una fuerte escalada militar.

A once meses del alto al fuego, se hace vital garantizar la paz. No se puede seguir respirando muerte y desolación en esta zona del Cáucaso.


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