No es una virilidad simulada

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Por: Javier Valler Riestra/El general Juan Francisco Vidal La Hoz (1801-1863)
Por: Javier Valler Riestra

POR: JAVIER VALLE RIESTRA

No. El Apra no devendrá una doctrina eunucoide jactanciosa de una virilidad simulada. No; el Apra no está castrada por el pleito homenaje de los vencidos. El Apra seguirá siendo, mientras no llegue al poder, cristianismo de catacumba y no catolicismo que pacta con Emperadores.

El Apra debe hacer crujir los dientes de los prevaricadores, de los ladrones de fondos públicos, de los derechistas mafiosos, de los militaristas responsables de crímenes contra la Democracia. No. No venimos a vender indulgencias plenarias. No venimos a amnistiar canallas. No venimos a traer la paz ni a blanquear sepulcros. Venimos a dar guerra y a echar fariseos.

Queremos un país limpio. Queremos un país libre. Queremos un país sano. Un país moderno. Queremos acabar con los apóstatas que se disfrazan de apóstoles para predicar un evangelio pseudo-izquierdista luego de mil abjuraciones en orgías paganas con la burguesía decadente. No queremos ensayos socioeconómicos a costa del pueblo. No queremos perfeccionar la obra de Velasco ni focepizar al país.

Queremos hacer aprismo y eso comienza por la toma de conciencia de nuestro espacio y de nuestro tiempo. Somos un país sateloide; un distrito del mundo; aprovechemos en bien de los pueblos lo que de positivo exista en ese mundo imperfecto; controlemos lo negativo, enervémoslo.

Las grandes masas esperan de sus nuevos conductores la verdad que siempre les dijo Haya. Y la verdad, sin academismos ni retórica, es que los peruanos de hoy quieren libertades, trabajo, comida, colegios, servicios comunales. No hay hombre si hay hambre. Y no hay líder si no hay presente que se conjugue con un pasado. Si no hay consecuencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se piensa.

Pero, eso sí, muerto Haya, ¡unión! Porque sino la anarquía nos puede devorar y un APRA hecha jirones sería la mejor carta de quienes no nos pudieron vencer estando presente Haya. Nadie vale nada políticamente desertando del APRA.

El aprista que se va por despecho o soberbia luzbeliana termina con el estigma cainita de los renegados; de aquellos que cuelgan la sotana o la garnacha. Unión. Respecto a las autoridades constituidas del APRA. Sí. Con la misma argumentación con que San Pablo reclamaba esa obediencia para las autoridades temporales.

No se autosobrevalorice nadie. Los aplausos del aula magna se volatizan si uno defecciona. Se apagan las marquesinas. Se desmonta el retablo y el silencio cunde en torno al ovacionado ayer. Tenemos un deber sagrado para con nuestros miles de muertos. Para aquellos que murieron víctimas de las tiranías.