Perú, País de la Informalidad

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Azi Wolfenson
Azi Wolfenson

Por: Azi Wolfenson / El Perú, a través de su historia, ha sido definido de múltiples maneras; cada cual más acertada y dependiendo de la época. Creo que la actual nos define desde hace años como el País de la Informalidad.

No lo digo solamente porque el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), afirma que el empleo formal en el país se mantiene en 27,4% a nivel nacional, mientras que el empleo informal se ubica en 72,6%, sino porque más nos preocupamos en “patentar” la típica “hora peruana” – que es llegar siempre tarde a nuestras citas – que impulsar, por ejemplo, el pisco y el pisco sour como peruanos a nivel mundial.

Y somos informales porque nos estacionamos en segunda fila o en lugares prohibidos. Lo somos cuando insistimos en cruzar las pistas a mitad de la calle en vez de las esquinas y, lo seguimos siendo, cuando en las carreteras en lugar de conservar la derecha manejamos por la izquierda. Y también cuando aceleramos cuando otro auto trata de pasarnos. En fin, puedo seguir con la lista.

Los gobernantes de turno, salvo una honrosa excepción, nunca trataron de enmendar estas costumbres. Y lo más triste ha sido ignorar a nuestros trabajadores informales. Se les pudo, siempre, incorporar a la formalidad, pero no se ha hecho ningún esfuerzo que yo conozca. Y los informales son gente honesta y trabajadora que labora sin horarios para sostener a sus familias, encontrándose con una barrera gubernamental que les dificulta su trabajo en lugar de apoyarlo.

Esta falta de apoyo es característica de una izquierda que se nutre de los votos de los más pobres, ofreciéndoles promesas que nunca cumplen para – como decía la primer ministra inglesa Margareth Tatcher – “hacer crecer el número de pobres para obtener más votos en las elecciones”.

Para que un informal constituya su empresa (sinónimo de pasar a la formalidad) la cantidad de trámites burocráticos y engorros papeleos es tan agobiante, que termina por desanimar a cualquier emprendedor. En otros países, y lo digo por experiencia propia, simplemente se va donde la oficina de registros, se indica el propósito de la empresa, el capital (que puede ser mínimo) y el nombre que se desea dar. El funcionario consulta si existe el nombre en el país y de no ser así a las 24 horas queda constituida la empresa.

En el Perú la cantidad de trámites obliga a “convencer” a diferentes funcionarios para que se agilice el trámite que en lugar de 24 horas demora a veces meses y desanima al más entusiasta. Y ahora, para agravar el panorama del actual gobierno, en lugar de velar por la mayoría de la población y analizar con seriedad las medidas a aplicar frente a la pandemia, simplemente dicta normas que no tienen nada que ver con nuestra realidad y termina colocándonos como el país que peor ha manejado esta crisis sanitaria en el mundo.

No se trata de señalar culpables ni buscar chivos expiatorios, sino de encontrar una solución a los gravísimos problemas que enfrentamos. Para ello es necesario convocar a especialistas sanitarios y a expertos economistas para rescatar a nuestro país de esta crisis sin precedentes, tomando decisiones de sentido común. Si el gobierno no las encuentra o no se siente capaz de encontrarlas y aplicarlas, debería dar un paso al costado. No creo que eso sea necesario porque soluciones existen y gente inteligente capaz de aplicarlas, también.